CAPITULO 25 

JUAN 3:34 — EL ESPIRITU SIN MEDIDA

 

“Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida”.  Para entender este pasaje, debemos determinar a quien se refiere el pronombre en la frase “el que Dios envió”.  La idea mas común es que es Jesús.  Es dicho que Dios le dio el espíritu “sin medida”, implicando que Dios le dio el espíritu “con medida” a los demás.  Jesús podía “hacer todo esto” por el Espíritu Santo.  Los apóstoles, por otro lado, recibieron la “medida bautismal”, etc.  Otros, a través de la imposición de las manos, recibieron la “medida de hablar en lenguas”, o la “medida de profecía”, etc.  Sin embargo, esa posición requiere varias suposiciones que no creo se encuentren en el contexto.  Este empieza con Juan 1:6-8:  

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.  Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen en él.  No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz”.

 

Todos estamos familiarizados con la venida de Juan el Bautista por la profecía como el precursor, anunciador, y preparador del camino de Jesús (Mat. 3:1-12).  Los pasajes anteriores muestran que él fue enviado (apostello) con una comisión para actuar como agente de Dios, testificando que Jesús era el Hijo de Dios.  Un hecho consistente, y bien conocido, de la enseñanza Bíblica es que, para determinar la verdad de algo, es requerido mas de un testimonio.  En Juan 5:31,  Jesús dice:  “Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero”.  El testimonio de Jesús sólo no era suficiente.  Esto es visto nuevamente en Juan 8:13 - “Entonces los fariseos le dijeron:  Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero”.  Un segundo testimonio era necesario.  El testimonio de Juan el Bautista era temporal, por tanto el segundo testimonio se convirtió en las obras que Jesús hizo del Padre.  No obstante, por ese corto tiempo, Juan fue el segundo testimonio para la persona de Jesús.  En Juan 5:33, Jesús dice:  “Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad”.  Esto nos refiere atrás al evento registrado en Juan 1:19 y Sig.  Allí, hasta el v.34, Juan testifica como testigo de quien era Jesús realmente.  Lo que Juan habló fue revelación de Dios por el Espíritu Santo.

 

Juan 3:26-30 describe a los discípulos de Juan preguntándole acerca de Jesús “de quien tú diste testimonio”.  Juan testifica nuevamente acerca del Señor siendo el Cristo.  Juan luego dice, v.31-32, “... el que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos.  Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio”.  Jesús atestiguó de Sí mismo, testificando lo que había visto y escuchado en el cielo.  Nótese el contraste entre la forma en que Jesús podía testificar y la forma en que lo otros lo hicieron, tal como Juan.  Juan habló por revelación lo que le fue dicho que dijera.  Jesús testificó lo que había visto y oído, una cuestión de experiencia registrada.

 

En el v.27, Juan dice que “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo”.  Esa es la forma en que esto es con los hombres.  No obstante, Jesús vino del cielo y es sobre todos.  El testifica lo que ha visto y oído.

 

Juan  dijo en el v.32 que “nadie recibe su testimonio”.  En el versículo siguiente añade:  “El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz”.  Juan está hablando de sí mismo.  El está hablando en el mismo sentido de “recibir” como en el versículo 27, el cual dice que el hombre no puede “recibir” nada a menos que le sea revelado del cielo.  Nuevamente, Juan habló por revelación, esto fue “dado del cielo”.

Esto nos trae al v.34 - “Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida”.  La palabra “porque” introduce una razón para la declaración precedente.  La persona en el v.33 que ha “recibido su testimonio” y coloca su testimonio sobre este, es la misma persona en el v.34 que es “el que Dios envió” que “las palabras de Dios habla”.  El sujeto en ambos pasajes es Juan.  Era enviado de Dios (Juan 1:6-8).  Juan “recibió” su información de Dios, y por tanto puede “hablar las palabras de Dios”.  Siendo un hombre inspirado, Juan podía “atestiguar” a este testimonio para certificar que era verdad, por tanto, había dos testimonios.  Esto es exactamente lo que Juan hizo (Juan 1:19-34; 3:26-30).  Nuevamente, nótese la diferencia sacada entre lo que se dice acerca de Jesús, y luego de Juan.  En el v.32, dice que el de arriba, Jesús, testificó lo que “había visto y oído”.  La persona en el v.33-34 habló por revelación por medio del Espíritu.  Por el contexto, el v.34 no puede referirse a Jesús.

 

Por tanto, Juan el Bautista es “el que Dios envió” quien “las palabras de Dios habla” en el v.34.  Sin embargo, el  “que Dios envió”, en el v.34, es al que le fue dado “el Espíritu sin medida”.  Por tanto, Juan el Bautista fue el que recibió el Espíritu sin medida.  Nótese que cuando dice “pues” no da el Espíritu por medida, se esta refiriendo a no dar el espíritu por medida al hablar las palabras de Dios.

 

Todo eso que recibe del Espíritu sin medida significa que a Juan le fue dado por revelación todo lo que necesitaba saber para hacer el trabajo que le fue dado.  Podríamos decir esto como “Dios no da el Espíritu parcamente, o con medida insuficiente”.  Juan pudo testificar plena y completamente como testigo, hablando las palabras de Dios, porque Dios no da el Espíritu por medida.  Este hecho es verdad  cada vez que el Espíritu hizo algo.  El Espíritu no fue dado en una forma insuficiente a los Apóstoles en la revelación, ejecución de milagros, o en cualquier otra cosa que hicieron.

 

Alguien en el pasado apareció con la conclusión de que Juan 3:34 se refería a Jesús.  Por tanto, este se refiere a Jesús teniendo todo el poder que el Espíritu Santo pudiera dar, mientras que los Apóstoles y los demás, recibieron el Espíritu “por medida”.  Jesús lo obtuvo “sin medida”, los otros “con medida”.  Por tanto, debemos referirnos a la “medida bautismal” del Espíritu Santo, o a la “medida de los dones espirituales”, etc.  No obstante, todo eso es afirmado de una supuesta implicación basada en una interpretación de Juan 3:34.

 

Alguien podría invocar rápidamente 1 Corintios 13:  “Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará”.  Sin embargo, esto solamente se refiere a los dones espirituales que eran de naturaleza temporal, dados hasta que el Nuevo Testamento pudiera ser colectado en su forma final.  Entonces los dones cesarían.  Esto no implica en algo tal cosa como las “medidas” del Espíritu, ni alguna insuficiencia en la obra del Espíritu.  El les dio todo lo necesario para obrar tales milagros.

 

Tampoco las “muchas veces y las muchas maneras” de Hebreos 1:1 tienen algo que ver con la “medida del Espíritu”.  Eso solamente se refiere a la entrega de la revelación a diferentes personas, en diferentes tiempos, en diferentes formas.  De otra manera, tendríamos “diferentes medidas” dentro de la sola revelación.  Esa idea ni aun está implicada.

 

Cualquier otra cosa que pudiera ser dicha acerca de las diferentes formas en que el Espíritu ha obrado, Juan el Bautista fue enviado específicamente de Dios para dar testimonio de Jesús por la revelación por medio del Espíritu Santo.  Juan recibió todo lo que necesitó para hacer lo que le fue enviado a hacer.  Eso es lo que Juan 3:34 no está diciendo.

 

[Gospel Anchor, Vol. 17, Pág. 191, Maurice Barnett].

 

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