CAPITULO 33

 

TENEMOS EL TESTIMONIO DE LA TEMPRANA IGLESIA

 

El testimonio de los primeros Cristianos de la Iglesia es claro en su apoyo de la deidad de Cristo.  Los escritos de los padres y apologistas de la iglesia, accesibles en la traducción hoy día, prueban su creencia en esta doctrina suprema.

 

Los padres de la iglesia se refieren a Cristo como ser “eterno”, “Dios encarnado”, “creador”, o poseyendo algún otro atributo divino exclusivo en sus escritos.

 

Los Testigos de Jehová en su arremetido celo por tratar de negar la doctrina de la Trinidad, han echado mano de los escritos de los padres apostólicos y de los apologistas porque, según ellos [los Testigos], estos hombres que siguieron a los apóstoles después del primer siglo no enseñaron ni aún remotamente la doctrina de la Trinidad, o la coigualdad del Padre, el Hijo y de aun el Espíritu, y de que los Tres fueran el Unico Dios Verdadero.  En la Atalaya, del 1 Febrero, 1992, Pág. 19, preguntan:  ¿Enseñó la Iglesia Primitiva que Dios sea una Trinidad?  ¿Enseñaron los padres apostólicos la doctrina de la Trinidad?.

 

En su explicación de quienes son los “Padres Apostólicos”, en esta misma página dicen:

 

“`Los Padres Apostólicos’ es la denominación que se usa para los eclesiásticos que escribieron sobre el cristianismo a fines del primer siglo y principios del segundo de nuestra era común.  Entre ellos estuvieron Clemente de Roma, Ignacio, Policarpo, Hermas y Papías.

Se dice que fueron contemporáneos de algunos de los apóstoles.  Según eso, deben haber estado familiarizados con las enseñanzas apostólicas... Si los apóstoles enseñaron la doctrina de la Trinidad, entonces esos padres apostólicos deben haberla enseñado también.  Esa doctrina debe haberse destacado en su enseñanza, pues nada era más importante que decir a la gente quién era Dios.  Entonces, ¿enseñaron ellos la doctrina de la Trinidad?’”

 

Si señores; si la enseñaron, y este capítulo querido lector ha sido preparado, para que después de usted haber considerado todo el testimonio Bíblico sobre la enseñanza de la Trinidad, pueda percatarse de la falsedad y artimañas del error, la cual es una practica común y continúa de los así llamados Testigos de Jehová al querer hacer uso y uso torcido de los escritos de los llamados “padres apostólicos”.

 

La Didajé.

 

Dicen los Testigos: 

 

“Una de las declaraciones extrabíblicas más tempranas de fe cristiana se halla en un libro de 16 capítulos cortos conocidos como la Didajé, o Enseñanza de los Doce apóstoles.  Algunos historiadores afirman que data de antes o cerca del año 100 E.C.  Se desconoce su autor.

La Didajé trata sobre lo que tendría que saber el que quisiera hacerse cristiano.  En su capítulo 7 prescribe el bautismo ‘en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’, las mismas palabras que usó Jesús en Mateo 28:19.   Pero no dice nada de que los tres sean iguales en eternidad, poder, puesto y sabiduría” (La Atalaya, 1 de Febrero, 1991, Pág. 19)

 

Muy bien, pero que interpretación se le puede dar al capítulo 16 de la Didajé que dice: 

 

“Vigilad sobre vuestra vida.  No se apaguen vuestras linternas, y no dejen de estar ceñidos vuestros lomos, sino estad preparados, pues no sabéis la hora en que vendrá nuestro Señor.... Pero los que perseveren en su fe serán salvados por el mismo que había sido maldecido.  Entonces aparecerán señales auténticas:  en primer lugar el signo de la abertura del cielo, luego lo del sonido de trompeta, en tercer lugar la resurrección de los muertos, no de todos los hombres, sino, como está dicho:  `Vendrá el Señor y todos los santos con él’ (Zac. 14:5).  Entonces el mundo verá al Señor viniendo sobre las nubes del cielos”.

 

Si usted querido lector lee en la Traducción del Nuevo Mundo (de los Testigos), leerá que esta última parte del versículo 5 de Zacarías 14 dice así:  “... Y Jehová mi Dios ciertamente vendrá, y con él estarán todos santos”.

 

Ahora le preguntó a usted, cuya mente ha de ser mas imparcial que la de los Testigos, ¿a quién se estaba refiriendo el escritor o escritores de la Didajé cuando citaron Zacarías 14:5?  La respuesta es obvia:  ¡A Jesucristo!, y si aún lo duda lea 1 Tes. 4:16 el cual dice:  “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”.

 

Para ayudarle un poco con el sentido de este pasaje permítame decirle que hagamos esta simple comparación de pasajes:

 

Zacarías 14:5a dice:

“... y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos [ángeles]”.

 

La Versión Hebrea del Salmo 89:7 dice:

“Dios temible en la gran congregación de los santos [ángeles]...”

 

La Versión de los Setenta vierte el Salmo 89:7 de esta manera:

 

“... Dios es glorificado en el consejo de los santos ...”

 

1 Tesal. 3:13 dice:

“... en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”.

(Comp. 1 Tesal. 4:16).

 

Para que se percate que los santos que vienen con nuestro Señor Jesucristo son los ángeles del cielo lea:

 

“... cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder ... los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos ...” (2 Tes. 1:7,9-10; Comp. Mateo 25:31).

 

Si en la Didajé la cita de este pasaje no se está refiriendo en su uso a la venida de Jesucristo en el juicio final como Jehová mi Dios, ¿podrá, entonces, alguien decirme de quién está hablando?

 

Clemente de Roma

 

Dicen los Testigos: 

 

“Clemente de Roma, de quien se dice que fue ‘obispo’ de esa ciudad, es otra fuente temprana de escritos sobre el cristianismo.  Se cree  que murió alrededor de 100 E.C.  En el material que supuestamente escribió, él no menciona una Trinidad, ni directa ni indirectamente ...” (La Atalaya, 1 de Febrero, 1992, Pág. 20).

 

Pero veamos la otra cara de la moneda.  Clemente, en la Didakhe (o Didajé) (Cap. 16, el de arriba), aplica a nuestro Señor Jesucristo la cita de Zacarías 14:5, “Vendrá el Señor y todos los santos con él”.

Continúan diciendo los Testigos: 

 

“La Carta primera de San Clemente a los Corintios declara:  `Que la gracia y la paz se multipliquen entre vosotros de parte de Dios omnipotente por mediación de Jesucristo’ ... Clemente no dice que Jesús ni el espíritu santo sean iguales a Dios ...” (La Atalaya, 1 de Febrero, 1992, Pág. 20).

 

Bueno, ¿pero qué de aquella parte en el capítulo 16 de esta carta que dice:  “... El cetro de la majestad de Dios, a saber, nuestro Señor, Jesucristo ...” como el Señor a quien Malaquías  esperaba que viniera súbitamente a Su templo en el capítulo 23 [de la carta de San Clemente a los Corintios]?  “... Verdaderamente pronto y súbitamente se realizará su voluntad, de lo cual da testimonio también la escritura, al decir:  Su hora está al caer, y no se demorará; y el Señor vendrá súbitamente a su templo; el Santo, a quien vosotros esperáis’ (Comp. Isa. 14:1; Mal. 3:10)” [Primera Carta de San Clemente a los Corintios, Cap. 23].

 

Ignacio

 

Dice La Atalaya, 1 de Febrero, 1992, Pág. 21:

 

  “Ignacio, un obispo de Antioquía, vivió como desde mediados del siglo I E.C. hasta principios del siglo II.  Si suponemos que todos los escritos que se le atribuyen son auténticos, en ninguno de ellos hay igualdad entre el Padre, el Hijo y el espíritu santo.

Aunque Ignacio hubiera dicho que el Hijo era igual al Padre en eternidad, poder, posición y sabiduría, todavía no habría una Trinidad ...”

 

Ignacio, (murió hacia el 110 D.C.), cabeza de la iglesia en Antioquía, fue contemporáneo con Policarpio, Clemente, y Bernabé, y fue martirizado en el Coliseo.  En Su carta a los Efesios, escribió de Cristo como “Nuestro Dios, Jesús el Cristo, ...” (Carta a los Efesios, 18-20).

 

En otra carta, Ignacio amonestó a Policarpo a “... Espera en Aquel que está por encima de toda estación, el Eterno, el Invisible, que se hizo visible por amor a nosotros ... que sufrió en todas formas por amor a nosotros” – (Carta de Ignacio a Policarpo, Cap. 3).

“... Mis mejores deseos siempre en nuestro Dios Jesucristo, ...” (Carta de Ignacio a Policarpo, Cap. 8).

A lo anterior, añadió en la correspondencia a los Esmirneanos que “...  si no creen en la sangre de Cristo (que es Dios), les aguarda también el juicio” (Carta de Ignacio a los Esmirnanos, Cap. 6).

Los extractos anteriores y los que siguen son de J.B. Lightfoot - “Los Padres Apostólicos”, y de José Vives - “Los Padres de la Iglesia”:

Ignacio a los Efesios,  saludo:  “... por la voluntad del Padre y de Jesucristo nuestro Dios; ...”

Ignacio a los Efesios,  1 — “... por  fe y amor en Cristo Jesús nuestro Salvador: siendo imitadores de Dios, y habiendo sido encendidos vuestros corazones en la sangre de Dios, ...”

Ignacio a los Efesios 7, — “... Sólo hay un médico, de la carne y del espíritu, engendrado y no engendrado, Dios en el hombre, verdadera Vida en la muerte, hijo de María e Hijo de Dios, primero pasible y luego impasible:  Jesucristo nuestro Señor”.

Ignacio a los Efesios 17,” — “... recibiendo el conocimiento de Dios, que es en Jesucristo ...”

Ignacio a los Efesios 18, — “... Por nuestro Dios, Jesús el Cristo ...”

Ignacio a los Efesios 19, — “... cuando Dios apareció en la semejanza de hombre en novedad de vida eterna ...”

Ignacio a los Magnesios 6, — “...con los diáconos que me son muy caros, habiéndoles sido confiado el diaconado de Jesucristo, que estaba con el Padre antes que los mundos y apareció al fin del tiempo ...”

Ignacio a los Magnesios 13, — “... Sed obedientes al obispo y los unos a los otros, como Jesucristo lo era al Padre [según la carne], ...”

Ignacio a los Tralianos 7, — “... de [Dios] Jesucristo ...”

Ignacio a los Romanos, saludo, — “ ... Jesucristo nuestro Dios ...” (dos veces).

Ignacio a los Romanos 3, — “... Nada visible es bueno.  Porque nuestro Dios Jesucristo, estando en el Padre, es el que es más fácilmente manifestado ...”

Ignacio a los Romanos 6, — “... Permitidme ser un imitador de la pasión de mi Dios ...”  

Ignacio a los Esmirneanos 1, — “Doy gloria a Jesucristo el Dios que os concede tal sabiduría ...”

El investigador y autor John Weldon  ha anotado que el “... hecho de que Ignacio fue censurado o marcado como hereje por algunas de las personas o iglesias, envió cartas para mostrar que la temprana iglesia, mucho antes del 115 D.C., aceptaba universalmente la Deidad de Cristo” (John Weldon, “La Deidad de Cristo”).

 

Policarpo

 

La Atalaya, 1 de Febrero, Pág. 22: 

 

“Policarpo de Esmirna nació en el último tercio del primer siglo y murió a mediados del segundo.  Se dice que estuvo en comunicación con el apóstol Juan y que escribió la Carta de Policarpo a los Filipenses.

¿Había algo en el escrito de Policarpo que señalara a una Trinidad? No; no hay ninguna mención de ella ...”

 

Puede que Policarpo no haya hablado de la Trinidad así como nosotros lo hacemos ahora, pero que enseñó que Jesucristo es Dios con “D” mayúscula y no con “d” minúscula como lo hacen los Testigos, es evidente, mire a ver si no:

Carta de Policarpo a los Filipenses 12, — “Pueda ahora el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  y el mismo eterno Sumo Sacerdote, el [hijo de] Dios Jesucristo, edificaros en la fe y la verdad, ...”

 

Justino Mártir

 

La Atalaya, 1 de Abril, 1992, Pág. 26: 

 

“Uno de los primeros apologistas fue Justino Mártir, quien vivió desde alrededor de 110 hasta 165 E.C.  Ninguno de sus escritos existentes menciona a tres personas coiguales en un solo Dios”.

 

Aunque puede que no lo haya expresado de esta manera, si enseñaba y reconocía:  “He dicho a menudo, muy a menudo, que cuando mi Dios dice, `Dios subió de Abraham’, o `el Señor habló a Moisés’, y `el Señor descendió para ver la torre que los hijos de los hombres habían construido’, o `Dios encerró a Noé dentro del Arca’, usted no debe imaginarse que el mismo Dios inengendrado descendió o subió de alguna parte.  Porque el Padre inefable y Señor de todas las cosas, ni viaja a parte de alguna, ni se pasea, ni duerme, ni se levanta, sino que permanece siempre en su sitio, ... ni Abraham, ni Isaac, ni Jacob, ni hombre alguno vio al que es Padre y Señor inefable absolutamente de todas las cosas y del mismo Cristo, sino que vieron a éste, que es Dios ... El Padre quiso que éste se hiciera hombre por medio de una virgen, como antes se había hecho fuego para hablar con Moisés desde la zarza... Ahora bien, que Cristo es Señor y Dios, Hijo de Dios, que en otros tiempos se apareció por su poder como hombre y como ángel y en la gloria del fuego en la zarza y que se manifestó en el juicio contra Sodoma, lo he mostrado ya largamente ...” (Diálogo, 127-128).  Continuó diciendo:  “Nuestro Cristo conversó con Moisés bajo la apariencia de fuego desde una zarza”.  No fue el Padre del universo quien habló de esta manera a Moisés; sino `Jesús el Cristo’, `el Angel y Apóstol’, `quien también es Dios’, o sea `el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob’, y `el Yo soy el que Soy’” (Primera Apología, 62,63).

 

¿Qué mas se puede decir ante unas palabras tan contundentes como estas de Justino con respecto a que nuestro Señor Jesucristo es Jehová, Dios, y el Yo Soy de Exodo 3:14?

El folleto de los TJ ¿Debería Creer Usted en la Trinidad? afirma que Justino Mártir dijo – 

«... que Jesús, antes de existir como humano, había sido un ángel creado que ‘no es el Dios que hizo todas las cosas’.  Dijo que Jesús era inferior a Dios y ‘nunca hacía nada excepto lo que el Creador [...] deseaba que hiciera y dijera» (Pág. 7). 

La verdad es que Justino Mártir enseñó que el Jesús prehumano era Dios, no un ángel.  Justino dijo que Cristo era llamado un ángel, pero explicó que esto era porque Cristo, quien realmente era Dios, tomó la apariencia de un ángel.  De esta manera, Justino escribe que «el Padre del universo tiene un Hijo; quien también, siendo Verbo primogénito de Dios, es aun Dios.  Y en el pasado apareció en la zarza de fuego y en la semejanza de un ángel a Moisés y a los otros profetas ... [énfasis añadido]».1  Además, Justino llama a Cristo «ambos, Dios y Señor de los ejércitos» (eso es, Jehová),2 «Dios el Hijo de Dios».3

Justino no solo creía que Cristo era Dios; creía en una forma rudimentaria de la Trinidad.  De esta manera, declaró que los Cristianos adoraban a Dios el Padre, «al Hijo (quien salió de El ...), y al Espíritu profético».4  Que esto quiere decir que Cristo y el Espíritu eran ambos Dios es implicado por su repetida declaración de que «debemos adorar solo a Dios ... solo a Dios debemos adorar».5

En resumen, aunque Justino Mártir no usó tales términos como «Trinidad», y sus explicaciones filosóficas de la relación de Cristo a Dios fueron en algo confusas, él adoraba al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, y consideraba a Cristo como Jehová Dios.

Ireneo

 

Ireneo era oriundo de Asia Menor, y hubo de nacer por los alrededores del año 140.  Pasó su infancia en Esmirna, donde aprendió la doctrina Cristiana de labios del obispo Policarpo, discípulo de Juan el apóstol.  Dicen los Testigos en su folleto “¿Debería Creer Usted en la Trinidad?”, Pág. 7 que Ireneo enseñó –

 

`... que antes de vivir como humano Jesús había tenido una existencia separada de la de Dios y era inferior a él.  Mostró que Jesús no es igual `Unico y verdadero Dios’, quien es `supremo sobre todos, y no hay otro fuera de él’”.

 

Bueno, esto es lo que dicen los Testigos, ahora miremos que decía Ireneo en sus escritos.  En su magna obra Contra las Herejías, que está formada por una serie de argumentos contra diversos aspectos de aquellas doctrinas heréticas, escribe:

 

“Será bueno que comencemos por lo primero y más importante, a saber, Dios, el creador que hizo el cielo y la tierra y todo lo que en ellos hay...El hizo todas las cosas por su propia y libre decisión, sin que nadie lo empujara a ello; pues él es el único Dios, el único Señor, el único Creador, el único Padre, el único Soberano de todo, el que da la existencia a todas las cosas.  ¿Cómo podría haber sobre él otra totalidad, otro principio, otro poder u otro dios? ...” - [Contra las Herejías, ii, 1,1; -  José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 113].

 

“Puede mostrarse con evidencia, que el Verbo, que desde el principio estaba en Dios ... Así se elimina la objeción de los que dicen:  `Si nació en aquel momento, Cristo no existía anteriormente’.  Porque hemos mostrado, efectivamente, que el Hijo de Dios no empezó a existir en aquel momento, sino que desde siempre existía en el Padre. - [Contra las Herejías, iii, 18, 6ss.; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 138].

 

“Hemos mostrado a partir de las Escrituras, que absolutamente ninguno de los hijos de Adán puede ser llamado Dios o Señor en sentido propio, pero que Cristo, al contrario de todos los hombres que jamás existieron, es anunciado por todos los profetas y los apóstoles y por el mismo Espíritu como Dios en sentido propio, y Señor, y Rey eterno, Hijo Unico y Verbo encarnado ... Las Escrituras no darían acerca de él este testimonio si él fuera un simple hombre como los demás ... De la misma manera que era hombre, a fin de ser tentado, así también era Verbo, para ser glorificado.  El  Verbo no intervenía cuando era tentado, deshonrado, crucificado y puesto a morir; pero en cambio estaba unido a la humanidad, cuando obtenía la victoria, y aguardaba el sufrimiento, y resucitaba y era llevado a los cielos” - [Contra las Herejías, iii, 19, 3ss.; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 142-143].

 

“... de suerte que para Cristo Jesús, Señor nuestro, Dios, salvador y rey ... “ - [Contra las Herejías, i, 10, 1; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 176].

 

El folleto de la Torre del Vigía dice que Ireneo, un teólogo de finales del siglo segundo, sostenía que Cristo era inferior a Dios, «... no es igual al ‘Unico y verdadero Dios’ quien es ‘supremo sobre todos, y no hay otro fuera de él’» (Pág. 7).  Pero en el contexto Ireneo estaba contrastando al «único y verdadero Dios» con los dioses inferiores de la especulación Gnóstica (acerca de lo cual mas será dicho mas adelante), no negando que Cristo es Dios.

En realidad, Ireneo defendió una visión del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo que era implícitamente trinitaria.  De esta manera, declara que la iglesia tiene su fue «en un Dios, el Padre Todopoderoso, Hacedor del cielo y la tierra, y el mar, y todas las cosas que están en ellas; y en un Cristo Jesús; el Hijo de Dios, quien se encarnó para nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, quien proclamó a través de los profetas las dispensaciones de Dios», y en el mismo contexto habla de «Cristo Jesús, Señor nuestro, Dios,  Salvador y Rey».6  Ireneo escribe de «Cristo Jesús, el Hijo de Dios; quien, a causa de su sobreabundante amor hacia Su creación, condescendió en nacer de una virgen, uniendo él mismo al hombre a través de Sí mismo con Dios ... [énfasis añadido]».7  De esta manera, Jesucristo era ambos, Dios y hombre, el Creador que se hizo hombre para salvar su creación.

Clemente de Alejandría

 

La Atalaya, 1 de Abril, 1992, Pág. 27:

 

 “Clemente de Alejandría (c. 150 a 215 E.C.) también llama al Hijo “Dios”.  Hasta lo llama “Creador”, término que nunca se usa en la Biblia con referencia a  Jesús.  ¿Quiso decir que el Hijo era igual en todo sentido al Creador todopoderoso?  No”.

 

¡¿Qué no?!  Entonces, explíquenos, por favor que quiso decir cuando dijo:

 

“... Por tanto, si el Logos odia alguna cosa, quiere que no exista:  y ninguna existencia tiene aquello que no tiene de Dios la causa de su existencia.  Nada, pues, es objeto de odio divino, ni es odiado por el Logos, ya que ambos son una sola cosa, Dios, como está escrito:  `En el principio el Logos estaba en Dios, y el Logos era Dios’ (Comp. Juan 1:1).  [Clemente de Alejandría, Ped. i, 62 - José Vives - “Los Padres de la Iglesia, Pág. 245].

 

Preguntan los Testigos en su aparte de La Atalaya, si Clemente quiso decir que el Hijo era igual en todo sentido al Creador todopoderoso  y contestan que no.  Pero son tan artificiosos estos herejes y blasfemos que toda su argumentación se les iría de narices si citaran esta porción de Clemente en Stromata v,25,156.  Los Stromata (“Tapices”) es una especie de miscelánea teológica en ocho libros, en los que Clemente ha ido anotando sin mucho orden sus reflexiones sobre temas muy diversos:

 

“... Todas las potencias del Espíritu (= la divina naturaleza) reunidas en una unidad completan la noción de Hijo, pero éste no queda completamente expresado con nuestra concepción de cada una de sus potencias.  Porque él no es simplemente uno como unidad, ni muchos como divisibles en partes, sino que es uno en el que todo se hace uno, y, por tanto, es también todo.  Es la órbita de todas las potencias que se mueven hacia el uno y que en él se unifican.  Por esto es llamado “alfa y omega” (Ap. 1:8), el lugar único donde el fin se hace principio, y de nuevo vuelve a hacerse fin para convertirse de nuevo en principio, sin solución alguna de continuidad ...” [José Vives, Los Padres de la Iglesia, Pág. 223].

 

Nótese que aquí Clemente está aplicando Apocalipsis 1:8 al Hijo, en donde es descrito como “el Alfa y la Omega”, pero si usted lee el pasaje en la Biblia podrá darse cuenta, que no solo es eso, sino también el Dios Todopoderoso, atributo que los Testigos solo aplican al Padre, pero al Clemente aplicar este versículo al Hijo, le está aplicando a Cristo este mismo atributo.

Citando de Clemente en el Pedagogo, que viene a ser una exposición razonada de los principios de la vida Cristiana, para los que ya han decidido abrazarla, encontramos las siguiente citas:

 

“... Nuestro pedagogo es Jesús, Dios santo, Logos conductor de la humanidad entera.  El mismo Dios que ama a los hombres se hace Pedagogo” - [El Pedagogo i, 53,3; José Vives, “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 227].

 

“Nuestro pedagogo se parece a Dios, su Padre, del cual es Hijo:  él es sin pecado, sin reproche, con una alma sin pasiones, Dios sin tacha en forma de hombre, servidor de la voluntad del Padre, Logos Dios, que está en el Padre, que está a la diestra del Padre y que tiene también la forma de  Dios” - [El Pedagogo 1,4; José Vives, “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 239]. 

El folleto de los TJ afirma que Clemente de Alejandría sostenía que Cristo era «una creación» e inferior a Dios (“¿Debería Creer en la Trinidad?”, Pág. 7).  En realidad, Clemente sostenía lo opuesto.  Enseñó que Cristo era «muy verdaderamente la Deidad manifiesta, el que es hecho igual al Señor del universo; porque El era Su Hijo»,8 y uno y el mismo Dios como el Padre.9  Clemente llamó a Cristo explícitamente el «Hijo eterno»,10 y negó que el Padre hubiera estado en algún momento sin el Hijo.11

 

Tertuliano

 

La Atalaya, 1 de Abril, 1992, Pág. 28: 

 

“Tertuliano (c.160 a 230 E.C.) fue el primero que usó la palabra latina trinitas.  Como hace notar Henry Chadwick, Tertuliano propuso que Dios es ‘una sustancia que consiste en tres personas’.  Con todo eso no significa que pensaba en tres personas coiguales y coeternas.  No obstante, sus ideas constituyeron la base sobre la cual escritores posteriores fueron formando la doctrina de la Trinidad ...”

 

Voy a hacer solo unas cuantas citas de los Escritos de Tertuliano, para que usted, querido lector, haga su propio juicio, si es verdad lo que los Testigos dicen en esta edición de la Atalaya, o si como tantas otras veces, siguen haciendo citas de otros autores, sacadas de sus contextos, y aisladas del sentido real, para que se acomoden a sus doctrinas, y en particular con respecto a la negación de la doctrina de la Trinidad.  Dice Tertuliano:

 

“Te encuentras con que en su pasión exclama Cristo:  `Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’ (Mat. 27:46) ... Esta es la voz de la carne y del alma, es decir, del hombre; no la voz del Verbo y del Espíritu, es decir, de Dios.  Fue proferida precisamente para que quedara manifiesto que Dios es impasible y que abandonó a su Hijo al entregar su humanidad a la muerte.  El Apóstol tuvo conciencia de esto cuando escribió:  `El Padre no fue indulgente con su propio Hijo’ (Rom. 8:32); y antes había dicho lo mismo Isaías:  `El Señor lo entregó por nuestros pecados’ (Isa. 53:6).  Fue al no tener indulgencia con él, al entregarlo por nosotros, cuando el Padre le abandonó.  Pero en realidad no abandonó el Padre al Hijo, pues éste puso en sus manos su espíritu.  Lo puso en sus manos, y al punto murió, porque mientras el espíritu está todavía en la carne, ésta no puede morir.  Así pues, para el Hijo, ser abandonado por el Padre fue lo mismo que morir.  Por tanto, el Hijo muere y resucita por obra del Padre, según las Escrituras.  El Hijo se remonta a lo más alto de los cielos, habiendo descendido a lo más profundo de la tierra.  Allí está sentado a la derecha del Padre, no el Padre a su derecha.  Allí le vio Esteban cuando le apedreaban, todavía de pie a la derecha de Dios,... Y, mientras tanto, el mismo derramó el don recibido del Padre, el Espíritu Santo, la tercera persona de la divinidad y el tercer grado de la suma majestad, predicador de la monarquía unitaria e intérprete de la economía divina para aquel que dé oído a la nueva profecía que se contiene en sus palabras.  El es el guía de toda verdad, la cual se encuentra en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo:  éste es el misterio Cristiano.  Es propio de las creencias judaicas creer de tal modo en un solo Dios, que no quieras poner al Hijo junto a él, y además del Hijo el Espíritu.  ¿Qué diferencia hay entre los judíos y los cristianos, sino ésta?  ¿Qué necesidad teníamos del Evangelio, que es la esencia del Nuevo Testamento, y que declara que la ley y los profetas se extienden hasta Juan, si no sacamos de él que los tres en quienes creemos, el Padre, el Hijo y el Espíritu, no constituyen más que un solo Dios?...”- [Contra Práxeas, 30-31, José Vives, “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 389-390; negrillas mías, jr].

 

En el tratado de Tertuliano “Contra Práxeas”, hereje monarquianista, Tertuliano defiende la doctrina trinitaria con fórmulas que preludian el definitivo pensamiento agustiniano en esta manera:  aunque se encuentra todavía con dificultades de expresión por falta de un lenguaje teológico preciso, Tertuliano expresa la verdadera unidad de naturaleza y de sustancia en Dios juntamente con la verdadera trinidad de personas, y al combatir el monarquianismo no cae, como los padres Griegos, en expresiones de tendencia subordinacionista.

Citemos otros apartes de Tertuliano en “Contra Práxeas, para que usted amado lector, saque sus propias conclusiones:

 

“La herejía de Práxeas piensa estar en posesión de la pura verdad cuando profesa que para defender la unicidad de Dios hay que decir que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son lo mismo.  Como si no se pudiera admitir que los tres sean uno por el hecho de que los tres proceden de uno por unidad de sustancia, manteniendo el misterio de la economía divina, que distribuye la unidad en la trinidad, poniendo en su orden el Padre, el Hijo y el Espíritu.  Son tres, no por la cualidad, sino por el orden; no por la sustancia, sino por la forma, no por el poder, sino por el aspecto; pues los tres tienen una sola sustancia, una sola naturaleza y un mismo poder, porque no hay más que un solo Dios, a partir del cual, en razón del rango, la forma y el aspecto, se dan las designaciones de Padre, Hijo y Espíritu Santo; y aunque se distinguen en número, no por eso están divididos” - [Contra Práxeas, 2, 3-4; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 379; negrillas mías, jr].

 

Dice también en otro aparte:

 

“El Hijo promete que, cuando haya subido al Padre, le pedirá que envíe el Paráclito, y lo enviará.  Nótese que es `otro’...  Además dice:  `El tomará de mí’ (Juan 14:16), como él toma del Padre.  De esta forma la conexión entre el Padre y el Hijo por una parte, y entre el Hijo y el Paráclito por otra, hace una serie coherente de tres, en la que uno depende de otro.  Estos tres son una sola cosa, pero no una sola persona, como está escrito:  `Yo y el Padre somos una sola cosa’ (Juan 10:30), con referencia a la unidad esencial, no a la individualidad numérica” - [Contra Práxeas, 25; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 381; negrillas mías, jr].

 

“... Por tanto, fue el Hijo quien juzgó al mundo desde el principio:  él destruyó aquella torre soberbia y confundió las lenguas, castigó el orbe con la venida de las aguas, hizo llover fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra, siendo Dios de Dios.  El era quien bajaba siempre a hablar con los hombres, desde Adán hasta los patriarcas y los profetas, en visiones y sueños, en imágenes y enigmas, siempre preparando ya desde el comienzo aquel orden que había de conseguir en los tiempos finales.  De esta suerte, constantemente estaba Dios aprendiendo a conversar con los hombres en la tierra:  un Dios que no era otro que la Palabra que tenía que hacerse carne.  Aprendía así, para disponernos a nosotros para la fe, pues más fácilmente creeríamos que el Hijo de Dios había descendido al mundo, si habíamos conocido que antes ya había acontecido algo semejante.  Todo esto, así como `fue escrito para nosotros’ se hizo también por nosotros `por aquellos a quienes sobrevino el fin de los tiempos’ (1 Cor. 10:11).  De esta suerte, ya desde entonces empezó a experimentar los afectos propios del hombre, ya que él tenía que asumir los elementos del hombre, la carne y el alma ... Estas cosas convenían al Hijo, que tenía que someterse aun a las pasiones humanas, a la sed, el hambre, las lágrimas, incluso el nacimiento y la muerte, en lo cual el Padre `lo hizo un poco inferior a los ángeles’ (Sal. 8:6)” - [Contra Práxeas, 16; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 383; negrillas mías, jr].

 

“Dios no hubiese podido entrar en trato con los hombres, si no hubiese tomado sentimientos y afectos humanos.  Así moderaba con humildad el poder de su majestad, que hubiera sido intolerable a la pequeñez humana.  Lo que parece indigno de Dios, era necesario para el hombre, y por eso era también digno de Dios, ya que nada es tan digno de Dios como la salvación del hombre...  Si el Dios supremo con tanta humildad abajó la excelencia de su majestad que se sometió a la muerte y muerte de cruz, ¿por qué no admitís que el Dios del Antiguo Testamento se abajase en ciertas cosas mucho más soportables que los insultos, el patíbulo y el sepulcro que había de recibir de los judíos? .... Que nadie vio al Padre, lo atestigua el mismo Evangelio común, pues dice Cristo:  `Nadie conoce al Padre sino el Hijo’ (Mat. 11:27).  El mismo había dicho en el Antiguo Testamento:  `Nadie que vea a Dios vivirá’ (Ex. 33:20).  Con esto declara que el Padre es invisible, y en su nombre y autoridad era Dios aquel que era tenido por Hijo de Dios .... En él se han mezclado Dios y el hombre.... Dios se pone a vivir a la manera humana, para que el hombre aprenda vivir de manera divina.  Dios se pone al nivel del hombre, para que el hombre pudiera ponerse al nivel de Dios.  Dios se hizo pequeño, para que el hombre adquiriera su grandeza.  Si crees que esto es indigno de Dios, no sé si crees en un Dios crucificado.  Vuestra perversidad es indecible frente a ambas maneras de manifestarse del creador ....” - [Contra Marcio, 2,27; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 384-385; negrillas mías, jr].

 

El misterio de la Encarnación es explicado magistralmente por Tertuliano en el tratado De Carne Christi, en el que combate las tendencias docetistas siempre amenazantes.  Por ejemplo:

 

“O confiesas que en el Dios crucificado está la sabiduría, o vale más que no lo admitas para nada ... Si no tiene carne, Cristo no puede ser denominado hombre; si no procede de un ser humano, no puede ser llamado hijo del hombre, de la misma manera que no es Dios sin el Espíritu de Dios, ni Hijo de Dios si Dios no es su Padre.  Así pues, el origen de una y otra sustancia revela que es a la vez Dios y hombre:  bajo un aspecto, nacido; bajo otro, no nacido; bajo un aspecto, carnal; bajo otro, espiritual, bajo uno, débil; bajo otro, fuerte en extremo; bajo uno mortal; bajo otro, viviente.  Estas propiedades de sus dos maneras de ser (condiciones), la divina y la humana, se señalan como igualmente verdaderas para una y otra naturaleza, el Espíritu y la carne.  Con la misma credibilidad, el poder del Espíritu de Dios prueba que Cristo es Dios...” - [De Carne Christi, 6, 3-6; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 387-388; negrillas mías, jr].

 

Tertuliano no solo creía en la Trinidad, formuló la terminología básica usada en las expresiones formales de la doctrina.  La palabra Trinidad, también como la distinción entre «un Dios» y «tres personas» fueron desarrolladas primero por Tertuliano.  Escribió explícitamente de «una trinidad de una divinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo».12

El folleto de los TJ, “¿Debería Creer Usted en la Trinidad?”, cita a Tertuliano como diciendo, «El Padre se diferencia del Hijo (otro), pues es mayor; porque el que engendra difiere del que es engendrado; el que envía difiere del que es enviado» (Pág. 7).  Esto es trinitarismo clásico.  El punto de tertuliano era que el Padre y el Hijo eran dos personas distintas.  Como fue señalado en nuestra discusión del significado de la Trinidad, los TJ comúnmente malentienden la Trinidad para enseñar que el Padre es el Hijo.

El folleto también cita a Tertuliano como diciendo, «Hubo un tiempo en que el Hijo no existía. [...] Antes de todas las cosas, Dios estaba solo».  Ciertamente, la expresión «hubo un tiempo en que el Hijo no existía» no fue usada por Tertuliano mismo.  Más bien, esta fue una expresión usada por un escolar moderno para resumir una declaración hecha por Tertuliano,13 quien argumentaba que Dios fue siempre Dios, pero no siempre Padre del Hijo:  «Porque El no podía haber sido el Padre previo al Hijo, no un juez previo al pecado».14  En vista de que en otra parte Tertuliano hace claro que considera la persona del Hijo como eterna, en esta declaración Tertuliano está probablemente afirmando que el título de «Hijo» no se aplicó a la segunda persona de la Trinidad hasta que empezó la relación con el «Padre» como un «Hijo» en la obra de la creación.15

La declaración «antes de todas las cosas, Dios estaba solo», aparece en una obra totalmente diferente por Tertuliano, en la que declara que la «Razón» de Dios era el Verbo antes de su actividad en la creación, y de esta manera que esta persona llamada Razón existía eternamente junto a Dios:  «Porque antes de todas las cosas, Dios estaba solo ... Sin embargo, ni siquiera entonces estuvo solo; porque tenía con El a ese que poseía en Sí mismo, es decir, Su propia Razón ... Aun entonces antes de la creación del universo Dios no estaba solo, en vista de que tenía dentro de Sí mismo a ambos, la Razón, y la Razón inherente, Su Verbo ...»16  Este Verbo es el Hijo, igual a Dios, no obstante segundo al Padre funcionalmente:  «De esta manera El [el Padre] lo hace [al Hijo] igual a El ... mientras yo reconozco al Hijo, afirmó Su distinción como segundo al Padre [énfasis añadido]».17

De esta manera, aunque su lenguaje algunas veces era inconsistente, Tertuliano creyó claramente en la Trinidad.  En un intento desesperado por negar esta verdad, el folleto de los TJ declara: 

Sin embargo, esto [el uso de la palabra trinitas por Tertuliano] en sí mismo no prueba que Tertuliano enseñara la Trinidad.  Por ejemplo, la obra católica Trinitas — A Theological Encyclopedia of the Holy Trinity (Trinitas — Una Enciclopedia Teológica de la Santísima Trinidad) señala que ciertas palabras de Tertuliano fueron usadas después por otros para describir la Trinidad.  Entonces advierte:  «Pero nadie puede sacar conclusiones precipitadas basándose en el uso, pues él no aplica esas palabras a la teología trinitaria» [¿Debería Creer Usted en la Trinidad?, Págs. 5-6]. 

Uno supondría de este argumento que la obra Católica Trinitas está diciendo que Tertuliano no uso la palabra trinitas («Trinidad») de Dios en un contexto trinitario.  Pero esto es absolutamente falso.  En realidad, la enciclopedia está diciendo que Tertuliano no uso el grupo de palabras sustancia con referencia la Trinidad.  Nótese lo que la obra realmente dice: 

El gran Africano adaptó el lenguaje Latín de la Trinidad, y muchas de sus palabras y frases quedaron permanentemente en uso:  las palabras Trinitas y persona, las fórmulas «una sustancia en tres personas», «Dios de Dios, Luz de Luz».  Usa la palabra sustancia 400 veces, tal como usa consubstantialis y consubstantivus, pero conclusiones precipitadas no pueden ser sacadas del uso, porque él no aplica las palabras a la teología Trinitaria.18  

Uno solamente puede concluir que el escritor o escritores del folleto de los TJ estaba duramente presionado a encontrar evidencia sólida para su creencia de que la Trinidad fue desarrollada casi dos siglos después de Tertuliano.

Hipólito

El folleto de los TJ cita a Hipólito como diciendo que Dios estaba «solo por sí mismo» y «llamó a la existencia lo que no existía antes».  Esto concuerda plenamente con la creencia trinitaria.  Pero luego el folleto dice que Hipólito incluyó entre aquellas cosas que Dios llamó a la existencia «a Jesús, quien fue creado mucho antes de que viviera como humano» (Pág. 7).  Esto no es solo incorrecto, sino que contradice rotundamente la propia enseñanza de Hipólito en el mismo contexto en el que hizo estas declaraciones.  Hipólito escribe:  «Dios, subsistiendo solo, y no teniendo nada contemporáneo con El mismo, determinó crear el mundo ... no había nada contemporáneo con Dios.  Además de El no había nada; pero El, mientras existía solo, no obstante, existía en pluralidad [énfasis añadido]».19

Esta pluralidad consiste del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, como lo declara Hipólito en el parágrafo anterior: 

Por tanto, un hombre, aun cuando no quiera, está obligado a reconocer a Dios el Padre Todopoderoso, y a Cristo Jesús el Hijo de Dios, quien, siendo Dios, se hizo hombre, a quien también el Padre sujetó todas las cosas, exceptuándose El mismo, y al Espíritu Santo; y que estos, por tanto, son tres.20 

Hipólito aun declara que la Biblia llama a «Cristo el Todopoderoso»21 y que «Cristo es el Dios sobre todo».22  Por tanto, es innegable que los TJ han mal representado la enseñanza de Hipólito.

Atenágoras

 

Una de sus obras “Súplica en Favor de los Cristianos” fue escrita hacia el año 177 e iba dirigida a los emperadores Marco Aurelio Antonino y Lucio Aurelio Cómodo, con el intento de mostrar que las doctrinas de los cristianos eran plenamente razonables y su modo de vida inocente.  En particular se ocupa de refutar tres de las calumnias más graves de que se acusaba a los cristianos:  la de que son ateos, pues no dan culto a los dioses comúnmente reconocidos; la de que practicaban el canibalismo, y la de que se entregan a uniones incestuosas.  Para ello explica  la naturaleza una y trina del Dios de los cristianos y la gran elevación moral de su modo de vida.

 

“... Realmente uno no puede menos de maravillarse al oir llamar ateos a los que admiten que a un Dios Padre, y a un Dios Hijo y a un Espíritu Santo, mostrando su potencia en la unidad y su distinción en el orden ...” - [Suplica en Favor de los Cristianos, cap. 8-10; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 89, negrillas mías, jr].

 

Atanasio

 

La vida de Atanasio es una verdadera odisea de sufrimientos en defensa de la fe trinitaria.  Nacido en Alejandría en 295.  Murió lleno de gloria y en plena posesión de su sede el año 373.  En cuanto a su enseñanza con respecto a la Trinidad, tenemos:

 

“Existe, pues, una  Trinidad santa y completa, de la que se afirma que es Dios, en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  En ella no se encuentra ningún elemento extraño; no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, consistente e indivisible por naturaleza, siendo su actividad única ... Así en la Iglesia se predica un solo Dios `que está sobre todos, por todos y en todos’ (Comp. Efe. 4:6):  `sobre todos’, en cuanto Padre, principio y fuente; `por todos’, por el Verbo; `en todos’, en el Espíritu Santo.  Es una verdadera Trinidad no sólo de nombre y por pura ficción verbal, sino en verdad y realidad.  Así como el Padre es el que es, así también su Verbo es el que es y Dios soberano ...” - [Ad Serapionem, i,28; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 440-441; negrillas mías, jr].

 

“... Por esto con razón habiendo dicho primero `Yo y el Padre somos uno’ (Juan 10:30), añadió:  `Yo en el Padre y el Padre en mí’ (Juan 14:10):  así manifestó la identidad de la divinidad y la unidad de su naturaleza.

Sin embargo, son uno pero no a la manera con que una cosa se divide luego en dos, que no son en realidad más que una; ni tampoco como una cosa que tiene dos nombres, como si la misma realidad en un momento fuera Padre y en otro momento Hijo.  Esto es lo que pensaba Sabelio, y fue condenado como hereje.  Se trata de dos realidades, de suerte que el Padre es Padre, y no es Hijo; y el Hijo es Hijo, y no es Padre.  Pero su naturaleza es una; pues el engendrado no es desemejante con respecto al que engendra, ya que es su imagen, y todo lo que es del Padre es del Hijo.  Por esto el Hijo no es otro dios, pues no es pensado fuera (del Padre):  de lo contrario, si la divinidad se concibiera fuera del Padre, habría sin duda muchos dioses.  El Hijo es ‘otro’ en cuanto es engendrado, pero es ‘el mismo’ en cuanto es DiosEl Hijo y el Padre son una sola cosa en cuanto tienen una misma naturaleza propia y peculiar, por la identidad de la divinidad única....  Así también la divinidad del Hijo es la del Padre, y por esto es indivisible ella.  Por esto Dios es uno, y no hay otro fuera de él.  Y siendo los dos uno, y única su divinidad, se dice del Hijo lo mismo que se dice del Padre, excepto el ser Padre”.  [Oraciones Contra Arrio, Ar. iii, 3-4; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 441-442; negrillas mías, jr].

 

“Dios existe desde la eternidad; y si el Padre existe desde la eternidad, también existe desde la eternidad lo que es su resplandor, es decir, su Verbo ...” - [Oraciones Contra Arrio, i, 25-26; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 445].

 

“El Apóstol escribe a los filipenses:  `Sentid entre vosotros lo mismo que Jesucristo, el cual siendo Dios por su propia condición ... y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre’ (Fil. 2:5-11).  ¿Qué podía decirse más claro y más explícito?  Cristo no pasó de ser menos a ser más, sino al contrario, siendo Dios, tomó la forma de esclavo, y al tomarla no mejoró su condición, sino que se abajó.  ¿Dónde se encuentra aquí la supuesta recompensa de su virtud?  ¿Qué progreso o qué elevación hay en este abajarse?  Si siendo Dios se hizo hombre, y si al bajar de la altura dice que es exaltado, ¿a donde será exaltado siendo ya Dios?  Siendo Dios el Altísimo, es evidente que su Verbo es también necesariamente Altísimo.  ¿Qué mayor exaltación pudo recibir el que ya está en el Padre y es en todo semejante al Padre?  No tiene necesidad de ningún incremento, ni es tal como lo imaginan los arrianos.  Está escrito que el Verbo tuvo antes que abajarse para poder ser exaltado.  ¿Qué necesidad tenía de abajarse para conseguir así lo que ya tenía antes?  ¿Qué don tenía que recibir el que es dador de todo don?... Esto no es enigma, sino misterio de Dios:  `En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios’ (Juan 1:1).  Pero luego, este Verbo se hizo carne por nuestra causa.  Y cuando allí se dice `fue exaltado’, se indica una exaltación de la naturaleza del Verbo, puesto que esta era y es eternamente idéntica con Dios, sino una exaltación de la humanidad.  Estas palabras se refieren al Verbo ya hecho carne, y con ello está claro que ambas expresiones `se humilló’ y `fue exaltado’ se refieren al Verbo humanado ...” - [Oraciones Contra Arrio, i, 41; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 447-448; negrillas mías, jr].

 

“Los arrianos corren el peligro de perder la plenitud del sacramento del bautismo.  En efecto, la iniciación se confiere en nombre del Padre y del Hijo; pero ellos no expresan al verdadero Padre, ya que niegan al que procede de él y es semejante a él en sustancia; y niegan también al verdadero Hijo, pues mencionan a otro creado de la nada, que ellos han inventado.  El rito que ellos administran ha de ser totalmente vacío y estéril, y aunque mantenga la apariencia es en realidad inútil desde el punto de vista religioso.  Porque ellos no bautizan realmente en el Padre y en el Hijo, sino en el Creador y en la criatura, en el Hacedor y en su obra.  Pero, siendo la criatura otra cosa distinta del Hijo, el bautismo que ellos pretenden administrar es distinto del bautismo verdadero, por más que profesen nombrar al Padre y el Hijo de acuerdo con la Escritura.  No basta para conferir el bautismo decir:  `¡Oh Señor!’, sino que hay que tener al mismo tiempo la recta fe.  Y ésta fue la razón por la que nuestro Salvador no mandó simplemente bautizar, sino que dijo primero:  `Enseñad’, y sólo luego: `Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’.   Porque de la instrucción nace la recta fe, y una vez se da la fe puede realizarse la iniciación del bautismo ...” - [...” [Oraciones Contra Arrio, ii, 42-43; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 462-463; negrillas mías, jr].

 

Orígenes

 

Nació probablemente en Alejandría, de padres cristianos, hacia el año 185, y hubo de recibir una amplia educación con el estudio tanto de las Escrituras cristianas como de la literatura y filosofía del helenismo pagano.  Murió en Tiro en 253.

Con respecto a la Trinidad, la Divinidad del Verbo, y la personalidad del Espíritu Santo, enseñó:

 

“Puede preguntarse por qué cuando un hombre viene a renacer para la salvación que viene de Dios (en el bautismo) hay necesidad de invocar al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, de suerte que no quedaría asegurada su salvación sin toda la Trinidad ...” - [De Principiis, i, 3,5; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 266-267; negrillas mías, jr].

 

El pensamiento teológico de Orígenes más sistemático está expuesto en el grandioso tratado De Principiis, conservado en traducción latina.  En él pretende Orígenes, en primer lugar, ofrecer lo que era patrimonio doctrinal de la Iglesia recibido por tradición.

 

Su preocupación principal es la de hacer que la doctrina de la Escritura y de la tradición eclesiástica pudiera llegar a ser comprensible y aceptable a los hombres de su tiempo.  Con la misma preocupación, y con un tono más directamente apologético, escribió su tratado Contra Celso, filósofo pagano que había escrito un largo escrito atacando la doctrina y el modo de vida de los Cristianos.  Orígenes le refuta punto por punto, tomando a veces ocasión de los ataques de Celso para exponer libremente sus propios puntos de vista acerca de la doctrina Cristiana.

 

“Aquel a quien tenemos por Dios e Hijo de Dios, y en quien creímos como tal desde el principio, él es el Logos mismo ...” - [Contra Celso, iii, 41; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 313; negrillas mías, jr].

 

“... Por esto no es verdad lo que pretenden Celso y otros que se le parecen, que nuestro Dios cambió de forma cuando subió al monte elevado (Mat. 17:2; Marc. 9:23), mostrando otra forma de sí mismo muy superior a la que podían ver los que se quedaron abajo y no pudieron seguirle hasta la cumbre.  Los de abajo no tenían ojos capaces de contemplar la transformación del Verbo en la gloria de la divinidad, sino que con dificultad llegaban a admitirlo tal como era ...” - [Contra Celso, iv, 15-16; José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 314; negrillas mías, jr].

 

Con respecto al Espíritu Santo escribió:

 

“`El Espíritu sopla donde quiere’ (Juan 3:8).  Esto significa que el Espíritu es un ser sustancial, no, como algunos pretenden, una simple actividad de Dios sin existencia individual.  El Apóstol, después de enumerar los dones del Espíritu, prosigue:  `Y todas estas cosas proceden de la acción de un mismo Espíritu, que distribuye a cada individuo según su voluntad’ (1 Cor. 10:12).  Por tanto, si actúa, quiere y distribuye, es un ser sustancial activo, y no una mera actividad” - [Del Comentario a San Juan, 37; - José Vives - “Los Padres de la Iglesia”, Pág. 265].

 

“El Espíritu mismo está en la ley y en el Evangelio:  él está eternamente con el Padre y el Hijo, y como el Padre y el Hijo existe siempre, existió y existirá - [Del Comentario a los Romanos, 6-7; José Vives - Pág. 265; negrillas mías, jr].

 

Orígenes, como previamente se mencionó, eventualmente fue considerado como hereje.  Aunque la causa para este juicio no fue su enseñanza sobre la Trinidad, la iglesia siempre ha considerado la forma de Orígenes de explicar la Trinidad muy útil en algunos aspectos y completamente equivocados en otros.

Por un lado, Orígenes creía claramente en alguna forma de la Trinidad.  Edmund J. Fortman demuestra este hecho con varias citas breves de Orígenes:  

«Nosotros, no obstante, estamos persuadidos de que hay realmente tres personas [treis hipostaseis], el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo» (Jo. 2.6).  Para él «las declaraciones hechas con respecto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo deben ser entendidas como transcendiendo el tiempo, todas las épocas, y toda la eternidad» (Princ. 4.28), y no hay «nada que no fuera hecho, salvo la naturaleza del Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo» (Princ. 4.35).  «Además, nada en la Trinidad puede ser llamado más grande o más pequeño» (Princ. 1.3.7).23  

Por otro lado, Orígenes no era ortodoxo en otros aspectos de su enseñanza sobre la Trinidad.  Tendió a observar a las tres personas mas o menos como tres Dioses, aunque sin en algún momento colocándolo así, y (inconsis-tentemente) sostenía que el Hijo y el Espíritu, aunque lejos de ser seres superiores a algunas criaturas, eran inferiores al Padre.  De esta manera también sostenía que la adoración u oración debía ser dirigida al Hijo o al Espíritu.24

En resumen, la visión de Orígenes de Dios tenía similitudes al trinitarismo ortodoxo y a la doctrina de Dios por parte de los TJ.  A diferencia de los Testigos, Orígenes creía que el Hijo era eterno e increado, y definitivamente consideraba al Espíritu como una persona.  Pero, como los Testigos, consideraba al Hijo como un Dios secundario, inferior al Dios Todopoderoso.

Bien pueda el lector juzgar todas estas citas de los llamados “Padres de la Iglesia” y sacar sus propias conclusiones.

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Anotaciones al Pie

1. Justino Mártir, Primera Apología 63, en The Ante-Nicene Fathers:  Translations of the Writings of the Fathers Down to A.D. 325, ed. Alexander Robert y James Donaldson, ed. rev. A. Cleveland Coxe (Gran Rapids:  Williams B. Eerdmans Publishing Co., 1969 reprint [orig. 1885]), 1:184; desde aquí en adelante citado como ANF.

2. Justino Mártir, Diálogo Con Trifo 36, en ANF, 1:212.

3. Ibíd., 128, en ANF, 1:264.

4. Justino Mártir, Primera Apología 6, en ANF, 1:164.

5. Ibíd., 16,17, en ANF, 1:168.

6. Ireneo, Contra las Herejías 1.10.1, en ANF, 1:330

7. Ibíd, en ANF, 1:417.

8. Clemente de Alejandría, Exhortación a los Gentiles, 19, en ANF, 2:202.

9. Clemente, El Instructor, 1.8, 1.11, en ANF, 2:227,234.

10. Clemente, Exhortación a los Gentiles 12, en ANF, 2:206.

11. Clemente, Stromata 5.1, en ANF, 2:444.

12. Tertuliano, De Pudicitia 21, citado en Fortman, El Dios Trino:  Un Estudio Histórico de la Doctrina de la Trinidad (Filadelfia:  Westminster Press, 1972), 112.

13. «Elucidations», en ANF, 3:629.

14. Tertuliano, Contra Hermógenes 3, en ANF, 3:478.

15. «Elucidations», en ANF, 3:629-30.

16. Tertuliano, Contra Práxeas 5, en ANF, 3:600-601.

17. Ibíd., 7, en ANF, 3:601,602.

18. Michael O’Carroll, Trinitas:  Una Enciclopedia Teológica de la Santísima Trinidad (Wilmington, Del.: Michael Glazier, 1987), 208.

19. Hipólito, Contra Noetus 10, en ANF, 5:227.

20. Ibíd., 8, en ANF, 5:226.

21. Ibíd., 6, en ANF, 5:225.

22. Hipólito, La Refutación de Todas las Herejías 10.30, en ANF, 5:153.

23. Edmund J. Fortman, El Dios Trino:  Un Estudio Histórico de la Doctrina de la Trinidad (Filadelfia:  Westminster Press, 1972), 58.

24. Ibíd., 56.

 

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