CAPITULO
14
LA
UNIDAD DE DIOS
“Oye,
Israel: JEHOVA nuestro Dios,
JEHOVA uno es” (Deut. 6:4). La
Biblia es clara en el hecho de que hay sólo un Dios.
Jehová proclamó: “ ...
y fuera de mí no hay Dios” (Isaías 44:6).
Una y otra vez Dios hizo claro a los Israelitas que El era el único
Dios. El Nuevo Testamento es
de igual manera consistente, enseñando que “... no hay más que un Dios” y
“... sólo hay un Dios ...” (1 Cor. 8:4,6).
Son numerosos los pasajes que apoyan esta verdad.
Pluralidad
En Uno
La
Biblia enseña que hay pluralidad en un Dios.
Esto podría parecer un poco confuso al principio, pero el principio
no es lo difícil. Por ejemplo,
un equipo de deportes usualmente está compuesto de varias personas.
La palabra “uno” indica simplemente “unidad”; y la unidad de Dios es
encontrada en el fondo e igualdad común de las tres personas.
No estamos hablando de tres dioses en uno, sino más bien que hay tres
personas en una Divinidad. Debemos
ser cuidadosos de no separarlos hasta el punto de que los observemos como
actuando completamente independientes el uno del otro (véase Juan 7:16-17). La Deidad está compuesta del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Todos tres poseen los mismos atributos divinos; todos tres son iguales
en naturaleza. Varios pasajes
hablan de ellos en esta forma. Jesús
enseñó a Sus discípulos a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo, y del
Espíritu Santo (Mateo 28:19). A
medida que Pablo terminaba su carta a los Corintios, dijo:
“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del
Espíritu Santo sean con todos vosotros.
Amén” (2 Cor. 13:14). Encontramos
que es hablado de ellos sobre bases iguales, lo cual sería blasfemo si no
fuera así (véase también Juan 14:15-18, etc.).
Hay subordinación en términos de operación y función. Un general podría mandar a un particular, tiene autoridad sobre
él, pero ellos son aún iguales en naturaleza.
Así es con Dios. El Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en naturaleza, aún cuando han asumido
diferentes papeles en el plan de salvación.
En el Antiguo Testamento, la palabra “Dios” es encontrada en forma
plural en muchos lugares cuando se refiere a Jehová, el único Dios verdadero.
Esta es la palabra Elohim.
Génesis 1:1 dice: “En el principio creó Dios [Elohim] los cielos
y la tierra”. La palabra “creó”
aquí es singular. De esta manera,
la Deidad (consistiendo de tres personas) se unieron conjuntamente en un sólo
acto. Cada uno tuvo una parte
a jugar en la creación. En Deuteronomio 6:4 encontramos nuevamente la unidad de Dios:
“... JEHOVA nuestro Dios, JEHOVA uno es”.
La palabra JEHOVA es YHWH (comúnmente traducida como
“Jehová”), y “Dios” es Elohim.
La palabra “uno” es de echad la cual es usada como “una
unidad” (como opuesta al “uno absoluto” tal como la palabra yachad
significaría). El versículo dice
literalmente: “Jehová nuestro
Elohim, es un Jehová unido”. Echad es encontrado también en Génesis 2:24,
el cual se refiere al marido
y la esposa como “una sola carne”. En
el matrimonio, hay una “unidad de carne” con dos personas.
La Biblia enseña que “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo
en Cristo” (Rom. 12:5). Hay solamente un cuerpo, pero el cuerpo está compuesto de muchos
miembros. Por tanto, el concepto
de que hay unidad en una pluralidad no es difícil de entender.
Tenemos muchos ejemplos comunes tal como aquellos ya mencionados.
¿Entonces por qué deberíamos tener tal dificultad cuando pensamos acerca
del concepto Bíblico de Dios?
Cristo
En La Tierra
Es
vital que entendamos la unidad de la Deidad.
Los conceptos equivocados acerca de esto han llevado a muchos al error
sobre la naturaleza de Cristo, también como a la del Espíritu Santo y el Padre.
Esto es especialmente importante cuando estudiamos la vida de Cristo
en esta tierra. Algunos en el
mundo religioso creen que cuando Cristo vino a la tierra, dejó Su deidad en
el cielo. Otros, aunque declaran
creer en la Deidad de Cristo mientras estaba en la tierra, creen que Cristo
se despojó a Sí mismo de todas las cualidades y características de la Deidad
(lo cual realmente se refiere a Su naturaleza — o sea, eso que lo hace a El
lo que El es). No obstante, posiciones
tales como estas ignoran la unidad de la Divinidad.
Si una de estas personas de la Divinidad pudiera despojarse de las
características que lo hacen lo que El es, entonces todos ellos podrían y
no continuaría habiendo “un Dios”. Si
una de las personas dejara de ser algo menos de lo que siempre había sido,
entonces el “un Dios” de la Biblia no es ya más el mismo.
Sin embargo, podemos tener la seguridad en el hecho de que Dios no
cambia (Malaquías 3:16; Hebreos 1:10-12; 13:8). El es siempre el mismo.
Aún cuando Cristo se vistió de un cuerpo de carne y sangre para ser
como nosotros (Heb. 2:14,17), no se despojó a Sí mismo de Su naturaleza para
convertirse en algo menos que Dios,
Aún en la carne, toda la plenitud de la Deidad moraba en él corporalmente
(Col. 2:9). De esta manera, la
unidad de la Divinidad fue retenida
completamente durante el período de tiempo que Cristo estuvo en la tierra.
Cristo afirmó esta unidad muchas veces.
“Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30).
Esta afirmación, entendida por los Judíos como una declaración de ser
Dios, fue por la que los Judíos trataron de matar a Cristo en más de una ocasión
(Juan 5:16-30).
“Nada
Puedo Hacer Por Mí Mismo”
Varias
veces, especialmente en el libro de Juan, Jesús habló del hecho de que no
vino para hacer Su propia voluntad.
Dijo: “No puedo yo hacer
nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no
busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan
5:30; véase también Juan 6:38; 7:16,18; etc.).
También puede ser señalado que Jesús tuvo poder del Espíritu Santo
(Mateo 12:28). Colocando estas
cosas conjuntamente, algunos han enseñado que El no retuvo poder por Sí mismo,
sino que solamente tuvo las habilidades que le fueron dadas desde arriba.
La conclusión es que Jesús no podía, por tanto, haber sido pleno Dios
mientras estaba en la tierra. Ha
sido dicho que si Jesús tenía
todas las propiedades de la Deidad, no habría tenido que preguntarle al Padre
por nada (tal como en Mateo 26:53).
Simplemente El mismo podía haber hecho esto.
Sin embargo, argumentos como este ignoran la naturaleza y unidad de
la Divinidad. Ciertamente los
mismos argumentos pueden ser hechos acerca del Espíritu Santo.
Jesús dijo a Sus discípulos que el Espíritu Santo “... no hablará por
su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere ...” (Juan 16:13).
Podríamos decir: “Si el Espíritu Santo tenía todas las propiedades de la Deidad,
sería capaz de hablar por Sí mismo”.
Quizás uno podría argumentar:
“Si el Padre tenía todas las propiedades de la Deidad, no habría tenido
que enviar a Su Hijo”. Todos
estos argumentos son ilógicos y engañosos porque ignoran la naturaleza y unidad
de la Divinidad. El hecho de
que el Espíritu Santo no hablara por Su propia autoridad no lo hizo algo menos
en Deidad. Esto indica simplemente
el hecho de que Dios estaba obrando conjuntamente como uno.
Las personas estaban mirando a Jesús como hombre, y si fuera simplemente
a dar testimonio de Sí mismo, Su testimonio no era verdadero (Juan 5:31).
No podía abandonar lo Suyo propio para hacer Su propia cosa y aún ser
el Salvador de la humanidad. En
Juan 5:30, Jesús estaba hablando de la voluntad y el juicio, no de poder y
habilidad. Este versículo es
testimonio de la unidad de Dios, y apunta simplemente al hecho de que Jesús
no estaba aquí para hacer Su propia voluntad aparte de la del Padre.
Hacerlo así habría destruido la unidad de la Divinidad.
Algunos
argumentan que la única razón por la que Jesús pudo hacer algo milagroso es
porque tenía el poder del Espíritu Santo.
Que realmente no tenía poder innato en Sí mismo.
Aún ha sido dicho que el poder que tuvo para perdonar pecados (Marcos
2:1 y Sig.) no era innato, sino el mismo poder dado a otros hombres.
La única diferencia es que Jesús tenía el Espíritu Santo “sin medida”,
mientras que los apóstoles y otros simplemente tenían el Espíritu Santo “en
parte”. No tenemos ningún problema
con el hecho de que Cristo tuviera el Espíritu Santo (Lucas 4:1; Mateo 12:28;
etc.). En efecto, ¡debería sorprendernos
si no tuviera el Espíritu Santo!
Dios es uno, y las tres personas de la Divinidad moran y esperan el
uno en el otro. Sin embargo,
eso en sí mismo no prueba que Jesús no hizo algo por Su propio poder innato.
Jesús es el camino, la verdad, y la vida (Juan 14:6).
El es la resurrección y la vida (Juan 11:25). Concedido, que El hizo todo por el poder del Espíritu Santo.
¿Disminuye eso en alguna forma Su Divinidad?
¿Significa eso que no poseía los atributos y características de la
Deidad? Si es así, entonces tampoco
el Padre, porque el Padre usó al Espíritu Santo como Su agente al hacer Sus
obras, tal como en la creación del mundo (Génesis 1:2) y en la revelación
de Su palabra (2 Pedro 1:21). Sabemos
cuán ridículo sería sugerir que si el Padre tenía todas las propiedades de
la Deidad no habría tenido necesidad de usar al Espíritu Santo.
No obstante, este es el argumento que escuchamos con referencia a Cristo
porque El estaba en la tierra en la carne.
Cuando nos olvidamos de la unidad de Dios, ¡estamos en dirección a
problemas!
Hasta
donde podemos leer en las Escrituras, las tres personas de la Deidad siempre
trabajaron conjuntamente como uno. Dios
así lo hizo en la creación, y continuó haciéndolo así en la obra de redención
y revelación. No sé de ningún pasaje indicando que alguna de las personas
de la Deidad en algún momento hizo algo por Sí mismo, “dejando colgadas” a
las otras dos personas. El
un Dios nunca ha sido fragmentado. Si
una persona abandonó lo Suyo propio sin los otros, entonces francamente, el
un Dios de la Biblia no continuaría siendo intacto.
Se toma a todos los tres conjuntamente como uno para hacer el un Dios
de la Biblia. Para ilustrar,
una pareja matrimonial es una carne en dos personas.
Si uno de los esposos se sale del otro para hacer su propia cosa, el
matrimonio sería fragmentado. Un
hombre por sí mismo no sería el matrimonio.
Se toma a ambas personas para conformar la una carne.
Es completamente obvio que si el un Dios debe permanecer un Dios, entonces
ninguna de las personas puede abandonar lo Suyo propio y hacer Su propia cosa.
Estoy temeroso de que muchos hermanos tengan el concepto de “tres Dioses
en uno” antes que “tres personas en una Divinidad” como lo enseña la Biblia. Jesús no hizo nada de Sí mismo mientras estaba en la tierra
porque no vino por Sí mismo, ni fue Su misión estrictamente hacer Su propia
voluntad. Cuando Jesús envió
al Espíritu Santo, entonces el Espíritu Santo no vino tampoco para hacer Su
propia voluntad. ¿Por qué?
¡Porque hay un Dios! ¿Hace
esto a Jesús o al Espíritu Santo algo menos que Deidad?
No, los hace trabajar conjuntamente como uno.
¿Hace esto al Padre algo menos que Deidad porque usa agencias en Su
obra? En absoluto. “Yo y mi Padre uno somos”, dijo Jesús (Juan 10:30).
Autoridad
En La Divinidad
Otro
aspecto que debemos considerar es ese de la autoridad.
Hay rango envuelto en la Divinidad en la obra de redención.
En términos de naturaleza, ellos son todos iguales. Y simplemente porque uno tenga autoridad sobre otro no hace
al otro algo menos igual en naturaleza.
Nuevamente, para ilustrar, el marido es cabeza de la mujer (Efesios
5:23). Sin embargo, ella no es
inferior a él, y él no es superior a ella (1 Pedro 3:7; Gál. 3:28).
Ellos son igualmente humanos y uno en Cristo.
En este respecto, su naturaleza es exactamente la misma.
Esta es la forma en que es con Dios.
En la obra de redención, el Padre es la cabeza de Cristo (1 Cor. 11:3),
y Cristo es la cabeza del Espíritu Santo.
Jesús dijo: “... el Padre
mayor es que yo” (Juan 14:28). ¿Por
qué pudo decir esto? Porque “...
el enviado no es mayor que el que lo envió” (Juan 13:16).
Jesús también dijo que enviaría al Espíritu Santo (Juan 15:26; 16:7),
lo cual lo convertiría “en mayor” que
el Espíritu Santo. El punto es
simplemente que la autoridad sobre uno no anula la igualdad.
Al
argumentar que Jesús no podía haber sabido todas las cosas, Marcos 13:32 es
citado, el cual nos dice que “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni
aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre”.
Concedo la dificultad de este pasaje.
Sin embargo, uno debe ser cuidadoso de guardar en mente un par de cosas:
Primero, siempre que se diga esto de Cristo, también se dice acerca
del Espíritu Santo. El “día y
la hora” de que se habla es algo que “solamente el Padre” conoce, y excluiría,
por tanto, al Espíritu Santo como se hace con Cristo.
Este no es un tiempo revelado por el Espíritu Santo.
Si esto dice que el Espíritu Santo era algo menos que el pleno Dios
mientras estaba en la tierra, entonces esto dice que el Espíritu Santo era
menos que el pleno Dios mientras estaba en el cielo.
El tal no es un correcto entendimiento.
Segundo, los apóstoles reconocieron que Jesús sabía “todas las cosas”
(Juan 16:30; 21:17). Evidentemente, los apóstoles tenían una buena razón para hacer
tal declaración; y no hay indicación de Jesús tratando de corregirlos.
¿Por qué no dijo, “Ustedes están equivocados.
Y no sé todas las cosas. Yo
renuncié a mi conocimiento cuando vine a esta tierra”?
La Biblia afirma que Cristo tenía cierto conocimiento (véase Juan 2:24-25;
13:1,3; 18:4; Comp. Ap. 2:23; etc.).
¿Pero
qué acerca de Marcos 13:32? Aún
cuando no pudiéramos entender todas las ramificaciones de esto, yo, sin embargo,
creo que esto tiene que ver con la autoridad dentro de la Divinidad.
Mientras Jesús hablaba a Sus discípulos antes de Su ascensión, le preguntaron
si ese era el tiempo cuando el reino sería restaurado a Israel. Jesús respondió: “No
os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso
en su sola potestad” (Hechos 1:7; énfasis añadido).
El papel del Padre es uno en el cual puede escoger los “tiempos o las
sazones” en los cuales cumplir Su voluntad.
De esta manera, esto no es una cuestión de retención o despojo de las
características de la deidad, sino de autoridad.
Necesitamos ser cuidadosos de no ir más allá de la inspiración y tratar
de explicar las cosas que Dios no ha revelado.
Las “cosas secretas pertenecen a Dios” (Deut. 29:29).
Si esto no ha sido revelado, simplemente necesitamos aceptar lo que
esto dice y dejar de tratar de explicar los intrincamientos de la paradoja.
Cristo
estaba en pleno control de Sus limitaciones impuestas a sí mismo cuando vino
a esta tierra. Retuvo la naturaleza divina y poseía la plenitud de la Deidad
en Su cuerpo (Col. 2:9). Vino
para hacer la voluntad del Padre, lo cual es testimonio del hecho de que Jehová
es un Dios unido. La misma sugerencia
de que Cristo pudo despojarse de Su naturaleza (de las características que
hacen de El lo que El es) es anti-bíblica.
Seamos agradecidos de que Cristo, Aquel que compartió la comunión de
naturaleza y propósito con el Padre y el Espíritu Santo (Zacarías 13:7), se
vistió de carne para probar la muerte por todos los hombres (Hebreos 2:9).
Escuchen bien: ¡JEHOVA nuestro Dios, JEHOVA uno es!
[Gospel
Anchor, Vol. 17, Nº5, Pág. 67, T. Doy Moyer].
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