CAPITULO 20

 

HIJO DE DIOS1

 

Hay varios cientos de nombres y títulos atribuidos a Dios en la Biblia.  Cada uno tiene especial significado.  Isaías 9:6 dice:  “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombre; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.  Este pasaje mira a nuestro Señor en varias formas.  Habla del tiempo cuando el niño nacería, la venida de Jesús al mundo.  A causa de la posición y características descritas aquí, sería diferente a cualquier niño jamás nacido, y un hijo distinto a cualquier progenie de la humanidad.  Jesús era ciertamente eso.  Sin embargo, debe ser entendido que Jesús fue referido como “hijo” en el Antiguo Testamento solamente en profecía.  Eso es, no fue hijo, en algún sentido, hasta que vino como Jesús.

 

Hay varios significados de la palabra “Hijo” en la Biblia.  Por supuesto, el nació físicamente de  María y como tal ella es referida como su madre, y él, como su hijo; fue asumido que él había sido hijo de José (Lucas 3:23).  En tales pasajes la palabra significa  descendencia.  Este uso de descendencia física con respecto a Jesús es muy limitado, y debe ser entendido a la luz de lo que él fue en realidad y a las  circunstancias de su nacimiento.  Otros usos de “hijo” son mucho más importantes.  Aún “hijo de Dios” tiene un significado general.  Aparece al principio en la Biblia, como en Génesis 6:2,4 en plural, “hijos de Dios”.  En Job 1:6; 2:1, los ángeles son referidos como los “hijos de Dios”.  Luego, en el Salmo 82, los jueces de  Israel son  llamados ambos, “hijos” y “dioses”, pero observaremos eso más cercanamente en Juan 10.  Jesús era “Hijo” en formas únicas y el “Hijo de Dios” en un sentido muy específico.

“Hijo Unigénito”2  — Posición de Autoridad

 

El Salmo 2 es una profecía de la venida de Cristo.  Varias cosas son dichas acerca de él las cuales están todas conectadas con su calidad de hijo, el tiempo de su resurrección y los eventos  que inmediatamente siguieron.

 

Primero:  A través del Salmo, es dicho que tendrá dominio universal, autoridad; todo estaría sujeto a él.  Como se notó anteriormente, Isaías 9:6 dice de este “hijo nos es dado”, que el principado sería sobre su hombro.  1 Corintios 15:27-28 y Hebreos 2:8-9 hablan también de todas las cosas en sujeción a él.  El tiempo del cumplimiento para el Salmo 2 es en los eventos circunstantes a su resurrección.  Efesios 1:19-23 nos dice acerca de que “la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos”.  El fue puesto “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero”.

 

Segundo:  Se convertiría en Rey “Sobre Sion, mi santo monte” (Salmo 2:6).  Jesús como el Rey sobre su Reino es claramente enseñado en el Nuevo Testamento.  El tiempo en que se convertiría en Rey no es en el futuro, como lo demanda el Premilenarismo.  Nuevamente, esto fue conectado con los eventos de su resurrección de la muerte.  Hechos 2:29-31 dice que él se sentaría en el trono de David y, “Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo”.  Jesús fue resucitado de los muertos para sentarse en el trono de David, exactamente como lo dice el Salmo 2.

 

Tercero:  Hebreos 5:5 cita el Salmo 2:7 - “Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy”,3 conectando esto con el Sumo Sacerdocio de Jesús.  Ahora, él es como Melquisedec, Sacerdote y Rey al mismo tiempo (Zacarías 6:12-13).  No obstante, Jesús tuvo que ser resucitado de los muertos para convertirse en Sumo Sacerdote (Hebreos 8:4).  Después de su ascensión, Jesús ofreció entonces su propia sangre  por nuestros pecados como Sumo Sacerdote (Hebreos 9:11-26).

 

Cuarto:  El Salmo 2:7 dice:  “Jehová me ha dicho:  Mi Hijo eres tú; Yo te he engendré hoy”.  Este pasaje no se está refiriendo a su nacimiento físico por María aunque fue cumplido dentro del tiempo de su encarnación.  Se refiere a su posición de autoridad y dominio.  El no se convirtió en hijo en este sentido hasta los eventos de su resurrección.

 

En Hechos 13, Pablo está haciendo su defensa ante los Judíos en Antioquía de Pisidia.4  En el curso de esto, analiza la muerte, sepultura y resurrección de Jesús.  El v.33 dice:  “La cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo:  Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy”.  Luego continua discutiendo su resurrección en los versículos siguientes.  El Salmo 2:7 es aplicado al evento de su resurrección.  Jesús fue levantado a una posición de autoridad y dominio.

 

Aún la parte de “engendré” del Salmo no se refiere directamente a origen.  Es parte de un título designando posición.5  Juan 3:16, y otros pasajes, hablan de Jesús como el hijo unigénito de Dios.  Esto es mejor ilustrado por Hebreos 11:17.  Por fe, Abraham ofreció a “su unigénito”.  No obstante, Isaac no era el primer hijo nacido a Abraham; Ismael fue el primero.  Eso también enfatiza que Isaac no fue el único hijo de Abraham.  ¿Cómo, entonces, fue Isaac el unigénito?  Porque Isaac  era a través de quien  vendrían las promesas, él fue el escogido, tenía la posición autorizada por Dios.

 

El término “primogénito”6 como está en  Colosenses 1:15-20 tiene el mismo significado; la posición de autoridad, poder, dominio.  El es “el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29).  El es el “primogénito de la creación” a causa de su autoridad sobre todo lo creado; él fue el creador.  El es el “primogénito de entre los muertos” para declarar su posición de autoridad, para “que en todo tenga la preeminencia”.  Nótese esa conexión en Romanos 14:9 - “Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven”.  Todo esto es algo que requirió su resurrección para llegar a serlo.  Verdaderamente, él fue “declarado Hijo de Dios... por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:4).  Tal conexión con el Salmo 2 es también encontrado en Apocalipsis 1:5, que Jesús es el “primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra ...”

“Hijo de Dios” Como Un Título

 

En algunos pasajes, “Hijo de Dios” es un título, igual a ambos, a “Cristo” y a “Rey de Israel”.  Así lo es en Mateo 16:16 - “Tú eres el cristo, el Hijo del Dios viviente”.  Mateo 26:63 - “... que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios”.  Juan 11:27 - “... tú eres el Cristo, el Hijo de Dios ...”  O, nótese las varias declaraciones hechas en la cruz, mostrando que las personas entendían que los términos eran usados igualmente.  Mateo 27:40 - “... si eres Hijo de Dios, desciende ...”  Mateo 27:43 - “... porque ha dicho:  Soy Hijo de Dios”.  Marcos 15:32 - “El Cristo, el Rey de Israel, descienda ...”  Lucas 23:35 - “... sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios”.  Lucas 23:37 - “... Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo”.  Lucas 23:39 - “... Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”.

“Hijo de Dios”  Significando Divinidad

 

Algunos pasajes solamente pueden ser entendidos a la luz del significado de “Hijo” como demanda de igualdad con Dios, en realidad siendo Dios.  Aún la palabra “padre” tiene el significado de “igualdad con”.  Génesis 4:20 dice que Jabal fue padre de los que moraban en tiendas y criaban ganado.  Esto no quiere decir que todos aquellos que hacen tales cosas son la descendencia directa de Jabal, en algo mas que todos aquellos que usan instrumentos de música tienen a Jubal como su padre físico directo (v.21).  Marcos 3:17 habla de los “hijos del trueno”.  Esto solamente es una referencia a un carácter explosivo.  De igual manera, Lucas 10:6, “hijo de paz” está diciendo un hombre pacífico.  También “hijos de este siglo”, Lucas 20:34, “hijo de perdición”, Juan 17:12, “hijo de consolación”, Hechos 4:36, todo esto nos dice de alguna igualdad en características.

 

En Hechos 13, Pablo se dirige a los Judíos en Antioquía de Pisidia.  Enérgicamente argumenta del Antiguo Testamento que Jesús es el Mesías prometido, siendo ambos, el hijo de David y el hijo de Dios.  Los Judíos podían y deberían haber conocido este hecho por medio de leer el Antiguo Testamento.  Podían haber inferido esto de tales pasajes como Isaías 9:6; 7:14; Jeremías 23:5; Miqueas 5:2.   Ciertamente, Hechos 13:27 dice:  “Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle”.  También dijo en 2 Corintios 3:14-15, “Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.  Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos”.

 

La constante declaración y recitación de los Judíos ha sido Deuteronomio 6:4, “Oye, Israel:  Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”.  Basado en Deuteronomio 13, cualquiera que declarará igualdad con el Dios de Israel o tratará de hacer que los demás fueran tras cualquier otro dios que no fuera Jehová, era culpable de blasfemia y sujeto a lapidación; “otros” dioses no serían tolerados.  Ellos podrían aún aceptar algún “profeta” que predijera señales y maravillas que iban a ocurrir, u obrara cosas maravillosas para contemplar.  La ley especificó que debían matar a tal profeta si trataba de hacer que siguieran a algún otro dios que no fuera Jehová.  La idea que los Judíos tenían acerca del Mesías era que sería un hombre, solamente un hombre, nada mas que un hombre.   Ciertamente sería un hombre excepcional, dotado con todas las bendiciones y cualquier cosa que fuera necesaria para llevar a cabo su obra.

 

Los Judíos estaban buscando simplemente a tal Cristo y de esta manera cayeron víctimas de todo falso Cristo que vino (Mateo 24:24).  Pensaron, quizás, que Juan el Bautista era el Cristo (Juan 1:20-25), aunque también sabían que era simplemente un hombre, el hijo de un sacerdote, Zacarías.  Para los Judíos, esto no era disuasor para ser él el Cristo.  Ciertamente Lucas 3:15 dice:  “Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso   Juan sería el Cristo”.  Juan señaló a Jesús como el prometido que había de venir.  Después de la alimentación milagrosa de los cinco mil, el pueblo quería hacer a Jesús rey por la fuerza (Juan 6:15).  Después de la resurrección de Lázaro, la entrada triunfal a Jerusalén fue asistida con “¡Hosanna!  ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel” (Juan 12:12-19).  En Mateo 22:42-46, cuando Jesús presentó la pregunta a los Judíos:  “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?”, los Judíos no contestaron: “Hijo de Dios”, sino más bien el “hijo de David”.  Cuando Jesús dijo entonces:  “¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor ... si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?”  Ellos no pudieron contestar, porque no consideraban  que el Cristo fuera más que un simple descendiente de David.  Por tanto, cuando Jesús dijo que El mismo era el Hijo de Dios, rechazaron cualquier declaración de ser el Cristo.

 

Jesús sanó a un hombre el día de reposo lo cual impulsó a los Judíos a oponérsele.  Juan 5:17-18 dice:  “Y Jesús les respondió:  Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.  Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”.  Cuando Jesús dijo:  “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”, quiso decir que él tenía tanto derecho a trabajar el día de reposo como lo hacía el Padre.  Eso significó igualdad con el Padre.  Los Judíos entendieron bien la declaración de Jesús.  Buscaron matarlo por blasfemia.

 

Además, el pronombre “su”, en Juan 5:18, no es el pronombre usual que uno esperaría.  Es idios, definido por Thayer, Página 297, como “de una persona  a la que puede ser dicho que pertenece uno,  por encima de todos los demás”.  Dios siendo su padre era único, uno de una clase.  Esta forma es invertida para nosotros en Romanos 8:32 - “El que no escatimó ni a su propio Hijo ...”  Aquí nuevamente, Jesús era “Hijo” en un sentido único, uno de una clase.  Podemos ver este mismo uso en una aplicación diferente en Marcos 4:34 - “... aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo”.  Estos eran “discípulos” en una forma  única en relación a Jesús.  Como muchos otros pasajes nos dicen, los apóstoles eran “discípulos” en una forma que estaba por encima de todos los otros discípulos.

 

Llamando a Dios su propio Padre era la misma cosa que declarar igualdad con Dios.  Esta palabras, isos, significa “igual en calidad o en cantidad: ... declarar para uno mismo  la naturaleza, rango autoridad, que pertenece a Dios, Juan 5:18”, Thayer, Página 307.  Si tal declaración de igualdad con Dios era falsa, entonces ¿por qué  Jesús no corrigió inmediatamente el error de los Judíos?  Al contrario, lo enfatizó.  Luego en el v.23, Jesús dijo:  “Para que todos honren al Hijo como honran al Padre ...”  “Como” es de kathos, significando “acorde como, exactamente como, así como”, Thayer, Página 314.  Esta es otra declaración de la igualdad de ellos.   Juan 10 registra otro encuentro con los Judíos.  Querían saber si él era el Cristo.  El versículo 24 dice:  “Y le rodearon los judíos y le dijeron:  ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma?  Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente”.  Si Jesús simplemente se hubiera declarado a sí mismo ser el Cristo, y nada más que eso, habrían estado dispuestos a aceptarlo.  Sin embargo, Jesús dijo:  “Yo y el Padre uno somos”, y como resultado, “... los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle” (v.31).  ¿Por qué hicieron eso?  Jesús les preguntó que por cuál de las buenas obras que había hecho lo iban a apedrear.  Su respuesta fue:  “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tu, siendo hombre, te haces Dios” (v.33).  No habrían tenido problemas en aceptar a Jesús como el Cristo que hizo obras maravillosas, si él fuera simplemente un hombre con ninguna declaración de divinidad.  Nuevamente, Esto es por lo que, en Juan 8:58-59 dice:  “Jesús les dijo:  De cierto, de cierto os digo:  Antes que Abraham fuese, yo soy.  Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo ...”  Su declaración de ser Dios fue blasfemia para ellos.

 

“Yo y el Padre uno somos” es explicado además en el v.38, donde Jesús dice:  “... el Padre está en mí, y yo en el Padre”.  Ahora, conecte los versículos 33 y 36 - “Le respondieron los judíos, diciendo:  Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios ... ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís:  Tú blasfemas porque dije:  Hijo de Dios soy?”  Nótese:  Decir Hijo de Dios en la forma que Jesús lo estaba usando es lo mismo que simplemente decir Dios.

 

Es hecha una objeción a esta conclusión por parte de los Testigos de Jehová, y otros, que declaran que los versículos 34-36 muestran a Jesús colocándose a sí mismo junto con los Jueces de Israel quienes, como representantes de Dios, son llamados tanto hijos y “poderosos” o “dioses”,  Salmo 82.  Declaran ellos que Jesús  de esta manera no es más “Dios” verdadero que lo que fueron los Jueces.  Por supuesto, si tomamos la posición de que Jesús era un simple hombre, solamente un hombre, y nada mas que un hombre, tendríamos que estar de acuerdo con los testigos de Jehová; Jesús habría sido un hombre, un hijo y un dios, “exactamente como los jueces”.  Los jueces de Israel estaban en una posición de autoridad por decreto de Dios; eran “dioses” en que eran “poderosos”.  No estaban juzgando con justicia y fueron reprendidos por esto.  Sin embargo, a causa de su posición en Israel eran llamados dioses e hijos del Altísimo (Salmo 82:6).  El versículo siguiente dice:  “Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis”.  Su posición de dioses, jueces, no cambiaría eso.  Lo que Jesús estaba diciendo a los Judíos era que si ellos pudieron aceptar que sus antiguos jueces falibles y pecadores fueran llamados “dioses” entonces él, quien era sin pecado, específicamente en el mundo para salvarlo, santificado por Dios, tenía derecho a ser el Hijo de Dios.  Jesús estaba declarando un contraste, no una semejanza con, los jueces de Israel.  Su declaración de ser el Hijo de Dios era una declaración de ser Dios.

 

En su proceso judicial ante el Sanedrín, Jesús fue preguntado:  “... ¿Luego eres tú el Hijo de Dios?  Y él les dijo:  Vosotros decís que lo soy.  Entonces ellos dijeron:  ¿Qué más testimonio necesitamos?  Porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca” (Lucas 22:70-71).  Cuando Jesús responde:  “Vosotros decís que lo soy”, estaba, con un modismo común diciendo ciertamente:  “Yo soy el Hijo de Dios tal como ustedes lo están diciendo con su pregunta”.  Eso trajo la reacción de que ningún testimonio adicional era necesario.  Cuando Jesús fue traído ante Pilato, Juan 19, la razón dada por los Judíos fue como sigue, versículo 7:  “Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios”.

 

No puede haber duda que Jesús declaró para sí mismo exacta identidad con la Divinidad; que era igual con el Padre.  Los Judíos entendieron esa declaración y reaccionaron a esta.  Jesús nunca se retractó de su declaración, no trató de convencer a los Judíos de otra cosa que lo que dijo.  “Hijo de Dios” significa que él era “Dios”.

 

Esto es visto además en Hebreos 1, el cual expone claramente la Divinidad del “Hijo”.  Los versículos 2-3 declaran que “su Hijo” es el resplandor de la gloria de  Dios y la imagen misma de su sustancia.  En el versículo 5, cita el Salmo 2:7, que ya hemos observado - “Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:  Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy ...”  El versículo 8 dice:  “Mas del Hijo dice:  Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo ...”

 

Las tentaciones de Satanás envolvieron su ser el Hijo de Dios.  Mateo 4:3 muestra a Satanás retando a Jesús, “Si eres el Hijo de Dios, dí que estas piedras se conviertan en pan”.  Satanás bien sabía lo que significaba “Hijo de Dios”.  El Hijo de Dios podía mandar que las piedras se convirtieran en pan, porque tenía el poder para hacer eso.  Jesús no hizo eso porque, primero, no era necesario, segundo, no estaba en concordancia con su papel, y tercero, porque Satanás lo había retado a hacerlo.  Este reto es repetido en los versículos 6-7 cuando Satanás lo llevó al pináculo del templo y lo desafió:  “Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:  A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra”.  Si Jesús hubiera saltado del pináculo como Satanás quería, no se habría lastimado, lo que Satanás dijo era verdad.  Siendo el Hijo de Dios, no se habría lastimado.  Por tanto, la respuesta de Jesús fue citar otro pasaje.  Nótese que este dice:  “... No tentarás al Señor tu Dios”.  Satanás sabía lo que significaba la declaración “Hijo de Dios”, y trató de capitalizarlo en esto.

 

Mateo 8:28-29 registra a Jesús viniendo a un hombre poseído de demonios.  Estos demonios clamaron a Jesús:  “¿Que tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios?  ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?”  ¿No es interesante que estos demonios no solamente supieran que Jesús era el Hijo de Dios, sino también que él era el que tenía la autoridad como Juez para arrojarlos al abismo cuando llegara el momento adecuado? (Lucas 8:31).  Los demonios sabían que significaba “Hijo de Dios”.

 

Mateo 14:24-33 nos dice de la historia de Pedro andando sobre el agua, mientras el viento fuerte y las olas azotaban la barca.  Después que Pedro estaba a salvo en la barca, y los vientos habían cesado inmediatamente, dice:  “Entonces lo que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo:  Verdaderamente eres Hijo de Dios”.  Los discípulos sabían que solamente el Hijo de Dios podría haber obrado lo que ellos habían testificado.

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Anotaciones al Pie

1 Gospel Anchor, Vol. 17, Nº8, Pág. 133, Maurice Barnett.

2 Véase el Capítulo 28, Pág. 141 - “Sentido Real de Unigénito”.

Véase el Capítulo 27, Pág. 122, “Hijo Unigénito”.

3 Véase Capítulo 28, Pág. 142 - “Objeción a: `Te he engendrado hoy’”.

4 Véase Capítulo 28, Pág. 142 - “Objeción a: `Te he engendrado hoy’”.

5 Véase Capítulo 27, Pág. 122, “Hijo Unigénito”.

6 Véase Capítulo 27, Pág. 123, “El Primogénito de Toda Creación”.

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