Capítulo 40 

“Yo Soy” — Como las Palabras de Jehová 

En el capítulo anterior fue presentada la evidencia de que en Juan 8:58 Jesús afirmó ser eterno.  Este hecho solo es suficiente para probar que la declaración de Jesús implica una afirmación de ser Jehová, el único Dios verdadero.  Aún si Juan 8:58 no pudiera ser mostrado que refleja o alude a alguno de los pasajes del Antiguo Testamento en absoluto, permanecerá como un texto de prueba para la deidad absoluta de Cristo.

No obstante, hay pasajes en el Antiguo Testamento los cuales creen muchos eruditos Bíblicos son significativos para apreciar plenamente las palabras de Jesús en Juan 8:58.  En este capítulo discutiremos lo más importante de estos pasajes.  

Juan 8:58 y el Salmo 90:2 

Que el contraste entre eimi y genesthai en Juan 8:58 tiene la intención de expresar un contraste entre el origen creado y le existencia increada recibe confirmación impresionante por la declaración paralela en la traducción Septuaginta del Salmo 90:2 (traduciendo literalmente):  “Antes (pro) que los montes fueran traídos a la existencia [genethenai] ... desde la eternidad y hasta la eternidad, tu eres [su ei]”.  Los paralelos entre este pasaje y Juan 8:58 son extraordinarios.

La palabra pro, como prin, significa “antes”, y algunos manuscritos de la Septuaginta ciertamente tienen prin en lugar de pro.1  El verbo introducido por estas preposiciones en ambos casos es ginomai:  en el Salmo 90:2 genethenai es el infinitivo aorista pasivo de ginomai, mientras que en Juan 8:58 genesthai es el infinitivo aorista activo.  Por supuesto, el uso de la voz activa en lugar de la voz pasiva, no afecta el paralelo entre los dos pasajes en términos del contraste creado-eterno.  Estas frases del infinitivo aorista son colocadas entonces en contraste la cláusula principal del presente indicativo en cada caso:  En el Salmo 90:2 LXX es su ei, mientras que en Juan 8:58 es ego eimi.  Estas dos cláusulas son idénticas en términos y significado excepto por el hecho de la primera es segunda persona mientras que la ultima es primera persona; y nuevamente, esta diferencia no afecta el paralelo en cuestión.

De esta manera, las formas tiempo-modo son idénticas, la relación sintáctica entre los dos verbos en cada pasaje son idénticas, y los verbos mismos usados en cada pasaje son idénticos.   En otras palabras, es como si Juan (citando las palabras de Jesús en Griego) hubiera tomado las palabras que vienen al caso del Salmo 90:2 LXX, quizás substituyó prin por pro, reemplazó “los montes” con “Abraham”, y cambió su ei de la segunda persona a la primera persona y genethenai de pasivo a activo.  Uno difícilmente podría pedir un paralelo más excelente,  a no ser que el pasaje mismo fuera realmente citado.  En vista del paralelo en cuestión es fundamentalmente uno de tiempo (en vista de que el asunto es el significado en relación al tiempo del tiempo presente de eimi en Juan 8:58), y en vista de que ninguna de las diferencias entre los dos pasajes afecta ese paralelo, parecería seguro concluir que eimi tiene la misma fuerza en Juan 8:58 que ei tiene en el Salmo 90:2 LXX.  En el Salmo 90:2, la Septuaginta traduciendo su ei  claramente tiene la intención de afirmar la preexistencia eterna de Yavéh en contraste al origen creado de los montes.  Que este pasaje, aún en su forma Hebrea, enseña la eternidad de Yavéh ha sido advertido frecuentemente por los mismos TJ en sus publicaciones.2  Entonces, para ser consistentes, tendrían que admitir que Juan 8:58 afirma también de manera clarísima la eternidad de Jesús.

Una vez mas, debe ser entendido que la posición tomada aquí no es original.  Una multitud de eruditos han reconocido el paralelo entre el Salmo 90:2 LXX y Juan 8:58 y anotado su significancia como confirmando que las palabras de Jesús connotan eternidad.  Entre estos deberían ser mencionados Barnes, Barrett, Brown, Bultmann, Godet, Hengstenberg, Hoskyns, Lindars, Milligan y Multon, Plummer, Robertson, Schnackenburg, y Winer.3  Ningún erudito conocido jamás ha refutado el paralelo o negado que esto confirmó la interpretación tradicional.  A no ser que algunos consideraciones importantes hayan sido pasadas por alto, esta conclusión exegética pareciera estar tan bien establecida como cualquiera pudiera serlo.

Un contra-argumento que los TJ han ofrecido en este asunto es que la traducción LXX no es una traducción literal del Hebreo, en la cual se lee, “tú eres Dios”, antes que el predicado absoluto “tú eres”.4  De esta manera, es afirmado que el hecho de que la LXX tiene su ei en lugar de su ei theos descarta el uso del Salmo 90:2 como un paralelo a Juan 8:58.

Puede ser admitido libremente que su ei no es una traducción literal de la cláusula final del texto Hebreo del Salmo 90:2.  No obstante, la razón de esa premisa para la conclusión de que el Salmo 90:2 es irrelevante a Juan 8:58 requiere una premisa adicional:  a saber, para que dos pasajes sean paralelos deben ser idénticos, lo cual es falaz y engañoso.  Realmente, el Nuevo Testamento cita frecuente y libremente de la LXX en lugares donde aún es menos una traducción literal del Hebreo que el Salmo 90:2, y en otros lugares cita el Antiguo Testamento en una forma que ni se iguala exactamente ya sea el texto Hebreo o a la LXX (compare, por ejemplo, el Salmo 8:5 con Heb. 2:7; Sal. 68:18 con Ef. 4:8).5  Mas importante, ni aún está siendo afirmado que Juan 8:58 cita el Salmo 90:2; todo lo que está siendo afirmado es que los dos pasajes son paralelos en su uso de un contraste entre las formas de eimi y genesthai para connotar un contraste entre existencia temporal y existencia eterna.  Esto sería así, aún si el Salmo 90:2 LXX no estuvieran en la Biblia en absoluto, pero era un pedazo de Griego extrabíblico (aunque el hecho de eso es que el Griego de la LXX fortalece el caso).  Es el paralelo sintáctico y gramatical entre los dos pasajes el asunto en este caso — nada mas.

Que el razonamiento de los TJ está sin substancia puede ser visto además en el hecho de que la diferencia entre el Hebreo “Tú eres Dios” y el Griego “Tú eres” es muy leve.  Por medio de usar el complemento predicado “Dios”, el Hebreo enfatiza el hecho de que Yavéh no sólo ha existido eternamente, sino que ha existido eternamente como Dios.  Pero en vista de que la LXX enfatiza la inmutabilidad de Yavéh mientras reconoce en otra parte que Yavéh es Dios, es evidente que la traducción de la LXX en el final significa la misma cosa como el Hebreo original. 

Juan 8:58 y “Yo Soy” en Isaías  

Entre los eruditos Bíblicos un consenso creciente se ha formado detrás de la opinión de que Juan 8:58 hace eco a las declaraciones de “Yo soy” de Yavéh en Isaías 40-55.  La TNM obscurece los paralelos en Isaías por medio de traducirlos “soy lo mismo” o “yo soy el Mismo”; pero el Hebreo en cada caso se lee sencillamente ANI HU (literalmente, “Yo [soy] él”), que la LXX vierte como ego eimi (Isa. 41:4; 43:10; 46:4; 52:6 [Biblia de las Américas]; compárese con Dt. 32:39).  Las palabras ani hu, a diferencia de ehyeh en Exodo 3:14 (van a ser discutidas más adelante en este capítulo), no son usadas en Isaías como un título.  Además, hay evidencia para demostrar que en el Judaísmo de los días de Jesús estas palabras fueron usadas algunas veces como substitutos para el mismo nombre divino Yavéh, en particular en la Fiesta de los Tabernáculos, de la cual Juan 7:2 fue aparentemente la ocasión de los decires de Cristo de “Yo soy” en Juan 8.  Esto sugiere que la razón para la ira de los Judíos en el uso absoluto de Jesús de la expresión ego eimi fue que en esa ocasión su lenguaje era instantáneamente reconocible como ese de Yavéh.

Una vez mas, un gran número de eruditos Bíblicos han defendido esta conclusión, y muy pocos la niegan.6  La sola objeción ofrecida por los TJ es que David dijo ani hu en 1 Crónicas 21:17,7 una objeción que falla en anotar que el uso de David de la frase es totalmente no teológica.  Los TJ también pudieran argumentar que el uso de Jesús de ego eimi en Juan 8:58 significa nada mas que “soy Yo”, en vista de que este es su significado de los labios del ciego en Juan 9:9.  El único erudito Bíblico conocido por este autor que disputa la conexión entre Juan e Isaías es Joseph Crehan, quien argumenta por una estrecha conexión con Exodo 3:14 en lugar de eso.

Tales consideraciones como estas han llevado a la mayoría de los eruditos a concluir que el antecedente del Antiguo Testamento mas ajustado a Juan 8:58 debe ser encontrado en los decires de “Yo soy” de Isaías.  Si esto es correcto, no puede ser evitada la conclusión de que Jesús estaba afirmando ser Yavéh.  Notable en esta luz es Isaías 45:18, donde Dios dice, “Yo soy Jehová” (Hebreo, ani hu yhwh), y la LXX lo traduce sencillamente por el predicado absoluto ego eimi.  La LXX es también relevante en su traducción de Exodo 3:14, a lo cual nos dirigimos ahora.  

Juan 8:58 y Exodo 3:14  

En la apologética evangélica popular, ha sido común para los Cristianos argumentar la deidad de Cristo desde Juan 8:58 por medio de simplemente conectar ese pasaje con Exodo 3:14, donde, en la mayoría de las traducciones, Yavéh dice a Moisés que su nombre es “Yo Soy”.  Es esta conexión con Exodo 3:14, por encima de cualquier otra, que los TJ desean evitar en su interpretación de Juan 8:58, en vista de que están entregados a negar que Jesús es Jehová.  Ciertamente, parece muy probable que la traducción “Yo he sido” en la TNM fue escogida porque evita cualquier asociación de Juan 8:58 con Exodo 3:14.  Por tanto, los  TJ han dado especial atención a negar cualquier conexión entre los dos pasajes.9 

No obstante, no es muy importante si tal conexión puede ser establecida.  Aún si Exodo 3:14 no estuviera en absoluto en la Biblia, Juan 8:58 se colocaría sobre sí mismo como una afirmación de la eternidad de Cristo, como la discusión precedente ha buscado demostrar (¡quizás hasta el grado de excederse!)  Si Cristo es eterno e increado, entonces él es Yavéh, porque solamente Yavéh es eterno e increado.  Por tanto, no es absolutamente necesario para los Cristianos probar alguna conexión en absoluto entre Juan 8:58 y Exodo 3:14 para usar Juan 8:58 como un texto de prueba para la deidad de Cristo.  Por ejemplo, los padres de la iglesia primitiva, como regla, no apelaron a Exodo 3:14 para explicar Juan 8:58, sino que más bien enfatizaron el contraste entre genesthai y eimi como indicando eternidad.  Esto no quiere decir que la iglesia primitiva no notó la conexión, o que la conexión es inválida; sino que sugiere que menos énfasis debería ser colocado en Exodo 3:14 en la interpretación de Juan 8:58 que usualmente es el caso en la defensa evangélica de la deidad de Cristo.

Por otro lado, claro está, es absolutamente necesario para el TJ desestimar cualquier conexión.  Aún si los TJ de Jehová están en lo correcto en la negación de la conexión, aunque su caso no puede ser establecido sin también demostrar que Juan 8:58 no necesita ser interpretado como una afirmación de eternidad para la parte de Cristo.

Los TJ han ofrecido los siguientes argumentos contra tomar Juan 8:58 como una afirmación por parte de Jesús de ser el “Yo Soy” de Exodo 3:14 y por tanto, Yavéh:  

1. Jesús estaba hablando de su preexistencia, no de su identidad; la cuestión era cuándo fue él, no quién era él.

2. En Juan 8:58 ego eimi no es un título, como lo es ehyeh en Exodo 3:14.

3. La traducción de la Septuaginta de ehyeh (usualmente traducida “Yo Soy” en las traducciones Españolas) no es ego eimi, sino ho on.

4. El significado del Hebreo ehyeh  no es “Yo Soy”, sino “Yo seré” o “Yo probaré ser”.

5. Varios eruditos Bíblicos respetables niegan cualquier conexión entre Juan 8:58 y Exodo 3:14.  

Una examinación de cada uno de estos argumentos mostrará que ninguno de ellos desaprueba decisivamente que Jesús estaba afirmando ser Aquel que habló a Moisés en Exodo 3:14.

Nelson Herle parece haber introducido a los TJ el argumento de que en Juan 8:58 Jesús “solamente revela cuándo estuvo vivo, en algún momento antes de Abraham, no quién era él”,10 aunque un comentarista en el siglo diecinueve, Olshausen, hizo un argumento similar.11  (Olshausen, aunque estuvo de acuerdo en que Jesús estaba afirmando ser el Dios eterno, increado; simplemente negó que Exodo 3:14 era relevante a la exégesis del pasaje).  El argumento ha sido repetido recientemente en la literatura de la Torre del Vigía.12  No obstante, un estudio cuidadoso del contexto muestra que Jesús, en efecto, estaba discutiendo su identidad.  Ya ha sido anotado al final del último capítulo que el tema a la mano era la extraordinaria afirmación de Jesús  de una relación única con Dios como su Hijo.  Todo el pasaje consiste de una serie de discusiones de la identidad de Jesús.  Verdaderamente, tanto es este el caso que C.K. Barrett, en su comentario sobre Juan, lo título Juan 8:12-59 “¿Quién es Jesús?”13 

El pasaje empieza con una declaración enfática por parte de Jesús acerca de Su identidad (v.12); notablemente, la declaración empieza con las palabras ego eimi (“Yo soy la luz del mundo”).  Luego sigue una discusión de la validez de esta declaración, terminando con la afirmación de Cristo, “... Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre ...” (v.19) — eso es, ellos no conocen la verdadera identidad de Jesús.  En el siguiente segmento, Jesús hace una fuerte declaración, terminando con la advertencia (traduciendo literalmente), “... porque si no creyereis que yo soy, moriréis en los pecados de vosotros” (v.24).  Cualquier otra cosa que pudiera ser el significado de las palabras “Yo soy” (ego eimi) aquí, la declaración claramente significa que los Judíos sufrirían condenación a no ser que reconocieran la verdadera identidad de Jesús.  Naturalmente, la respuesta de los Judíos es preguntar, “¿Tú quién eres?” (v.25).  La respuesta de Jesús es anotar que se los ha estado diciendo todo el tiempo, pero que solamente sabrán “que yo soydespués de su muerte (v.26-30).  Luego sigue el intercambio con respecto a los Judíos como hijos de Abraham y Jesús como el Hijo de Dios, terminando con los Judíos repitiendo la pregunta, “¿Quién te haces a ti mismo?” (v.53).  La respuesta de Jesús es que él era Aquel en quien Abraham se regocijó, una declaración que los Judíos encontraron increíble a la luz de su obvia juventud (v.54-57).  Su confusión fue aparentemente en estas líneas:  ¿Quién es este hombre, quién, mientras aún está en la flor de la vida, afirma haber sido contemporáneo de Abraham?

De esta manera, la respuesta de Jesús a la pregunta de los Judíos no tuvo que ver solamente con Su edad con la exclusión de Su identidad.  Jesús estaba dando a ambas una respuesta directa a su inmediata pregunta (“¿y has visto a Abraham?) y una respuesta indirecta a su interés fundamental hecho explícito dos veces al principio [“¿Tú quién eres?” (v.25) – “¿Quién te haces a ti mismo?” (v.53)].  Antes que forzar una u otra (si Jesús estaba hablando acerca de su edad o acerca de su identidad) en el pasaje, el contexto indicará que deberíamos reconocer la declaración de Jesús como “ambas” (Jesús estaba diciendo algo acerca de Su preexistencia y de Su identidad).

Un segundo argumento usado por los Testigos es que ego eimi en Juan 8:58 no es un título, como lo es ehyeh en Exodo 3:14.14  Muchos escritores Cristianos han dicho que en Juan 8:58 Jesús estaba asignándose el título divino “Yo soy”,15 y este es un punto que los TJ obviamente no pueden aceptar.  Sobre este asunto se necesita encontrar algún balance.  Jesús ciertamente no dice, en tantas palabras, “Yo soy el ‘Yo Soy’”, ni cita Exodo 3:14 en su entereza y se lo aplica a Sí mismo.  Las palabras ego eimi en Juan 8:58 no funcionan como un título de Cristo, sino como una declaración de su eternidad (e implícitamente, de Su Deidad).  No obstante, el hecho de que no podemos hablar de “Yo soy” en este texto como, estrictamente hablando, un “título”, no quiere decir que Juan 8:58 no aluda en alguna forma a Exodo 3:14.  Puede ser que la intención de Juan era que las palabras de Jesús fueran entendidas no sólo como una afirmación de eternidad, sino también como un eco de las palabras de Yavéh en Exodo 3:14.

Quizás la objeción más común dada por los TJ para conectar Juan 8:58 con Exodo 3:14 es que la traducción de la LXX de ehyeh no es ego eimi (“Yo soy”) sino ho on (“el Ser”, o mas idiomáticamente, “El que es”).16  Sin embargo, esto no dice toda la verdad.  Lo que el pasaje dice realmente en la LXX es como sigue (traduciendo literalmente):  

Y Dios dijo a Moisés,

“Yo soy [ego eimi] el Que es [ho on]”;

y El dijo,

“De esta manera dirás a los hijos de Israel,

‘El Que es [ho on] me ha enviado a vosotros’”.  

La declaración ego eimi ho on traduce aquí el Hebreo ehyeh asher ehyeh, que usualmente es traducida al Español como “Yo soy el que soy”.  De esta manera, la LXX ha traducido la palabra ehyeh  en dos formas diferentes, por ego eimi y ho on.  En su primera aparición, ehyeh no es usada como un título, y la Septuaginta la traduce ego eimi; cuando es usada como un título (“Yo soy ehyeh”, “ehyeh me ha enviado a vosotros”), la LXX lo traduce como ho on.  Puede ser muy bueno entonces, que en Juan 8:58 el apóstol Juan escogió las palabras ego eimi para traducir las palabras de Jesús como una alusión a Exodo 3:14 sin construir las palabras de Jesús como un título.

Una cuarta objeción que ha sido presentada es que “Yo soy” (la traducción literal de ego eimi) no es una traducción literal de ehyeh, lo cual la mayoría de los Hebraístas reconocen ahora que significa literalmente “llegaré a ser”, con la connotación de “resultaré ser”.17  Aunque muchos de los eruditos evangélicos han argumentado que “Yo soy” es correcta, pareciera haber razones sólidas para aceptar la traducción “Yo seré”.18   Esto haría el significado de ehyeh asher ehyeh como “Yo seré lo que Yo seré”, o algún equivalente.  Puesto que este es uno de los pocos puntos en el que los TJ tienen evidencia substancial para su argumento, muchos de ellos han dado a este punto bastante atención, aún con la exclusión de otros puntos relevantes.19 

Si “Yo soy el que soy” es interpretado como una declaración de autoexistencia, esto realmente no parecería ser el punto que Yavéh estaba buscando hacer.  Eso es, no estaba tratando de decir, “Yo soy el autoexistente”, como muchos han interpretado Exodo 3:14.  Pero este pensamiento, aunque evidentemente no es el punto de ehyeh asher ehyeh, no es extraño a esa expresión.

Para empezar, no hay razón sana para aceptar la moderna contención liberal de que el concepto de autoexistencia era extraño a la “mente Hebrea” y fue introducida más tarde por los Griegos.20  Ni las expresiones “Yo soy el que soy” y “Yo seré lo que seré” todo lo que es desemejante en el significado.  Ambas pueden sugerir autodeterminación (o soberanía, como dirían los teólogos evangélicos), el hecho de que Dios será cualquier cosa que escoja ser, y no puede ser circunscrito o encasillado en la forma que lo eran los dioses de las naciones.  Que este era el significado de Yavéh es sugerido por el contexto, en el que Moisés preguntó a Dios con cual nombre debería ser conocido..  Como ha declarado Walther Zimmerli:  

En esta figura de lenguaje resuena la libre soberanía de Yavéh, quien, aún en el momento en que revela su nombre, rehusa simplemente colocarse a sí mismo a disposición de la humanidad para comprenderlo ... En el único pasaje donde el Antiguo Testamento mismo intenta proporcionar una explicación del nombre “Yavéh” rehusa explicar el nombre en una forma que encerraría dentro de la jaula de una definición.21   

Charles Gianotti objeta esta interpretación de Exodo 3:14 sobre la base de que el texto “no da insinuación de que Moisés preguntó impropiamente” y que “YO SOY” parece ser usado como un nombre en ese pasaje.22  No obstante, no es necesario que la respuesta de Dios sea una reprensión porque la posición de Zimmerli es correcta.  Puede ser sencillamente que Dios está diciendo que su “nombre”, como una expresión de su carácter (como Gianotti mismo lo dice23), no puede definirlo completamente o encasillar a Dios en la forma que fueron entendidos que son los nombres de las deidades paganas.  El nombre ehyeh significa algo (la respuesta de Dios no es fácil “Yo no tengo nombre” o una brusca “No es de tu incumbencia”) — sino que mas bien significa (al menos en parte) que Dios es soberano y autodeterminativo.

Ciertamente, la respuesta de Yavéh sugiere que él no tiene un “nombre” en la misma forma que los dioses paganos tenían nombres, porque él no era un dios entre muchos (una situación que invocaría por nombres distintivos), sino el único Dios verdadero.  Esta verdad es afirmada en la práctica Cristiana de referirse al Dios de la Biblia simplemente como “Dios”, implicando que realmente no hay otro ser merecedor de ese título.  Los Testigos de Jehová frecuentemente objetan esta práctica, argumentando que no es suficiente llamar a Yavéh “Dios”, en vista de que las naciones incrédulas adoran muchos dioses.  En lugar de eso, insisten que los verdaderos creyentes deben llamar a Dios por su “nombre personal”, el cual dicen que es “Jehová”.  La objeción mas importante a este argumento (muchas podrían ser dadas) es que ignoran la práctica del Griego del Nuevo Testamento, el cual se refiere al Ser Supremo una y otra vez sencillamente como “Dios”, y nunca usan el apelativo “Jehová” o “Yavéh”.  Reconociendo la naturaleza perjudicial de este testimonio, los Testigos de Jehová han insertado el nombre “Jehová” en la porción del Nuevo Testamento de la TNM cerca de 200 veces en lugar de “Señor” u ocasionalmente “Dios”, algunas veces como un resultado de obscurecer los testimonios para la Deidad de Cristo.  Esta práctica ha sido analizada profundamente y refutada en otra parte.24  A la luz del aparente significado del nombre “Yavéh” y la expresión ehyeh asher ehyeh, pareciera que el Antiguo Testamento mismo colocó el fundamento para el eventual desuso del nombre “Yavéh” en los Cristianos piadosos, así validado por el Nuevo Testamento.

Entonces, el nombre ehyeh, aparentemente connota soberanía, absoluta independencia, y autodeterminación.  Pero decir que Dios es absolutamente soberano en esta forma no está muy lejos en absoluto de afirmar su autoexistencia.  Ciertamente, los teólogos ortodoxos siempre han argumentado (bíblica y filosóficamente) que Dios no podía ser verdaderamente independiente de su creación y absolutamente soberano sobre ella a menos que fuera él mismo autoexistente y eterno.  Los TJ, para toda su enseñanza heterodoxa, concuerdan en que Jehová es autoexistente y eterno, por tanto pareciera dudoso que estuvieran en desacuerdo con este razonamiento.  Entonces, irónicamente, pareciera que Exodo 3:14 contiene al menos una insinuación de la autoexistencia y eternidad de Yavéh, de manera que el parafraseo “Yo soy el que soy” no es incorrecto después de todo.  Consecuentemente, este argumento falla en desaprobar cualquier conexión entre Exodo 3:14 y Juan 8:58.

El razonamiento anterior ha asumido que los TJ aquí parecen tomar por concedido, que una alusión a Exodo 3:14 debe estar basada en el texto Hebreo.  No obstante, no hay razón para hacer tal suposición.  Juan podría haber escogido usar la traducción LXX de ehyeh en su primera aparición en Exodo 3:14 como ego eimi para reportar las palabras de Jesús a los Judíos en Juan 8:58.

El quinto y final tipo de argumento usado por los TJ para dar poca importancia a cualquier conexión entre Juan 8:58 y  Exodo 3:14 es una aplicación a los eruditos Bíblicos que también niegan la conexión.25  La impresión dada a menudo es que los eruditos modernos como un todo han rechazado la alusión.  Sin embargo, el hecho es que la mayoría de los eruditos Bíblicos aún ven alguna relación entre los dos pasajes.  Entre estos están tales eruditos como Davey, Morris, Richardson, Sanders, Schnackenburg, Strachan, y Tasker,26 algunos de los cuales (por ejemplo, Davey, Schnackenburg, Strachan) no son Cristianos ortodoxos.  Por supuesto, algunos niegan la alusión, pero no muchos:  Barret,27 Bultmann,28 y Lindars29 son los principales representantes modernos de esta negación entre los comentaristas sobre el Evangelio de Juan, junto con los eruditos del siglo diecinueve Olshausen, discutido al principio en este capítulo.  Ninguno de estos eruditos, como ya ha sido anotado, disputa que eimi en Juan 8:58 connota eternidad (aunque Bultmann niega la deidad de Jesucristo).

Las razones para que esos eruditos tengan que rechazar la alusión es lo importante, no el mero hecho de que la rechacen.  En la examinación se ve que las razones que dan, resulta en que Barrett nos refiere a Lindars (“Lindars está en lo correcto cuando dice ...”), mientras que Lindars repite un argumento hecho por Bultmann.  Bultmann argumenta que la conexión entre los dos pasajes “reposa en la creencia de que ego eimi traduce una de las misteriosas formulas Judías” usada como substituto para el nombre divino.30  Algunos eruditos (por ej., Odeberg, citado por Bultmann) han construido el argumento para la alusión en tal forma, y si esa era la intención de Jesús (o la de Juan) normalmente esperaríamos encontrar algo como “Yo soy el ‘Yo soy’” en lugar del simple “Yo soy”.  No obstante, no es necesario para Odeberg y otros estar en lo correcto acerca de substituir el nombre divino para que Juan 8:58 aluda a Exodo 3:14.  Por tanto, el argumento de Bultmann está forzado y demasiado rígido, en vista de que está basado en una u otra invalidez:  o Juan 8:58 usa ego eimi de Exodo 3:14 como una “fórmula” substituto para el nombre divino, o no alude a Exodo 3:14 en absoluto.  En efecto, este argumento es sencillamente una forma más sofisticada del segundo argumento de los Testigos, que Juan 8:58 no puede estar aludiendo a Exodo 3:14 porque no usa ego eimi como un título.  

Una Aseveración de Deidad  

Como ya ha sido dicho, no es necesario probar una conexión entre Juan 8:58 y Exodo 3:14 para demostrar que Jesús estaba haciendo una afirmación de deidad en Juan 8.58.  La afirmación para la eternidad necesariamente presupone una afirmación de deidad dentro de una visión Hebrea teista de la palabra.  No obstante, aun es cierto que Jesús se detiene lejos de decir, en tantas palabras, “Yo soy Yavéh”, o “Yo soy Dios”.  En concordancia con su repetido autodeclarado propósito de revelar al Padre y esperar que el Padre vindique y revele a Su Hijo, Jesús evitó asiduamente llamarse a sí mismo “Yavéh” o “Dios”.  Al hacer estas declaraciones como esa en Juan 8.58, sin embargo, su verdadera identidad fue revelada indirectamente a aquellos que estaban deseando recibirla.  Para aquellos que estuvieron presentes, Sus declaraciones fueron simplemente blasfemas, como lo indica su intento de apedrearlo (8:59; Comp. 10:33; Marcos 2:7).  De esta manera, William Temple comentó sobre este pasaje:  

No hay duda ahora acerca de la aseveración de una personalidad eterna; no puede haber difícilmente alguna duda acerca de la afirmación de Deidad.  Sin embargo, esto es hecho por alusión e implicación.  Las palabras YO SOY no necesitan forzosamente significar mas que una afirmación de existencia; no necesitan ser el Nombre Divino revelado a Moisés en la Zarza (Exodo iii, 14).  Aún no puede ser dicho que El ha afirmado explícitamente Su Deidad.  Eso nunca lo hará — como lo encontraremos de nuevo en x, 30-36; la aprehensión de esa verdad debe venir a través de la respuesta de las almas de los hombres.  Pero él nos lleva al mismo borde de esto.  Y si esto no es verdad, Su lenguaje es la blasfemia mas grosera.31   

Es irónico encontrar a los TJ citando selectivamente de este pasaje en el comentario de Temple en tal forma como para tratar de interpretarlo para que niegue que Jesús estaba afirmando ser Yavéh.32  Cuando Temple dice que “Yo soy” no necesita “significar mas que una afirmación de existencia”, obviamente quiere decir existencia eterna, como lo demuestra la primera frase citada arriba; pero por medio de omitir esa frase, los TJ tratan de hacer que Temple diga que Jesús simplemente estaba afirmando existir en algún momento antes de Abraham.  En una vena similar, la declaración de Temple de que Jesús “nunca” afirmaría explícitamente Su deidad es construida para querer decir que Jesús no afirmó ser Yavéh de ninguna manera.  Además ignorando el verbo calificador “explícitamente”, esta mala lectura ignora la última mitad de la frase y los subsecuentes dos sentidos (lo cual típicamente omiten los TJ cuando citan a Temple).  Como está, los comentarios de Temple resumen muy exactamente el punto de Juan 8:58, y son claros en reconocer este pasaje como uno de los textos de prueba más fuertes para la deidad de Cristo de los labios del Señor mismo.  

Anotaciones al Pie

Capítulo 40  “Yo Soy” Como Las Palabras de Jehová

1. Edwin Hatch y Henry A. Redpath, Una Concordancia Para la Septuaginta y las Otras Versiones Griegas del Antiguo Testamento (Incluyendo los Libros Apócrifos), Vol. II (Graz, Austria:  Akdemische Druck—U. Verlagsanstalt, 1954), 1203.

2. Por ejemplo, Ayuda Para el Entendimiento de la Biblia, 665; Usted Puede Vivir Para Siempre en el Paraíso en la Tierra (WTBTS, 1982), 44.

3. Albert Barnes, Notas Explicativas y Practicas Sobre el Nuevo Testamento:  Lucas y Juan (Gran Rapids:  Baker Book House, reimpreso 1977), 276; Barrett, 352; Raymond E. Brown, El Evangelio Acorde a Juan (i-xii), Anchor Bible (Garden City, NY: Doubleday & Co., 1966), 360; Bultmann, 237 n. 4; Godet, 356; Ernst Wilhelm Hengstenberg, Comentario Sobre el Evangelio de San Juan (Edinburgh:  T. & T.  Clark, 1865), Vol. I, 474; Edwyn Clement Hoskyns, El Cuarto Evangelio, ed. Francis Noel Davey (London: Faber y Faber, 1947), 349; Lindars, 336; William Milligan y Willian F. Moulton, Comentario Sobre el Evangelio de San Juan (Edinburgh:  T. & T. Clark, 1898), 111; Alfred Plummer, El Evangelio Acorde a San Juan, Cambridge Greek Testament for Schools (Cambridge, England:  Cambridge University Press, 1900), 202; Robertson, Word Pictures, 159; Schnackenburg, 223; Winer, 267.

4. Cartas de Firpo Carr y Nelson Herle a este autor.

5. Daniel P. Fuller, Hermeneuticas (Pasadena:  Fuller Theological Seminary, 1978), Cap. IX, 14-16.

6. William David Davies, El Evangelio y la Tierra:  Cristianismo Primitivo y Doctrina Territorial Judía (Berkeley:  University of California Press, 1974), 290-296; Ethelbert Stauffer,  Jesús y Su Historia, Trad. por Richard y Clara Winston (New York:  Alfred A. Knopf, 1960), 174-195; y especialmente Philip B. Harner, El “Yo Soy” del Cuarto Evangelio:  Un Estudio del Uso y Pensamiento Juanino (Philadelphia:  Fortress Press, 1970).

7. TNM (1984), 1582.

8. Joseph Crehan, La Teología de San Juan (Londres:  Darton, Longman y Todd, 1960), 93.

9. En la correspondencia de este autor con Nelson Herle, Firpo Carr, y otros, esta fue prácticamente la única cuestión con respecto a Juan 8:58 que ellos discutirían, menos la relación de ese pasaje con el Salmo 90:2.  Ni Herle ni Carr aún intentaron desaprobar la fuerza de la eternidad en eimi en Juan 8:58.  Esto es probablemente porque es más fácil discutir una conexión entre dos pasajes separados que discutir una correcta interpretación gramáticalmente de uno de aquellos pasajes.

10. Herle, La Doctrina de la Trinidad, 42.

11. Olshausen, Comentario Bíblico, 464-465.

12. Razonamiento a Partir de las Escrituras, 410.

13. Barrett, 352 (véase también 342-51).

14. Véase, por ejemplo, Merrill C. Tenney, “El Evangelio de Juan”, The Expositor´s Bible Commentary, ed. Frank E. Gaebelein, Vol. 9 (Grand Rapids:  Zondervan, 1981), 99.

16. TNM (1950, 312 np. c; TNM (1984), 85.

17. TNM (1984), 85, 1583.

18. Charles R. Gianotti, “El Significado del Nombre Divino YHWH”, Bibliotheca Sacra (Enero-Marzo 1985): 38-51.

19. Véase n. 9.

20. D. A. Carson, Falacias Exegéticas (Grand Rapids: Baker Book House, 1984), 44-45; Moisés Silva, Las Palabras Bíblicas y Su Significado:  Una Introducción a los Léxicos Semánticos (Gran Rapids:  Zondervan Publishing Col, 1983), 18-34.

21. Walther Zimmerli, La Teología del Antiguo Testamento en Bosquejo (Atlanta: John Knox Press, 1978), 20, 21.

22. Gianotti, 41.

23. Ibíd., 38-39.

24. Véase especialmente Robert Countess, El Nuevo Testamento de los Testigos de Jehová (Phillipsburg, NJ: Presbyterian & Reformed, 1982), y Doug Mason, JEHOVA en la Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová (Doug Mason, 1987; disponible de Bethel Ministries, CP-258, Manhattan Beach, CA).  Véase también en este libro el Capítulo 3, Págs. 10-15 – “El Nombre Sagrado”.

25. Véase n. 10.

26. Davey, 94; Leon Morris, El Evangelio Acorde a Juan, Nuevo Comentario Internacional Sobre el Nuevo Testamento (Gran Rapids.  William B. Eerdmans Publishing Co., 1971), 473; Alan Richardson, El Evangelio Acorde a San Juan, Torch Bible Commentaries (Londres: SCM Press, 1959), 118; Sanders, 236 n. 2; Schnackenburg, 84, 224; Robert Harvey Strachan, El Cuarto Evangelio:  Su Significado y Medio Ambiente, 3ª ed. rev. (Londres:  SCM Press, 1941), 19-21; R. V. G. Tasker, El Evangelio Acorde a San Juan, Tyndale New Testament Commentaries (Gran Rapids:  William B. Eerdmans  Publishing Co., 1960), 122.

27. Barrett, 352.

28. Bultmann, 327 n. 5 (continuado en 328).

29. Lindars, 336.

30. Bultman, 327 n. 5 (encontrado en 328).

31. William Temple, Lecturas en el Evangelio de San Juan, Primera y Segunda Serie (Londres:  Macmillan & Co., 1945), 149-150.

32. Carta a este autor, de un TJ que desea permanecer en el anonimato, fechada el 25 de Enero, 1985.

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