CAPITULO
16
JESUCRISTO:
DIOS Y HOMBRE (2)1
Mientras
estaba en la tierra Jesús poseía y demostró repetidamente los atributos divinos
(omnipotencia, omnisciencia, fue adorado, etc.) y los atributos humanos (nacimiento
físico, apetito, debilitamiento, emociones, etc.).
Desde el inicio de este estudio se ha enfatizado que la controversia
sobre la deidad y humanidad de Jesucristo no es, como ha sido declarado por
algunos, realmente solo una cuestión de si el hombre tiene que pecar o no.
Ambas, la deidad y la humanidad de Cristo deben ser enseñadas claramente
y con igual énfasis. Es irrazonable
en cualquier forma quitar mérito ya sea de Su deidad o de su humanidad a medida
que estudiemos acerca de El siendo tentado como hombre.
“He
aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel,
que traducido es Dios con nosotros” (Mat. 1:23).
Cuando fue bautizado, “Hubo una voz de los cielos que decía:
Este es mi Hijo amado,
en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17).
Es llamado el “Hijo de Dios” para indicar Su parecido exacto e igualdad
con el Padre (Juan 5:18; 10:33,36).
Esto es lo que queremos decir cuando confesamos que El es el Hijo de
Dios. El es Dios (Rom. 9:5; Tito
2:13; 2 Ped. 1:1; 1 Juan 5:20). “Hijo
de Dios” significa Dios el Hijo. Es
llamado también el “Hijo del Hombre” (Mat. 8:20; 9:6; 16:13, cerca de treinta
veces en Mateo). Esta fue
la forma favorita de Jesús referirse a Sí mismo.
Mientras se identifica a Cristo como hombre, también se le identifica
como el Mesías (Comp. Dan. 7:13-14
con Mateo 26:64).
Cristo
Demostró Repetidamente Su Deidad
Dios
es conocido por la demostración de Sus atributos divinos, por tanto, mientras
El era Jesucristo en la tierra, demostró los atributos de deidad repetidamente
para que todos los hombres pudieran conocer que El es el Hijo de Dios (deidad).
1.
Solamente Dios debe ser adorado (Mat. 4:11).
Jesús fue adorado; por tanto, El es Dios.
2.
Mientras estaba en la tierra reclamó para Sí mismo el nombre, YO SOY
(Juan 8:24,58), el eterno, el autoexistente, identificándose de esta manera
a Sí mismo con el Dios de Exodo 3:14.
3.
Leía los pensamientos, demostrando de esta manera que era omnisciente
(Juan 2:24-25; Mat. 9:4; 12:25; Lucas 5:22; 11:17).
Es absurdo declarar que los apóstoles o alguien más tenía esta capacidad.
4.
Perdonó pecados (Marcos 2:5).
Los Judíos estaban en lo correcto:
Es blasfemia declarar que un simple hombre puede perdonar pecados.
5.
Conocerlo a El era conocer al Padre (Juan 8:19; 14:9).
Esto habría sido totalmente imposible si no hubiera demostrado repetidamente
los atributos de deidad.
6.
Hizo muchas señales para demostrar Su omnipotencia, mucho más
de lo que necesitó para convencer a las personas que El era verdaderamente
el Hijo de Dios (Juan 20:30-31).
7.
En vista de que Cristo es inmutable (Heb. 13:8), se sobreentiende
que poseía y demostró los atributos de Deidad mientras estaba en la tierra.
No podía dejar de ser lo que siempre ha sido.
Por tanto, negar que estas eran demostraciones de los atributos de
Dios es negar a Cristo.
Pero
¿no es verdad que mientras poseía todos los atributos de deidad, no siempre
los usó y ejercitó? El demostró todos los atributos divinos y humanos durante Su
existencia terrenal para cumplir Su propósito al venir a la tierra.
Tenemos un registro de Su repetida demostración de los atributos divinos,
y Juan dice que El hizo muchas señales que no están registradas (Juan 20:30).
Además, ¿por qué menospreciar la demostración de Sus atributos divinos
en vista de que la razón de El al venir a la tierra fue revelar al Padre y
convencer a todos los hombres que El es el Hijo de Dios?
¿Retuvo El en la demostración que era completamente hombre?
¿Demostró diariamente los atributos de humanidad?
La verdad de la cuestión es que constantemente (¿diariamente?) demostró
ambos — y este no es el problema si francamente aceptamos tanto Su deidad
como humanidad. ¿Por qué debiera
ser esto un problema? Su demostración
de los atributos divinos en ninguna forma quitan mérito a Su demostración
de los atributos humanos (ni viceversa).
Era necesario para El tener dos naturalezas — divina y humana — para
llevar a cabo Su obra, y no hubo conflicto entre las dos.
Además,
decir que no tenía autoridad inherente (sino delegada) para
perdonar pecados y obrar milagros es negarlo.
Las tres personas de la Deidad son uno en mente y propósito.
Cristo identificó Sus enseñanzas y obras con el Padre, porque El era
uno con el Padre y porque los Judíos creían en el Padre.
En cuanto a los Judíos “Padre” quería decir “Dios”, y la tarea de Cristo
era convencerlos de que era el “Hijo de” (igual a, identificado con, y también)
Dios. Por tanto, creer lo que
Jesús dijo acerca de Su relación con el Padre era creer en la deidad de Jesús.
No hay absolutamente nada en Sus palabras u obras que indique que tenía
solamente una autoridad y poder solamente delegado y no inherente.
El poder o la autoridad delegada no habría demostrado la deidad.
Colosenses
2:9.
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.
Una persona ha de tener bastante ayuda para tomar en sentido erróneo
esta hermosa declaración a fin de concluir que Pablo está hablando acerca
de las bendiciones espirituales que recibimos en Cristo. O que esta declaración fue verdad solamente después que Cristo
resucitó de los muertos. ¿Por
qué será que alguien que declare ser Cristiano no quiere aceptar el obvio
significado de este pasaje? Pablo
dijo esto para exaltar y honrar a Cristo, exactamente como en el primer capítulo
afirma tan hermosamente la preeminencia de Cristo (v.15-20). Muchas pasajes describen las bendiciones espirituales que tenemos
en Cristo; Colosenses 2:10 es uno de ellos, pero Col. 2:9 no.
David Lipscomb sobre Col. 2:9:
“Los falsos maestros declaraban estar en horror de todo lo que era
material, como teniendo en ello la simiente del mal, y por esa razón negaron
ya fuera la realidad del cuerpo de nuestro Señor o su inseparable conexión
con la Deidad en él. Por tanto,
Pablo enfatiza aquí; como también Juan en lo siguiente:... (Juan 1:14; 1 Juan
4:1-3)”. “La plenitud indica
la suma total de los poderes y atributos divinos.
En Cristo mora toda la plenitud de Dios como deidad... Pablo no añade
de la Deidad hasta la plenitud, como en el cap. ii.9,
en vista de que la palabra aparece en directa conexión con aquellas que describen
la naturaleza esencial de Cristo, y pareciera no habérsele ocurrido al apóstol
de que esta pudiera ser entendida en algún otro sentido que como una expresión
de la plenitud de los atributos y poderes divinos.
De esta manera la frase en El
toda la plenitud mora recoge un gran climax de las declaraciones
previas — imagen de Dios, primogénito de la creación, Creador, el eternamente
preexistente, la Cabeza de la Iglesia, el victorioso sobre la muerte, primero
en todas las cosas” (Vincent’s Word Studies sobre Col. 1:19; 2:9).
Filipenses
2:7.
¿Pero no se despojó Cristo a Sí mismo de todos Sus atributos divinos
cuando se hizo hombre? ¿Dijo
Pablo que se “despojó” y dejó al lector para que teorice acerca de que podría
Cristo o no haberse despojado a Sí mismo?
Tal pensamiento envuelve no solo una imposibilidad, sino que tuerce
este pasaje (2 Ped. 3:16). Cuando
Pablo dijo que Cristo “se despojó a Sí mismo”, explicó inmediatamente
lo que quería decir:
Se despojó a Sí mismo por medio de “tomar forma de siervo, hecho semejante
a los hombres”. W.E. Vine dice en su Diccionario Expositivo de Palabras del
N.T., Vol. 1, Pág. 425: “Kenoo,
vaciar, se traduce `despojó’ en Filip. 2:7". Las cláusulas que siguen al verbo son exegéticas de su significado,
especialmente las frases `forma de siervo’ y `semejante a los hombres’.
Nótese la expresión exegética de su significado;
Vine quiere decir que la cláusula participio que sigue inmediatamente al verbo
“despojó” explica la palabra “despojó”.
R.C.H. Lenski hace la misma observación:
“`Se despojó a sí mismo’ es un pensamiento incompleto que nos deja
con una pregunta. Pablo completa
el pensamiento, hasta ahora no por la declaración con respecto a algo de que
Cristo se despojó a sí mismo sino por un participio que define el acto de
despojarse a sí mismo: `en que
tomó la forma de esclavo’, y a la vez añade cuando ocurrieron todos estos
actos: `cuando se hizo en semejanza
de hombres’, cuando se encarnó. Todos
los aoristas en los v.6-7 son puntos históricos, expresando acción simultánea;
todos son predicados el Dios-hombre `Jesucristo’”.
John Peter Lange observa que “Es el volverse hombre, o la encarnación
lo que se quiso decir” y continúa para discutir el modal participio (tomando
la forma de siervo y siendo hecho en semejanza de hombres) que explica el
verbo “despojó”. Pablo no da tres pasos en la humillación de Cristo; no dice
paso uno: se despojó a Sí mismo;
paso dos: tomó forma de siervo;
paso tres: hecho semejante a
los hombres. Más bien, las expresiones
que siguen al verbo “despojó” son participios modales que explican el verbo,
y son, por tanto, simultáneos con su acción. Sí este simple punto gramatical es entendido, toda la confusión
sobre este pasaje desaparecerá. Esta
explicación no es una evasión caprichosa de la palabra “despojó” sino un honesto
tratamiento gramatical de toda la declaración por parte de Pablo.
Nadie tiene algún deseo en menospreciar 2 Cor. 8:9, pero tampoco estos
dos pasajes ni algún otro que describa la complacencia de Cristo en alguna
forma quita mérito a la demostración de Cristo de los atributos divinos mientras
estaba en la tierra.
Cristo
También Demostró Completamente
Su
Humanidad
Cuando
Cristo demostró completamente que era Dios, del mismo modo también demostró
completamente que era hombre. Dios
no se convirtió en hombre, sino que más bien sin dejar de ser todo lo que
era (Dios) también se hizo hombre — en el sentido más completo de la palabra.
Eternamente tenía una naturaleza (divina) y luego tomó otra naturaleza
(humana).
1.
Juan dijo que lo vieron, tuvieron contacto físico con El (1
Juan 1:1-2).
2.
Vino a este mundo “nacido de mujer” (Gál. 4:4; la concepción
fue milagrosa pero el nacimiento fue natural); creció y se desarrolló como
los niños lo hacen (Lucas 2:52). Tuvo hermanos y hermanas (Mat. 13:55-56).
Aprendió un oficio (Marcos 6:3).
3.
Demostró las características humanas normales:
Hambre (Mat. 4:2); sed (Juan 4:7); fatiga (Juan 4:6); necesitó de sueño
(Mat. 8:24), etc.
4.
Habló de Su alma (Mat. 26:38, “Mi alma está muy triste, hasta
la muerte...” (indicando las emociones y sentimientos humanos); lloró (Juan
11:35) y lógicamente podemos asumir que se regocijó (Juan 2:1-11).
5.
Los hombres mueren físicamente (Heb. 9:27) y Jesús habló de
Su muerte (Juan 2:18-22; Mat. 16:21; etc.), siendo la gran diferencia, por
supuesto, que prometió: “... yo pongo mi vida, para volverla a tomar” (Juan 10:17).
6.
Estuvo sujeto a Sus padres ((Luc. 2:51).
En Getsemaní oró, “ Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no
se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc. 22:42).
Fue obediente, aún hasta la muerte (Fil. 2:8).
7.
Fue tentado como hombre (Mat. 4:1-11; Heb. 4:15).
Algunos
insisten que la humanidad de Cristo es negada o reducida al mínimo por aquellos
que enseñan que El demostró los atributos de deidad mientras estaba en la
tierra. Esta incriminación
está sin fundamento. Otros
puntos bíblicos pueden ser añadidos a la lista anterior (las características
de humanidad), y ellos también serán aceptados gustosamente, porque nuestra
salvación depende de nuestra creencia en Su deidad y en Su humanidad.
8.
Fue tentado como hombre (Mat. 4:1-11; Heb. 4:15).
La
Naturaleza Dual [Doble] de Jesucristo
Mientras
puedo recordar he escuchado de la “naturaleza dual” de Cristo. Verdad,
esta expresión no se encuentra en la Biblia, pero tampoco lo está la palabra
“trinidad” (ni aún la palabra “Biblia”).
El Hijo de Dios se convirtió también en el Hijo del Hombre. En la discusión de este tema majestuoso el escritor Hebreo
no solo afirma la deidad de Cristo (cap. 1), sino que en el capítulo 2 afirma
Su humanidad: “Así que, por cuanto
los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo...
Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos...” (Heb. 2:14,17).
Romanos 8:3, “... Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de
pecado...”
Cristo
no se hizo hombre en el sentido de la deidad siendo convertida
en humanidad. Cristo es Dios
y por tanto, espíritu (Juan 4:24). ¡Este
espíritu divino no se hizo un espíritu humano!
Sino mas bien que El tomó la naturaleza humana y Dios se hizo Dios-Hombre.
Carne.
La palabra “carne” puede referirse al cuerpo, pero también se refiere
a la humanidad. Compare Mateo
16:17, “... no te lo reveló carne ni sangre...”
Es usada de la humanidad de Cristo en Juan 1:14; 1 Tim. 3:16; 1 Juan
4:2. El léxico Arndt-Gingrich-Bauer
dice con respecto a la palabra “carne”:
“4. naturaleza humana o mortal, descendencia terrenal... Rom. 4:1...
de la naturaleza física de Cristo Rom. 8:3; Heb. 5:7 ... los hijos participan
de la naturaleza mortal, Heb. 2:14”.
W.E. Vine, Vol. 1, Pág. 233, va un paso más adelante, afirmando que
la naturaleza humana es espíritu, alma y cuerpo:
“(c) por sinécdoque, de la humanidad, en la totalidad de todo lo que
es esencial a lo humano, esto es, espíritu, alma, y cuerpo, Mateo 24:22; Juan
1:13; Rom. 3:20; (d) por sinécdoque, de la humanidad santa del Señor Jesús,
en la totalidad de todo lo que es esencial a lo humano, esto es, espíritu,
alma y cuerpo, Juan 1:14; 1 Tim. 3:16; 1 Juan 4:2; 2 Juan 7”.
(1 Tesal. 5:23, “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo;
y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, se guardado irreprensible ...”)
Por tanto, “... Jesucristo ha venido en carne ...” (1 Juan 4;2) no
significa que se hizo simplemente “carne” en el sentido de un cuerpo humano,
sino que tomó la naturaleza humana.
Jesús
Fue Tentado Como Hombre2
Mateo
4:1 registra las primeras tentaciones de Cristo:
“Entonces (después de Su bautismo) Jesús fue llevado por el Espíritu
al desierto, para ser tentado por el diablo”.
Hebreos 4:15, El “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero
sin pecado”. El diablo trató
toda forma posible para hacer que Cristo pecara.
Mateo 4:1-11 fue solamente el inicio de tales tentaciones,
Cuando el diablo fue derrotado completamente en esa ocasión, “... se
apartó de él por un tiempo” (Luc. 4:13), pero regresó una y otra vez para
tentarlo. Y aun así Cristo nunca
pecó. No importa como sea clasificado
el pecado (comisión, omisión, rebelión, pecados por ignorancia y debilidad,
pecados del corazón, etc.), Jesús no pecó.
Nunca hubo algún engaño (1 Ped. 2:22) o algún otro pensamiento, propósito
o deseo pecaminoso en Su corazón.
Eva
estaba en estado de inocencia, y sin embargo cuando Satanás la tentó, ella
perdió el control de su corazón y cometió pecado.
Aún cuando era inocente ante la aparición de la serpiente, escuchó
y fue receptiva a las palabras del tentador, y a causa de que recibió y hospedó
pensamientos pecaminosos en su corazón fue engañada y cayó en transgresión.
Satanás hizo lo mejor
de sí para engañar a Jesús. Trató
de hacer que Cristo fuera receptivo a sus sugerencias y ofertas seductoras,
pero falló totalmente, porque Cristo enfrentó cada una de sus tentaciones
con un “Está escrito”. Jesús
nunca perdió el control de Su corazón (intelecto, voluntad, emociones). Su conciencia nunca fue manchada. Nunca tuvo un pensamiento pecaminoso en Su vida.
En
todo esto hablar de si el hombre tiene que pecar o no, aquí está un simple
punto que debiera ser tenido en cuenta:
Desde la niñez Jesús estuvo tan dedicado a las Escrituras (Luc. 2:46-49;
4:16) y a la oración (Luc. 3:21; 6:12; etc.) y a Su obra (“los negocios del
Padre”) que simplemente El ni por un minuto perdió el control de Su corazón.
Evitó pecar a causa de Su fuerte determinación de nunca romper la comunión
con el Padre, ni aún por un momento.
Los niños hoy día — aún los hijos de Cristianos — no imitan a Jesús
en esto, sino que mas bien llenan sus mentes con cosas carnales que crean
toda clase de pensamientos y deseos, y se extravían desde su juventud.
Esto es lo que Jesús no hizo.
Desde el principio de Su vida en la tierra permaneció tan cerca como
fuera posible al Padre. Estuvo
determinado a no pecar y no pecó. Si
alguien en algún momento tratara de permanecer tan cerca al Padre como Jesús
lo hizo, probablemente sería marcado — aún por sus amigos en la iglesia —
como una clase de loco.
Ninguna
Escritura dice — ni aún débilmente implica — que el hombre tiene que
pecar (que tengamos que extraviarnos desde nuestra juventud).
Pecamos desde la niñez cuando escuchamos al Diablo, cuando dejamos
que se hospede en nosotros, mantenemos compañía y formamos una estrecha amistad
con sus hijos, y de esta manera permitimos que nos influencie y nos lleve
de la nariz. No tenemos, pero
lo hacemos. El hecho de que todos
pecamos no prueba que el hombre tenga que pecar; solamente prueba que todos
los hombres quieren pecar. Ni
el hecho de que la pecaminosidad universal es un tema de profecía prueba que
el hombre tenga que pecar. Ha
sido sugerido que debemos ser cuidadosos de no implicar que el hombre podría
vivir una vida impecable y no necesitar de la sangre de Cristo.
No tenemos que preocuparnos por esto, porque el simple hecho es que
todos los hombres necesitan de la sangre de Cristo porque todos los hombres
escogen el pecado (siempre lo hemos hecho, lo hacemos y lo haremos), pero
esto no es lo mismo que decir que el hombre tiene que pecar.
Necesitamos dejar de hablar acerca de tener que
pecar y empezar a hablar acerca de escoger el pecado.
¿Querrá afirmar alguien que una persona tiene que escoger el pecado?
Si el hombre tiene que pecar, entonces es porque nació depravado, o
además es porque Dios lo ha hecho así, nada de lo cual es verdad.
Todos los hombres pecan porque aún en sus primeros años son atraídos
por lo que el diablo tiene para ofrecer y tiene malos pensamientos y deseos,
y exactamente aquí es donde todos hemos partido la compañía con Jesucristo.
Santiago
1:13-15.
Santiago dice “... que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia
es atraído y seducido. Entonces
la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado,
siendo consumado, da a luz la muerte”.
Hace años empecé a poner de relieve el sentido e importancia de este
pasaje en conexión con las lecciones sobre guardar el corazón puro.
Pero luego esto causó un problema con mi sermón bosquejado sobre las
tentaciones de Cristo. Como muchos
otros estaba empezando con Mateo 4:1-11, luego yendo a 1 Juan 2:15-16; Gén.
3; Sant. 1:14, etc., para hablar acerca de las tres categorías: deseo de la carne, deseo de los ojos y la vanagloria de la
vida. Pero a medida que enfatizaba
la verdadera causa de las tentaciones acorde a Santiago 1:14, realmente me
incomodó aplicar esto a Cristo. Cada
vez se me volvió más obvio que este pasaje no debería ser usado en conexión
con las tentaciones de Jesús, porque El no tuvo la clase de deseo en su corazón
del cual habla Santiago. De manera
que este simplemente no se ajusta. Otra
cosa que comprendí es que deberíamos ser cuidadosos en cuanto a cómo apliquemos
Santiago 1:14 al afirmar que “Es del todo correcto ser tentado mientras no
pequemos”. Ciertamente la tentación
por sí misma no es pecado, porque Jesús fue tentado en todos los puntos como
nosotros y nunca pecó. No obstante,
no es del todo correcto tener la clase de tentación de la cual habla Santiago
1:14, porque el origen y causa de esta es el deseo pecaminoso.
Varias
autoridades concuerdan en que la palabra “deseo” [o “concupiscencia”] (eptihumía)
es usada en un buen sentido en el Nuevo Testamento solamente en Lucas 22:15
(“... ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua ...”); Filip. 1:23
(“... teniendo deseo de partir ...”); y 1 Tesal. 2:17 (“... tanto más procuramos
con mucho deseo ver vuestro rostro”).
Obsérvese que en estos pasajes un objeto específico es deseado.
W.E. Vine, Vol. 1, Pág. 289:
“En todos los otros pasajes tiene un sentido malo”. Luego nombra muchos pasajes que usan este término e incluye
Santiago 1:14. Léxico Grimm-Thayer:
“Específicamente, deseo por lo que está prohibido, concupiscencia...
Rom. 7:7sq; Sant. 1:14sq;
2 Ped. 1:14”. Léxico Ardnt-Gingrich-Bauer:
“2. En un sentido bueno” (nombre los mismos tres); “3. En un
sentido malo para algo prohibido ... Rom. 7:7 y Sig.; Sant. 1:14 y Sig.; 2
Ped. 1:4 ... Col. 3:5”. Muchas
versiones traducen esta palabra “concupiscencia”. A.T. Robertson: “Epithumia
es una antigua palabra para el deseo vehemente ... ya sea bueno (Filip.
1:23) o malo (Rom. 7:7) como aquí”.
Adam Clarke: “cuando de
su propia concupiscencia es atraído — cuando, da camino a la predisposición
mala de su propio corazón ...” Es
interesante anotar que Albert Barnes dice que esta palabra “significa deseo
en general” y luego su editor (Robert Frew) fuertemente no está de acuerdo
con él: Después de nombrar los
mismos pasajes que los léxicos y otros comentarios citan como usando la palabra
en un buen sentido, él dice, “a menudo en un mal sentido como en (los textos
dados), pero no hay dificultad en hacer la distinción; el contexto fácilmente
determina la cuestión. Y este
pasaje en Santiago parece fijar de una vez sobre Epithumia el
sentido de deseo malo o corrupto.
Que pueda significar `predisposición inofensiva’; o que es una predisposición
cuyo carácter el apóstol no pronuncia en absoluto, es
increíble. Es dicho que `atrae al hombre y lo seduce’; para `concebir
y dar a luz el pecado’; y un principio del cual salta tal fruto no puede ser
muy inofensivo. Sin
duda, el apóstol traza todo el mal de la tentación, que algunos falsamente
atribuyen a Dios, los deseos pecaminosos del corazón humano
...” John Peter Lange:
“Su propia concupiscencia interior se encuentra en él como solicitando
una mujer incasta”. Por tanto,
la concupiscencia [o deseo] de Sant. 1:14 es como esa de Sant. 4:2; 1 Juan
2:15; 2 Tim. 4:3; 2 Ped. 3:3; etc.
¿Por
qué razonamiento, podría esta palabra “deseo” (“concupiscencia”) describir
las tentaciones de Cristo? Repito:
el diablo empleó todo dispositivo que tenía (2 Cor. 2:11; Efe. 6:11;
etc.), para tentar a Cristo y hacer que pecara, por tanto, que nadie me malentienda.
Jesucristo — como hombre — fue tentado, probado hasta el grado máximo
de la capacidad de Satanás para tentar y probar a cualquiera.
No hay absolutamente nada en el Texto Sagrado para indicar que la Deidad
de Cristo intervino en alguna forma para refrenarlo.
Pero esto huye en frente de la erudición de la Biblia — del sentido
común del entendimiento de las palabras y su contexto — para aplicar Santiago
1:14 a Jesucristo (eso es., decir que fue tentado por medio de ser atraído
y seducido por Su propia concupiscencia).
Hacerlo así es pervertir la Escritura, porque Santiago no está hablando
acerca del hambre normal, de la sed, de la dirección del sexo, y de otras
predisposiciones humanas, sino del deseo en el sentido de la mala concupiscencia,
deseando eso que es malo. De
lo tal Jesús absolutamente no era culpable.
Aquellos que usan Santiago 1:14 para probar que Jesús fue tentado en
todo como nosotros solamente debilitan su causa con las personas de correcto
pensamiento.
Ha
sido argumentado que no hay pecado en el deseo [o concupiscencia] de Santiago
1:14, sino que solamente lleva al pecar.
¡Vuelva y lea la carta!
Santiago está condenando el pecado entre algunos de sus oyentes.
Dirige mucho de su carta a la segunda generación de Cristianos que
se habían inclinado a lo carnal. Describe
varias condiciones pecaminosas: Cap.
1: Habla de su doble ánimo y
concupiscencia, implica que algunos no eran hacedores de la Palabra, y que
su religión era vana; Cap. 2: que
algunos practicaban la discriminación contra hermanos pobres; que la fe de
algunos era muerta; Cap. 3: que había un rencor amargo entre ellos; Cap. 4:2, “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis
alcanzar; combatís y lucháis”; 4:4, “¡Oh almas adulteras!
¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?”; Cap.
5: amantes del dinero, etc.
Estas
eran condiciones pecaminosas indicando doble ánimo (1:6-8) y corazones impuros
(4:8 - “purificad vuestros corazones”) y carnalidad en general.
Necesitaban limpiar la fuente (3:11).
Por tanto, es obvio que las concupiscencias de 1:14 son las mismas
como aquellas de 4:2,4 (y a través de toda la carta).
Este texto es simplemente un eco de Marcos 7:21-23 para explicar el
origen de la tentación y el pecado.
Les estaba diciendo lo que estaba incorrecto con ellos y como corregirlo.
Santiago 1:14 no quiere decir que tales condiciones putrefactas del
corazón son en algo más aceptables que lo que Marcos 7:21-23 lo hizo.
Ambos, Jesús y Santiago usan lenguaje figurado y el tal no debe ser
abusado. Jesús usó la ilustración
de que lo que entra al hombre no lo contamina sino más bien lo que sale de
él, y Santiago usa la ilustración de una persona siendo atraída y seducida
por su propia concupiscencia lo cual es como la carnada en un anzuelo para
atrapar un pescado y como la seducción de una ramera para dar lugar a la concepción
y nacimiento del pecado. En Marcos
7:21-23 Jesús trata con el pecado en el corazón y en la ofensa premeditada
y Santiago hace la misma cosa en 1:13-15.
El “pecado” de Santiago 1:15 corresponde a las “fornicaciones, hurtos,
homicidios, etc.” de Marcos 7:21-23 lo cual primero tiene que ser concebido
en el corazón (procede de adentro).
Ambos pasajes dicen básicamente la misma cosa, y el mensaje es claro: “... vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones”
(Sant. 4:8).
Todo
esto dice que mientras Jesús fue tentado y probado por toda estrategia posible
que Satanás pudo usar para destruirlo, no fue tentado a través del deseo pecaminoso
[o concupiscencia] como lo somos nosotros por la simple razón de que El no
tuvo tales deseos en Su corazón. Esto
no es una cuestión de si fue tentado como hombre o no.
Lo fue. Esto no es una
cuestión de Su deidad mitigando las tentaciones.
No hay indicación de esto. Nadie
puede decir que las tentaciones de Cristo fueron menos severas que las nuestras.
Pero es impensable acusar a Jesús con la concupiscencia de Santiago
1:14; 4:2, etc.
Conclusión
Cuan
profundamente agradecidos deberíamos estar que Cristo, el Hijo de Dios, también
se hizo hombre. La paga del pecado es la muerte, pero que dilema para el hombre,
porque aunque el hombre muere, no puede por medio de su muerte redimirse a
sí mismo del pecado porque es un pecador.
La muerte de los animales no puede quitar el pecado.
Los ángeles no pueden morir por el hombre.
Dios no puede morir. Por
tanto, ¿cuál fue la solución? “Sacrificio
y ofrenda no quisiste; mas me preparaste un cuerpo” (Heb. 10:5).
Dios el Hijo vino a la tierra para convertirse en hombre de manera
que pudiera morir por nosotros y revelarnos al Padre y ser nuestro ejemplo
perfecto y convertirse en nuestro Sumo Sacerdote (Mediador).
Que
podamos proclamar siempre estas verdades sagradas y servirle con imperecedera
devoción hasta que vuelva otra vez.
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de
Dios! ¡Cuán insondables son sus
juicios, e inescrutables sus caminos!” (Rom. 11:33).
______________
Anotaciones
al Pie
1
Wayne Partain.
2
Véase el Capítulo 12, - “De Qué Se Despojó” - La Tentación de Cristo, Págs,
59.
Véase
el Capítulo 13, - “La Naturaleza y Tentación de Cristo”, Págs. 60.
Véase
el Capítulo 17, - “La Impecabilidad de Jesús”, Pág. 75.
Véase
el Capítulo 18, - Jesús y Santiago 1:13-15, Pág. 81.
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