CAPITULO 17

 

LA IMPECABILIDAD DE JESUS

 

Es inherente en la naturaleza del cuerpo humano que estemos sujetos a tentaciones de muchas clases.  Tales tentaciones pueden venir como incentivos para conducir emociones lícitas y saludables a acciones impías, tal como en las perversiones sexuales.  Las tentaciones pueden estar en forma de persecuciones y dificultades que  prueban nuestra fe y determinación.  Las tentaciones pueden surgir de nada mas que una gran hambre física.  Esaú estaba tan hambriento que vendió su primogenitura por una comida.  El orgullo, el ansia, el temor y tales cosas como el deseo tienen poder sobre otras personas que están del todo confundidas con el deseo de las gratificaciones sexuales que plagan a la humanidad.  Juan dijo:  “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.  Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:16-17).

 

Las primeras tentaciones que enfrentó la humanidad fueron estas mismas cosas.  Satanás contradijo sutilmente lo que Dios había dicho a Adán y Eva y colocó la trampa en que los sumergió.  Génesis 3:6 dice:  “Y  vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”.  Aquí tenemos el deseo de la carne, el deseo de los ojos, y la vanagloria de la vida, que hundieron al hombre en la esclavitud del pecado.  El incentivo parecía bastante inofensivo y aún benéfico; no hubo intento de seducción sexual, hurto, asesinato o borrachera que consideraríamos “inmoral”.

 

Satanás probó a Jesús casi en la misma forma que Eva, aunque en una escala mayor (Mateo 4).  Satanás lo atacó en medio del hambre física, como Esaú.  Luego retó a Jesús a probar que era el Hijo de Dios por medio de saltar del pináculo del templo para  mostrar que ningún daño vendría sobre El.  Por último, a Jesús le fue mostrado los reinos y riquezas del mundo, una propuesta destinada a inflamar la codicia por las riquezas y el poder; una insinuación que había obrado antes con los humanos muchas veces y que aún obra.  Esta no funcionó con Jesús.

 

Satanás, sabiendo que el hombre es semejante, aparentemente concluyó que él, al menos, tenía a Dios en su  más grande desventaja.  Difícil.  Aunque lo que Satanás arrojó a El era completamente real, Jesús no mostró el más leve signo de indecisión acerca de permanecer firme.  No hubo debilidad de resolución, ni alusión de condescendencia, ni cuerda de respuesta.  Jesús permaneció firme a través de su vida, libre de culpa de los pecados ya sea  de omisión o comisión.  Nunca tuvo un mal pensamiento ni obró un hecho injusto.  Esta impecabilidad de Jesús estaba en concordancia con los planes de Dios desde el tiempo que Adán y Eva pecaron.  Esto está metido en el esquema de redención.

 

La Vida Impecable

 

Para cualquier persona, ¿qué se necesita para producir una vida impecable, una vida absolutamente perfecta desde principio a fin?  Conozco al menos tres cosas que deben existir.  Todas ellas sobrepuestas:

 

(1) Conocimiento:  Uno debe tener un conocimiento de la voluntad de Dios, sabiendo la diferencia entre lo correcto e incorrecto, la verdad y el error.  Debe saber esto para el tiempo cuando llegue a la edad de la responsabilidad.  Guarde en mente, los pecados cometidos por ignorancia aún son pecados.

 

(2) Voluntad:  Uno nunca debe tener un pensamiento malo, ni obrar un hecho injusto, en todo minuto diario de su vida entera.  Desde el momento en que se vuelve responsable, no puede cometer un error.  Una cosa es tener conocimiento, y aún acompañarla la sabiduría, y otra cosa determinar seguirla (Juan 7:17; Heb. 6:4-6; 10:26).  Salomón con todo su conocimiento y sabiduría, falló dramáticamente en seguir lo que él mismo sabía.

 

(3) Habilidad:  Uno nunca debe cometer un error en el juicio, con respecto a los puntos anteriores, o en las relaciones con otras personas.  Esto invoca una madurez de intelecto, de las emociones, y un conocimiento de las relaciones humanas.  Aún si uno tuviera un conocimiento perfecto de la voluntad de Dios para la época de la responsabilidad, aún habría el problema de deficiencia de juicio que solamente viene con la madurez, la experiencia y la disciplina (Prov. 22:15).  Diré de nuevo, los pecados cometidos por ignorancia aún son pecados.

 

Ampliemos el punto (3).  Aunque el pecado es pecado, hay varias formas en que puede ser producido.  Los pecados específicos nombrados como “obras de la carne” (Gál. 5:19 y Sig.), están definidos claramente para nosotros.  Sin embargo, una persona podría ser moralmente buena, siendo rechazada por la impiedad de alguien, y aun ser un pecador ante Dios.  La simple honestidad, las buenas intenciones y la confianza en los demás nunca ha sido suficiente (1 Reyes 13:11-32).

 

Santiago 4:17 habla de los pecados de omisión, diciendo:  “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”.  Esto ciertamente puede ser aplicado a la persona de quien se habla en el v.16, pero no solamente a él.  El pasaje es aplicable a cualquier situación donde uno sabe, pero no lo hace (Juan 13:17; Sant. 1:22-25).  El juicio para alguno será sobre la base de lo que no hizo (Mat. 25:42-43).  Tales parábolas como esa de la higuera estéril (Mat. 21:19), muestra que el error no estaba en alguna debilidad interior o exterior, sino mas bien en la falta de actividad beneficiosa.

 

La elección incorrecta en el manejo de un evento social podría traer pecado.  1 Corintios 8:1-13 habla de las dificultades del primer siglo en el trato con la comida ofrecida en sacrificio a los ídolos paganos.  Por manejar mal una situación con respecto a esto, uno podía hacer que su hermano pecara, y de esta manera “pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis” (v.12).  Tales situaciones invocan un buen juicio acerca de la actividad, de la personas implicadas y del efecto de la acción de uno en cuestiones que son correctas o incorrectas dependiendo de las circunstancias.  Ningún daño es tenido en mente, pero podría resultar en cualquier forma.  Véase también 1 Cor. 10:23-33.

 

Romanos 14:23 habla de que “... todo lo que no proviene de fe, es pecado”.  Aquí, la palabra “fe” se refiere a la completa confianza de que el acto que uno está llevando a cabo es la cosa correcta a hacer.  Es ceder contra la “duda” en el mismo pasaje.  El acto podría ser inherentemente correcto hacerlo.  Sin embargo, la duda acerca de la propiedad de ese acto requiere que no lo hagamos.  Si continuamos, aún con la duda, pecamos.

 

Jesús no peco, ni por comisión u omisión.  Siempre “... anduvo haciendo bienes ...” (Hch. 10:38).  Nunca erró en alguna situación o relación; su juicio fue siempre correcto.  Desde la “época de la responsabilidad”, tuvo el conocimiento, voluntad y capacidad para obrar correctamente; nunca cometió un error, voluntaria o ignorantemente.

 

Algunos insisten, en su ímpetu precipitado por hacer de Jesús un simple hombre, y solamente hombre, que Jesús tuvo las mismas debilidades con respecto al conocimiento como el resto de nosotros; que todo el conocimiento que tuvo vino de su propia lectura e inspiración, afirman ellos.  Sin embargo, Juan el Bautista dijo, en el tiempo en que Jesús empezó su obra:  “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos.  Y lo que vio y oyó, esto testifica ...” (Juan 3:31-32).  La posición relativa de Jesús y Juan es trazada claramente.  Una área de contraste es que Juan podía hablar únicamente lo que le había sido dicho de Dios.  Jesús, al mismo tiempo, estaba muy por encima de Juan, Jesús habló acerca de las cosas del cielo, de las que había visto y oído.  Aquí estaba una experiencia recordada en contraste a una simple “inspiración”.  Cuando tenía solamente 12 años de edad, sorprendió a los eruditos Judíos en el templo con su “inteligencia y sus respuestas” (Luc. 2:46-47).  Esto quiere decir que su capacidad, conocimiento y entendimiento, apareció antes de que tuviera 12 años.  No nos es dicho algo particular acerca de su vida temprana, excepto por Lucas 2:40.  Dice:  “Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y  la gracia de Dios era sobre él”.  Nótese:  Estaba lleno de sabiduría mucho antes de los 12 años.  Luego, desde los 12 años en adelante, Lucas 2:52 dice:  “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”.  Nótese:  No dice que crecía en conocimiento, sino mas bien en sabiduría.  Exactamente cómo fue llevado a cabo todo esto, no nos es dicho.  Cada escenario de su desarrollo físico, ampliación del contacto social, y el acercamiento a la obra que debía hacer, estuvo suplido con la sabiduría necesaria para actuar correctamente.  “Estatura” en 2:52 significa crecimiento físico.  Con su ampliación del contacto social, aumentó su impresión sobre los demás.  La forma en que esto fue hecho estaba en concordancia con el plan de Dios, viendo que estaba en favor con Dios también.

 

El tema de siendo Jesús “salvo” nunca es mencionado, sin embargo, insistió que Juan lo bautizara (Mat. 3:13-15).  Aun cuando no fue para remisión de pecados en el caso de Jesús, fue necesario para “cumplir toda justicia”.  Dios lo requirió, Jesús lo hizo así.  El fue exacto en seguir toda la verdad.

 

De igual manera, el tema de las obras sin tacha nunca fue levantado con respecto a El.  Jesús vivió y murió bajo el Antiguo Testamento, siguiéndolo perfectamente.  Un hecho importante del Nuevo Testamento es que el hombre no puede ser salvo por obras sin tacha.  Gálatas 2:16 dice:  “... el hombre no es justificado por las obras de la ley ...”  Pablo argumenta fuertemente en Romanos 3-4 que si uno pudiera guardar la ley de Dios sin tacha, entonces la salvación sería debida a él como cuestión de deuda de Dios y no de Su gracia.  Esta no la haría Dios, sino que la persona sería salva por sí misma.  Tales hechos así encontrados en estos pasajes simplemente no se aplicaron a Jesús.

 

El Plan de Dios de la Redención

 

Con la entrada del primer pecado en el mundo, vino la necesidad para un medio de redención.  El plan de Dios para esa redención empieza a revelarse al principio en el libro de Génesis.  Hay por encima de trescientos detalles en el Antiguo Testamento acerca de la venida, carácter y logros del Mesías.  El Nuevo Testamento añade otros a medida que el plan de Dios es cumplido en la venida de Jesús.  No había otra forma en que la tarea pudiera haber sido hecha.  Lo que el hombre no pudo hacer por sí mismo, Dios lo proveyó.  Hay varias razones de por qué Dios vino en la carne como Jesús de Nazaret.  Bajo este encabezado, notaré sino tres que tienen un contacto directo sobre nuestro tema.

 

El Cordero de Dios:  Apocalipsis 5:6 es típico de tales referencias en ese libro, presentando a Jesús como “un Cordero como inmolado”.  Juan el Bautista dijo en Juan 1:29 - “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.  El primer registro que tenemos de un cordero siendo usado para sacrificio es en Génesis 4:4.  Abel era pastor de ovejas y trajo de los primerizos de su rebaño para sacrificar a Dios.  Su ofrenda fue por la fe (Heb. 11:4).  Ya, el plan de Dios estaba revelado  puesto que la ofrenda de Abel era una sombra de lo que había de venir.  Génesis 22:7 también específica un cordero como el sacrificio en el tiempo en que Abraham estuvo a punto de ofrecer a Isaac.  En Levítico 23:12, Dios especificó la ofrenda de un cordero “sin defecto”.  Todo esto es apuntando a Jesús como el cordero inmolado como sacrificio por los pecados.  Para ser ese sacrificio, tenía que ser “sin defecto”.  Esto no se refiere a su apariencia física ni a las circunstancias en la vida.  El estaba muy lejos del ideal humano de la hermosura del hombre.  Isaías 53:2 dice:  “... no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos”.  Vino a este mundo con pobreza, con un medio ambiente humilde, viviendo en una área ridiculizada por el resto de los Judíos.  Era sin defecto porque era sin pecado, así como Isaías 53:9 dice:  “... nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca”.  Si Jesús hubiera cometido algún pecado, de cualquier clase, no podría haber sido un cumplimiento de la profecía y un sacrificio por los pecados en nuestro beneficio.

 

Adán y Cristo:  Adán nos es presentado, no solamente como el padre físico de la raza humana, sino como el que introdujo el pecado en el mundo.  Puesto que lo hizo, fue arrojado del huerto de Edén, y consecuentemente se le negó acceso al árbol de la Vida.  Desde ese momento, la Biblia nos dice que “... todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23).  No somos culpables de lo que Adán hizo, ni nacemos con alguna naturaleza pecaminosa heredada de él.  Pero, todos pecan y necesitan un salvador.  Romanos 5:12-21 muestra que contrario a lo que Adán hizo, Jesús trajo libertad del pecado, y como consecuencia, vida espiritual.  1 Corintios 15:20-49 nos da también esta figura de sombra/sustancia.  Uno es de la tierra, el otro es del cielo.  A través de uno vino la muerte, y del otro vino la resurrección de los muertos.  Uno es físico, el otro espiritual.  Para que esto fuera posible, era esencial que Cristo no pecara, o él no habría sido mejor que Adán.  Jesús mismo habría necesitado un salvador.  Este plan de Dios que restaura en Cristo lo que fue perdido en Adán requirió una impecabilidad de Jesús para llevarlo a cabo.

 

Nuestro Sumo Sacerdote:  El libro de Hebreos argumenta extensivamente la importancia de Jesús como Sumo Sacerdote, con todas las consecuencias de ese papel de buena gana desplegado.  Su sacerdocio era muy superior a ese de cualquier hombre.  La plenitud e importancia de eso es visto en Hebreos 7:26 - “Porque tal sumo sacerdote nos convenía:  santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos”.  La perfección de su oficio requirió también la perfección de su vida en la tierra.

 

Dios En La Carne

 

Cuando Romanos 8:3 dice que Jesús vino “... en semejanza de carne de pecado...”, se refiere solamente a su aparición a otros como ser humano.  El mismo no pecó, pero apareció como los otros humanos que son pecadores.  Juan 1:14 dice:  “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros ...”  El no dejó de ser el Verbo porque se hizo carne.  Hubo solamente un cambio en su forma exterior, en la residencia y el papel que jugó en la redención.  Isaías 9:6, profetizando de su venida en la carne, habló de “un niño nos es nacido, hijo nos es dado ...”  Su nombre sería “Dios Fuerte, Padre Eterno”, también como “Admirable, Consejero, Príncipe de Paz”.  Algunos tratan de robarle eso para hacerlo un hombre simplemente.  Por supuesto, algunos pasajes enfatizan su Deidad, y otros su humanidad.  Algunos pasajes los combinan como una fotografía.  No hay nada inusual acerca de eso en la Biblia; otros temas son tratados en la misma forma.  No debemos enfatizar uno para el detrimento del otro.

 

Algunos piensan que hay una contradicción entre la retención de Dios de sus atributos, características y poderes, y su venida en un completo funcionamiento en forma humana.  Piensan que su Deidad permanecerá en la forma de su humanidad, por tanto él “no podía ser tentado como lo somos nosotros”.  (Esto me recuerda de los Gnósticos de los primeros tres siglos que de igual manera no podían aceptar tal cosa, aunque su punto era que la Deidad no se podía combinar con la humanidad pecaminosa, 1 Juan 4:2-3).  Puesto que algunos hermanos no puedan entender esto no quiere decir que Dios es incapaz de llevarlo a cabo.  Los Saduceos también razonaron desde un punto de vista puramente humano.  Negaban que el hombre tenía alma y que habrá una resurrección.  Jesús les dijo que erraban, no conociendo las Escrituras ni el poder de Dios.  Podremos no entender cómo Dios hará lo que dice que hará, pero no tenemos que entenderlo; él tiene el poder para hacerlo.

 

En Génesis 18:4, Jehová preguntó a Abraham y Sara:  “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?”  En ese capítulo, tres “hombres” aparecieron a Abraham.  Bien podrían haber sido la Deidad.  Aún si eran  simplemente ángeles, que son de una orden mayor que los hombres (Heb. 2:7), aparecieron como varones.  Abraham pensó que eran humanos y les preparó una comida para que comieran.  Miraban, actuaban y comían como humanos, pero ¿qué necesidad tendría un ángel de comida humana?  Más tarde, encontramos a los dos ángeles apareciendo en Sodoma.  Lot pensó que eran varones; el pueblo de Sodoma pensó que eran hombres; se les dio hospitalidad como hombres (Heb. 13:2); pero eran mas que hombres.

 

Génesis 32:22-32 registra la lucha de Job con un “varón”.  No nos es dicho el propósito de este encuentro.  Después que terminó, Jacob estaba convencido que era Jehová con quien había tenido el encuentro.  Pero, Dios o ángel, ninguno pudo haber vencido a Jacob fácilmente.  Los poderes estaban refrenados a fin de encontrarse con Jacob en términos igualmente humanos.  El versículo 25 muestra que el encuentro fue igual, y por tanto Jehová, o un ángel, aparentemente presionó  su inherente ventaja y le produjo una lesión a Jacob para acelerar el cierre del encuentro.

 

Varios han preguntado acerca de la diferencia entre decir que Jesús refrenó sus poderes y otros atributos mientras estaba en la tierra, y decir que se despojó de todas estas cosas para convertirse en humano.  (Me sorprende que algunos no puedan ver la diferencia).  Bueno, es como la diferencia entre las fuerzas armadas de los EE.UU refrenando el uso de sus armas y no tener armas en absoluto.  Dios se ha refrenado a sí mismo en muchas ocasiones a través de la historia como podemos ver fácilmente en la Biblia.  Porque eso es así, ¿debemos concluir que habría sido semejante también para Dios no haber tenido los poderes para empezar?  Si no los va a usar, ¿por qué no desiste de ellos, es eso?  ¡Difícilmente!  Jesús dijo:  “Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras” (Mat. 3:9).  Aunque refrenó su poder en esto, aún era capaz de hacerlo.  Ejemplos de tal verdad pueden ser multiplicados.  Ciertamente no era un problema para el Verbo retener sus poderes y refrenar su uso mientras estaba en la carne para cumplir el papel que había tomado.  No obstante, era esencial que retuviera su Deidad al mismo tiempo.

 

Como Nosotros

 

Esta Deidad/humanidad de Jesús es mostrada claramente en Hebreos, capítulos 1 y 2.  Revelando el plan de Dios de redención, el apóstol nos muestra la verdadera naturaleza de Jesús, el Hijo.  En el capítulo uno, él es el “resplandor” (brillantez, esplendor) de su gloria, y la “imagen misma” de su sustancia.  El versículo 8 dice:  “Mas del Hijo dice:  Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo”.  Es dicho de este Hijo, v.10:  “Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos”, llevándonos a Isaías 48:12-13, Juan 1:1-3; Colosenses 1:15-18.  Con otras referencias en el capítulo uno, su identidad es claramente establecida.  El capítulo dos detalla las razones de por qué el Hijo tuvo que venir al mundo en forma de hombre.

 

Ya hemos tomado nota de Jesús siendo el “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.  Por supuesto, para ser inmolado como sacrificio, tenía que venir al mundo como humano; su humanidad era esencial para su sacrificio.  Lo mismo es verdad acerca de su Sumo Sacerdocio.  Hebreos 5;1 dice que era necesario para todo sumo sacerdote ser tomado de entre los hombres, y constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere.  El tuvo que venir en forma de hombre para ser nuestro Sumo Sacerdote.  De esta manera, él era ambos, el cordero inmolado del sacrificio y el Sumo Sacerdote que ofrecía su propia sangre por el pecado (Heb. 9:11-12).  El contraste desenvainado con Adán, también notado arriba,  requirió que él viniera como hombre; lo que perdimos en Adán lo ganamos en Cristo.  1 Corintios 15:21 dice:  “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos”.  1 Corintios 15:20-28 surte ideas paralelas a Hebreos 2:5-18.  Ambos lugares hablan de la venida de Jesús como hombre para llevar a cabo varias cosas.  Ambos lugares nos dicen de su vencimiento de la muerte por medio de la resurrección, proveyendo de esta manera un camino para nuestro beneficio.  Ambos lugares declaran la vida espiritual que viene como resultado de Su consumación.  Ambos lugares revelan Su tenencia del dominio universal, todas las cosas estando sujetas a E.  Véase también Efesios 1:19-22.  Esto nos trae a Hebreos 2.

 

El contexto empieza con Hebreos 2:5.  El “mundo venidero” del cual habla no está sujeto a los ángeles.  La sección del Salmo 8 que es citado en los versículos 6-8 tiene un doble significado.  Primero se refiere al hombre, a la humanidad, que le fue dado dominio sobre la creación física de Dios.  Esto es visto en:  “¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él ...”  La siguiente declaración es:  “O el hijo del hombre, para que le visites?”  “Hijo de hombre” era un título que Jesús usó para sí mismo en muchas ocasiones.  Acorde a Génesis 1:26-30, el hombre debía tener dominio sobre la creación de Dios.  Esta misma verdad es repetida después del diluvio en Génesis 9:1-2.  La referencia en el Salmo 8 vuelve y declara esto con respecto al hombre.  La mas apuntada aplicación al “hijo del hombre” está revelada para nosotros en Hebreos 2, refiriéndose a la posición y realizaciones del Cristo.  Semejante a 1 Corintios 15:27 que dice:  “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies”, Hebreos 2:8 dice:  “Todo lo sujetaste bajo sus pies.  Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas”.  El versículo siguiente añade entonces:  “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos”.  (Nótese Hechos 3:22-26.  Dice mucho de lo que todos estos otros pasajes están diciendo, demostrando el alcance de los planes de Dios, y la necesidad de Dios en la carne).  Este estrecho enlace entre el “hombre” y el “hijo del hombre” es desarrollado en Hebreos 2.  Para que los planes de Dios fueran llevados a cabo, el Verbo tuvo que venir en la carne.  Dios no tenía la intención de “sujetar el mundo venidero” a los ángeles, sino al hombre.  No obstante, este no sería simplemente cualquier hombre o todo hombre.  Dios se hizo hombre para llevar a cabo esto.  Ciertamente, en el cuerpo glorificado de Jesús de Nazaret, reina ahora con todas las cosas en sujeción a él, Apocalipsis 1:12-18; Efesios 3:20-21; 1 Juan 3:2.  Hechos 2:36 dice que “... a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”.  El que fue crucificado fue nombrado a esta alta posición.  Reinará de esta manera hasta el fin, 1 Corintios 15:25-28.

 

El apóstol continua dándonos otras razones de porque Dios se vistió de carne humana.  Debía “gustar la muerte por todos”, v.9.  No podía venir simplemente en la forma de Dios, y ser el sacrificio.  Ningún ángel podría haber hecho la expiación.  Tampoco podía un simple hombre haber sido adecuado como propiciación por el pecado.  Una muerte tenía que ocurrir, y la muerte es peculiar al hombre.  Pero, este no era un simple hombre:  era Dios en forma humana el que llevó a cabo esto.  Debía sufrir con el hombre para llevar muchos hijos a la gloria, v.10.  El santificador y el santificado debían ser uno de manera que pudiera llamarlos hermanos, v.11.  Fue un participante en la carne y sangre con el hombre de manera que por la muerte pudiera anular al diablo y librar a los hombres del temor de la muerte, v.14-15.  Fue hecho semejante a los hombres para convertirse en perfecto Sumo Sacerdote, v.17.  Por medio de sufrir, es capaz de dar consuelo a aquellos que sufren, v.18.

 

Hebreos 2:17

 

¿Qué quiere decir en el versículo 17, que debía ser en todo semejante a sus hermanos?  La respuesta a eso debería ser obvia.  Sin embargo, algunos han hecho esto “en todo” sin alguna limitación.  En vista de eso, debemos preguntar, ¿a cuál hombre fue hecho semejante en todo?  ¿Fue hecho semejante al mas bajo, mas degenerado de sus hermanos?  ¿Fue hecho semejante a un idiota o a un intelectual?  ¿Fue hecho semejante al rico o al pobre?  ¿Fue hecho semejante a los Saduceos o Fariseos?  ¿Fue hecho semejante a lo espiritual o lo mundano?  Pienso que cualquiera puede ver que estas categorías de cosas no están implicadas.  Se refieren a la diferencia espiritual, mental, intelectual y económica.  En tal diversidad, no podría haber sido  hecho semejante a sus hermanos.  Siendo hecho en todo semejante a sus hermanos se refiere a algo que todos compartimos en común haciendo caso omiso de su estado moral, intelectual o económico.  Lo que todos ellos compartieron en común es lo que el versículo 14 está diciendo:  “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, El igualmente participó también de lo mismo ...”  [Versión Biblia de las Américas]  ¿Lo mismo qué?  ¡La misma carne y sangre!  La palabra “igualmente” en este versículo, es encontrada también en Hechos 14:11, a medida que los Licaonios decían de Pablo y Bernabé:  “Dioses bajo la semejanza  de hombres han descendido a nosotros”.  Ellos estaban hablando solamente de la forma física, de la apariencia como hombres.  Jesús era carne y sangre  exactamente como todos los hombres son carne y sangre.  El capítulo uno, como hemos notado, lo revela como Dios, y el capítulo dos como Dios viniendo en la carne.  Pablo dice:  “El que santifica y los que son santificados, de uno son todos” (v.11), refiriéndose a estando ellos en la carne.  Sin embargo, en otro nivel, hay aún una cantidad de diferencias entre el santificador y el santificado.

 

Hebreos 2:18

 

“Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.  La palabra “tentado” (pirazo) tiene mas de un significado.  Puede referirse, en algunos pasajes, al completo recorrido de todo lo que puede posiblemente encerrar.  En otros lugares, puede referirse solamente a los atractivos de la inmoralidad.  Sin embargo,  un uso principal  de la palabra es para describir las pruebas que han sido grabadas sobre nosotros desde afuera.  De esta manera, pirazo es usado en Hebreos 11:17 para decirnos que Abraham fue “probado” en el ofrecimiento de Isaac; su fe y firmeza fueron retadas.  Algunos otros lugares con el mismo significado son Mateo 16:1; 19:3; 22:18,35 (véase la Biblia de las Américas).  El mismo término, pirazo, es también encontrado en Mateo con respecto a Satanás “tentando” a Jesús.  En ese caso, fue solamente un intento de Satanás, desde el punto de vista de Satanás, de obtener la cooperación de Jesús; no había forma en que Jesús fuera a caer por las sugerencias de Satanás.

 

Notará en Hebreos 2:18 que, gramáticalmente, debemos entender que Jesús padeció como resultado de la “tentación” bajo discusión.  Esto no puede ser dicho de lo que consideramos que es el completo recorrido de las “tentaciones”;  no se refiere a la “tentación” de emborracharse, cometer fornicación, o robar, etc.  Por supuesto, los humanos sufren como consecuencia de tales pecados, pero en vista de que Jesús no pecó este no podría ser el significado de este pasaje.  Otra alternativa es que Jesús padeció como resultado de la tentación y que estuvo afligido porque no podía cumplir sus deseos.  Eso es decir, que realmente quiso matar a alguien, o robarles, o emborracharse, y tuvo que soportar el padecimiento de controlarse a sí mismo, de no gratificar sus pasiones.  ¡Ridículo!

 

Al convertirse en carne y sangre proveyó la calzada necesaria para el padecimiento.  La palabra “padeció” (pasko) en el v.18 significa soportar sufrimiento.  En este pasaje, por tanto, las “tentaciones” solamente podrían referirse a las pruebas impresas sobre él, no a algún pecado cometido ni a las seducciones de las “obras de la carne”.  El da consuelo a aquellos de su pueblo que también sufren como resultado de tales “tentaciones” que él soportó.  Nótese, no dice que es capaz de socorrer a aquellos que pecan, sino a aquellos que son tentados.  1 Pedro 1:6 dice:  “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, que tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”.  La palabra “pruebas” es de pirasmos, tentaciones, como en Santiago 1.  Lea especialmente 1 Pedro 2:18-22.

 

Santiago 1:13-15

 

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.  Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.  En los primeros doce versículos de este capítulo, Santiago discute la “tentación” desde el punto de vista de las pruebas que son grabadas sobre nosotros desde afuera, la prueba de nuestra fe, la necesidad de soportar.  En los versículos 13-15, cambia a las tentaciones de género malo que surgen desde adentro.  Aunque la palabra “concupiscencia” [“pasión” - Biblia de las Américas; “malos deseos” - Biblia Latinoamérica, N.T. Nueva Versión Internacional, Dios Habla Hoy] (epithumia) significa un deseo fuerte de alguna clase, y podría referirse a un buen deseo en muy pocos pasajes, su significado predominante es el de “malos deseos”.  La palabra “mal” (kakos) significa eso que es ruin, impío, corrupto, depravado.  Jesús dijo en Marcos 7:21-23, “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.  Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”.

 

Santiago define la tentación acerca de la cual está hablando aquí.  Dice:  “... cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (v.14).  Por tanto, la tentación de esta clase requiere (a) que por su propia concupiscencia, (b) un hombre sea atraído, y (c) seducido.  La descripción es como la de un pez atraído de la seguridad de las rocas y juncos por el engaño y tentación de la carnada del pescador.  Santiago dice que nadie puede acusar a Dios por tal tentación.  Algunos podrían declarar que Dios los hizo en la forma que son y que de esta manera es responsable por el carácter y conducta de ellos.  Esto no es así.  Cada hombre es responsable por sí mismo; es atraído por su propia concupiscencia (o mal deseo).  Al mismo tiempo, Dios no usa el mal para tentar a cualquiera a pecar.  Ciertamente, Dios no puede ser tentado con tales impiedades; esto es ajeno y extraño a su carácter.  La ruin impiedad no existe en Dios, y de esta manera, los actos corruptos no proveen tentación para que El se comprometa en tales actos; El no puede ser tentado en tal forma.

 

Para entender que la tentación de Santiago 1:13-15 tiene un significado limitado, podemos notar simplemente que hay un sentido de “tentación” en que Dios tienta al hombre, y puede ser tentado a sí mismo.  Hebreos 11:17 muestra que Dios tentó (probó) a Abraham.  Para el hombre tentando a Dios, véase Hechos 15:10; 1 Cor. 10:9; Hebreos 3:9.  En estos casos de la palabra “tentación”, significa probar o tantear a alguien.

 

Hebreos 4:15

 

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.  La palabra “semejanza” es de la misma palabra raíz como esa en 2:17, siendo homoiotes en lugar de homoioo.  Aquí significa, acorde a Arndt & Gingrich, Pág. 567, “igualdad, similitud, conformidad”.  Esta forma de la palabra es encontrada solamente en otro lugar en el Nuevo Testamento, Hebreos 7:15, donde Jesús es presentado como “a semejanza” de Melquisedec como sacerdote.  El “en todo” tanto en Hebreos 2:17 como en Hebreos 4:15 son exactamente lo mismo, kata panta en el texto Griego.

 

Algunos neciamente han concluido que siendo hecho “en todo semejante”, y siendo tentado “en todo según nuestra semejanza”, que Jesús tuvo que pensar, sentir y experimentar todo “en semejanza” a nosotros.  Ahora están contendiendo que Jesús tenía que tener un espíritu humano, no divino, para ser tentado en semejanza a nosotros;  que tenía que tener un corazón humano para ser tentado.  Bueno, ¿a semejanza de cuál de nosotros fue tentado?  ¿Pensó, sintió, y experimentó todo en semejanza de los mayores corruptos reprobados?  Marcos 7:20-23 dice que es de dentro del corazón del hombre que proceden los malos pensamientos las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, las avaricias, etc.  Por tanto, para ser tentado, ¿Jesús había de tener un corazón como este?  ¡Debería ser obvio que en su carácter no era semejante a alguno de nosotros!  Tito 1:15 dice:  “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los oprimidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas”.  Ahora, ¿Jesús fue hecho semejante, experimento de igual manera, y pensó de igual manera al profano e incrédulo en ese pasaje?  No, él es el perfecto ejemplo de la parte que dice:  “Todas las cosas son puras para los puros”.  Eso es por lo qué él es el ejemplo de justicia para que nosotros sigamos.  Ciertamente, él era semejante al resto de “nosotros” en ser carne y sangre, sus funciones físicas eran las mismas.  Estuvo abierto a todas las debilidades inherentes en un cuerpo de carne y sangre y ciertamente estuvo expuesto a muchos de los atractivos para pecar que plagan a la humanidad.

 

En vista de Santiago 1:13-15, ¿Jesús fue tentado como lo somos nosotros en toda forma?  Recuerde, Santiago dice que la tentación es igual a ser atraído y seducido por su propia concupiscencia (o malos deseos).  Mire nuevamente la lista de pecados en Marcos 7:21-23.  Del corazón del hombre proceden los malos deseos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.  Dijo que todas estas cosas salen de dentro y contaminan al hombre.  Hemos visto que la Biblia no dice que fue encontrado engaño en Jesús, ni alguna de estas otras cosas.  ¿Estuvo o fue “tentado” Jesús en algún momento a emborracharse, o robar, o matar a alguien?  ¿Hubo alguna “concupiscencia” (o mal deseo) en Jesús por el que pudiera ser atraído?  ¿Quién afirmará esas otras cosas que un ateo?  ¿Fue “tentado” Jesús por la homosexualidad o el bestialismo?  Acorde a Santiago, tendría que ser atraído por su propia concupiscencia (o mal deseo) por otros hombres y seducido por la homosexualidad para ser tentado por eso.  Tendría que ser atraído por su propia concupiscencia y seducido a tener sexo con animales para ser tentado por eso.  ¡Basura!  Lo tal es contrario al mismo carácter de Jesús.  Para la persona completamente justa, como lo era Jesús,  aquellas cosas no poseen atractivo en absoluto sino que al contrario son asquerosas.  “En todo” en Hebreos 4:15 no significa “todos los pecados”.  No somos sabedores de que intentos fueron hechos para seducir a Jesús a hacer lo incorrecto, pero cualquier cosa que pudieran haber sido, no hubo nada en él que respondiera.

 

Algunos quieren saber si usó alguna habilidad sobrenatural para permanecer impecable.  No, no hay evidencia de eso en absoluto.  La habilidad sobrenatural no es necesaria  para contrarrestar el error y el mal, de cualquier clase.  Job fue atacado en formas que la mayoría de otros humanos no han conocido.  Sin embargo, no usó la habilidad sobrenatural para permanecer firme en esta fidelidad  a Dios.  ¡No pecó!  Lea acerca de la actitud de Pablo en 2 Corintios 12:7-10.  Ninguna habilidad sobrenatural le fue dada, aunque le pidió a Dios que le quitara el “aguijón en la carne”.  Lea aquellos pasajes; note dónde colocó su fortaleza.  1 Corintios 10:5-13 nombra un número de cosas que los Israelitas hicieron, y somos advertidos a no seguir su ejemplo.  El versículo 13 dice:  “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.  Los Corintios, en ese tiempo, no habían experimentado alguna tentación que no fueran capaces de manejar por sí mismos.  Que auxilio es el que Dios promete para ayudar a su pueblo a permanecer fiel no es declarado; pero, El nos ayuda en alguna forma.  Jesús dijo a sus discípulos, en el modelo de oración de Mateo 6:13 - “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”.  Tal oración sería para algún propósito; es una apelación por la ayuda divina.  Por tanto, ¿quién puede entender completamente la manera de obrar de la providencia de Dios?  Ciertamente, con lo que Dios nos ha dado en su palabra, el alimento con que crecemos, las instrucciones sobre como pensar y vivir, con el firme conocimiento de su ser, con la clase de fe y ser espiritual interior que nos moldea, podemos colocarnos en pie contra cualquier cosa.  Somos ayudados por el conocimiento de que Dios sabe lo que llevamos a cabo y se preocupa por lo que nos sucede porque vino en la carne y nos demostró que lo hace.

 

Dios no hizo todo esto para su propio beneficio, sino el nuestro.  Algunos han insistido que Dios no sabía lo que pasamos, lo que sufrimos, a que eran semejantes las tentaciones, hasta que vino en la carne.  Es afirmado que Dios habría sido insensitivo, faltándole apreciación por nuestras necesidades y debilidades a menos que se convirtiera completamente en humano, “exactamente como nosotros”.  Tal posición es ridícula.  Dios siempre ha sido completamente sabedor de a qué son semejantes los humanos, y lo que pasamos.  Siempre ha entendido al hombre que creó.  Si Dios tuviera que experimentar lo que el hombre pasa antes de que pudiera entenderlo y ser compasivo hacia nosotros, entonces falló.  Jesús nunca experimentó la larga lista de pecados que el hombre comete, ni la esclavitud y carga de la culpa del pecado.  Nunca experimentó tal profundidad de desesperación que hace que alguien se quite su propia vida.  Nunca sintió la desesperación que el humano Pablo describe en Romanos 7:24 - “¡Miserable de mí!  ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”  Cuando dice que experimentó tentaciones y de esta manera fue capaz de “socorrer a los que son tentados”, no significa que él no sabía desde el principio a que es semejante nuestra condición.  Por lo que hizo, nos probó que entiende y se preocupa por lo que nos pasa.  Ahora sabemos eso, y podemos, como dice Hebreos 4:16 - “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”, una razón principal para su venida en la carne.

 

[Gospel Anchor, Vol. 17, Pág. 109, Maurice Barnett].

 

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