CAPITULO
13
LA
NATURALEZA Y TENTACION DE CRISTO1
Cómo
pudo Dios venir en la carne es un enigma.
Es difícil para la mente pensar que el Infinito pudo entrar en un cuerpo
de carne y huesos. No obstante la dificultad que pudiéramos tener en el entendimiento
de cómo ocurrió esto no significa
que no podamos creerla. Simplemente
debemos aceptar lo que la Palabra de Dios dice y dejar el “cómo” al corriente
de El. Nos metemos a nosotros
mismos en un profundo problema cuando tratamos de entender lo infinito sobre
el fundamento de lo diminuto finito.
La
Naturaleza de Cristo
La
pregunta es, cuando Dios fue manifestado en carne, ¿era de la misma naturaleza
como lo somos nosotros? Si y no. La naturaleza
de Cristo en la tierra era humana y divina.
Por “naturaleza” nos referimos a las características y atributos naturales
de Cristo. Con respecto a la
“naturaleza divina”, queremos decir las características y atributos que pertenecen
al espíritu que es Deidad; con respecto a la “naturaleza humana”, queremos
decir las características y atributos del cuerpo físico.
Por definición, “naturaleza” significa “el carácter esencial de una
cosa; cualidad o cualidades que hacen a algo lo que es; la esencia” (Webster).
Una “característica” es un rasgo o cualidad distintiva, y un “atributo”
es “cualquier propiedad, cualidad, o característica que puede ser adscrita
a una persona o cosa”. Nos es
dicho que cuando Cristo vino a esta tierra, se despojo a Sí mismo de todos
los atributos y características de la Deidad que le habrían impedido de ser
completamente humano. Esto realmente
dice que aún cuando El era la misma persona que había sido divina, no continuaba
poseyendo el estado de divinidad y era humano en todo exactamente como lo
somos nosotros. Su naturaleza
ya no era divina. Podemos
ver por definición que decir que Cristo se despojó de Sus atributos y características
es decir que no continuó poseyendo las mismas cualidades que lo hacían
lo que El es.
Aunque los defensores de esta posición declaran creer que Jesús era
Dios en la tierra, realmente solo pueden creer que El era un versión de Dios
despojada, que no tenía cualidades que lo distinguieran (al Creador) de lo
creado. El es la misma persona
despojada de todo lo que hace lo que El es.
¿Quién puede creer eso? La
pregunta que ellos tienen aún para contestar es, ¿Cómo puede Dios despojarse
a Sí mismo de las cualidades que lo hacen lo que El es y aún ser la misma
persona? Esto querría decir que
Su misma naturaleza y esencia ha cambiado.
La persona de Dios no sería ya mas la persona de Dios,
sino una persona que había sido Dios (la cual es la forma en
que esto ha sido expresado, eso es, “no podía negar lo que había sido”).
Es por esto que este error fundamental despoja a Jesús de Su Deidad
(divinidad) y nos tiene sirviendo “simplemente a un hombre ordinario”.
Esto es muy serio y no debe ser tenido en menos.
Una
pregunta que necesita ser contestada por aquellos que contienden que Cristo
se despojó de todos los atributos y características de la Deidad es, ¿Cristo
tenía un espíritu humano o un espíritu divino?
Si la respuesta es que tenía un espíritu humano, esta es una admisión
de que Jesús no podía ser Dios (o mas, necesitamos una explicación en cuanto
a cómo la Deidad podía ser un espíritu humano y aún ser Deidad).
Si la respuesta es que tenía un espíritu divino (no humano), esta es
una admisión de que Su naturaleza
era divina (y la naturaleza hace referencia a los atributos y características
que lo hacen lo que El es). No
obstante, está siendo argumentado que El no poseía los atributos y características
de la Deidad, lo cual significa que Su naturaleza no era divina, y Su espíritu,
por tanto, debe haber sido humano. Uno
no puede tener ambas formas.
El
“texto de prueba” de aquellos que reducen a Jesús a un simple hombre (un espíritu
humano en un cuerpo humano), que argumentan que no poseía las características
de la Deidad, es Hebreos 2:14-18. El
versículo 17 nos dice que “... debía ser en todo semejante a sus hermanos
...” ¿Qué quiere decir esto cuando
el pasaje dice que fue en todo semejante
a nosotros? ¿Es esta una
declaración desautorizada? La
respuesta a esto está en el versículo 14 la cual nos dice que “... por cuanto
los hijos participaron de carne y sangre, él también participó
de lo mismo ...” ¿Qué
es lo mismo? ¡Carne y sangre! Hasta
donde va la carne y la sangre, Cristo fue semejante a nosotros “en todo”.
Su cuerpo era tan físico y real como lo son los nuestros.
Su sangre era tan roja, Sus huesos eran tan duros, y pudo sentir el
sufrimiento y deseos que nuestros cuerpos físicos sienten.
Era semejante a nosotros en todo lo perteneciente a la sangre y carne
de manera que pudiera sufrir en la carne y ser la propiciación por nuestros
pecados. Cristo tenía una naturaleza
física y aprendió la obediencia en su cuerpo de sangre y carne.
La naturaleza espiritual de Jesús no está bajo consideración en Hebreos
2.
La
naturaleza física de Cristo era idéntica a la nuestra, pero ¿qué acerca de
la parte espiritual de El? ¿Era
Su espíritu un espíritu humano? ¿Eso
que es divino se convirtió en lo que es humano?
¿Fue cambiado lo divino a lo humano?
A esto debo contestar “no”. No
puedo encontrar algún pasaje que enseñe que el espíritu divino de Cristo dejó
de ser divino y se convirtió en espíritu humano.
¿Qué ocurrió cuando Cristo vino a esta tierra?
“Por lo cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste un cuerpo”
(Heb. 10:5). El espíritu divino
tuvo un cuerpo de carne y sangre preparado para El (Jesús) de manera que pudiera
hacer la voluntad del Padre. Cristo
no era una versión despojada de la Deidad.
Era Dios manifestado en carne (1 Tim. 3:16).
Tenía, y aún tiene, “toda la plenitud de la Deidad” morando en El corporalmente
(Col. 2:9). El realmente era
“Dios con nosotros” (Mat. 1:23). El
increado no se volvió en el creado.
El Creador no se convirtió en una criatura, que es lo que tendría que
haber ocurrido si Jesús no era diferente de todos nosotros en absoluto.
En
la afirmación de dos naturalezas, no quiero decir que Cristo tenía un cuerpo
con dos espíritus. Mas bien,
El tenía un cuerpo y un espíritu. Su cuerpo era físico, Su espíritu divino; por tanto, dos naturalezas.
El hecho de que era humano no tuvo que ser probado.
Esto era evidente para todos los que lo vieron.
Pero la parte divina de El no podía ser vista por el ojo humano.
En apariencia era un hombre, pero en espíritu era Dios.
Consecuentemente, es digno de atención que los primeros en reconocer
a Jesús como el Hijo de Dios fueron los seres espíritus (el Padre, Mateo 3:17;
Satanás, Mateo 4:3; los demonios, Mateo 8:29).
¿Supieron esto Satanás y los demonios por Su cuerpo físico?
No. Jesús físicamente
no apareció como Dios, sin embargo,
lo reconocieron antes de cualquier demostración de Deidad de Su parte.
Los hombres, solamente pueden ver lo físico, llegaron a conocerle,
no por apariencia, sino a medida que demostraba quien era por Su vida y obras.
La
narración de la “transfiguración” muestra que Jesús no era una versión despojada
de Dios. A medida que se transfiguraba,
“resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como
la luz” (Mat. 17:2). Esto causó
una gran impresión en los discípulos, y Pedro escribió mas tarde que ellos
fueron testigos “... habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad”
(2 Ped. 1:16). Esto hace referencia
a la transfiguración (v.17), la cual ocurrió mientras Cristo estaba en la
tierra. La palabra traducida
majestad es una referencia a los atributos divinos.
Se refiere al “enorme poder” y “grandeza” que fue revelada durante
la transfiguración de Jesús. En
otra parte Dios es reconocido como teniendo la majestad [o grandeza] (Lucas
9:43), y otra forma de la palabra es usada para expresar este atributo de
Dios (Heb. 1:3; Judas 25). De
esta manera, la transfiguración es una prueba de que Jesús aún tenía la naturaleza
divina. Esto va mano a mano con
Isaías 9:6, que profetiza que el Mesías sería llamado “Dios Fuerte”.
Sin embargo, algunos niegan que Jesús tuviera algún poder de Sí mismo.
Si esto es así, entonces realmente no era el Dios Fuerte.
Mas bien, era simplemente una cáscara de un espíritu
que había sido el Dios Fuerte.
Decir que no tenía poder por Sí mismo es ir en contra de Pedro e Isaías.
El
hecho de que Cristo recibió adoración prueba Su naturaleza divina.
Si Su naturaleza divina se había vuelto “en realidad, totalmente” humana,
entonces el recibir adoración habría sido blasfemo de Su parte.
Hechos 14 describe donde Pablo y Bernabé habían sanado a un hombre
en Listra, lo cual resultó en que el pueblo los adorara como dioses.
Sin embargo, ellos rehusaron esa adoración sobre la base de su naturaleza:
“... nosotros también somos hombres semejantes a vosotros ...” (v.15).
¿Qué estaban diciendo? “Somos
hombres ordinarios exactamente como ustedes lo son.
No hay diferencia entre nosotros” (Comp. Hch. 10:25-26).
En vista de que esto era así, entonces no tenían derecho a recibir
adoración. No tenían características
que los distinguieran de los otros hombres.
Este no es el caso con Cristo.
No obstante, si era un simple hombre, y no diferente en absoluto de
nosotros, entonces habría pecado al aceptar adoración.
Aun cuando en un tiempo había sido divino, si estaba despojado de todos
los atributos y características de la Deidad, entonces realmente era solo
un hombre y por tanto, indigno de adoración.
La verdad de la cuestión es, Cristo pudo aceptar adoración a causa
de Su naturaleza divina, y por tanto,
no tenía la misma naturaleza espiritual como nosotros.
No poseemos Deidad; Cristo la poseía y aún la posee.
A causa de esto, pudo enseñar:
“Para que todos honren al Hijo como honran al Padre ...” (Juan 5:23).
La naturaleza espiritual de Cristo es aún igual a la del Padre.
En apariencia, era como todo otro hombre.
¿Significa
esto que Cristo no se despojó de nada cuando vino a esta tierra?
No, porque la Escritura nos dice que se hizo pobre por nuestra causa
(2 Cor. 8:9), dejó la gloria del cielo (Juan 17:5), y tomó forma de siervo,
humillándose a Sí mismo para morir en la cruz (Fil. 2:5-8).
Su sacrificio fue grande. Sin
embargo, esto no quiere decir que no continuó poseyendo algunos de los atributos
y características de las Deidad. Su
naturaleza era divina y esto nunca podrá cambiar (Comp. Heb. 1:12; 13:8).
Esta naturaleza divina se añadió a una naturaleza física por medio
de tomar el cuerpo de un hombre. No
vino en la completa gloria de la Deidad, en la forma en que El habita en “luz
inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver” (1 Tim.
6:16). Mas bien, se manifestó
a Sí mismo en forma de siervo y en apariencia y semejanza de hombre.
No obstante, Su naturaleza espiritual era tan divina como lo era antes
de Su encarnación. Por esto deberíamos
estar agradecidos, porque sabemos que al que servimos no es un hombre ordinario
o común, ni que era simplemente un hombre o una versión despojada de Dios.
“Porque en el habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col.
2:9).
La
Tentación de Cristo2
Afirmando
la naturaleza divina de Cristo trae preguntas acerca de las tentaciones que
Cristo enfrentó. ¿Eran reales? ¿Cómo pudo ser tentado?
La Biblia enseña que cuando Jesús vino a esta tierra, se sujetó a Sí
mismo a las tentaciones del hombre.
No obstante, hay dos extremos a evitar.
Un extremo es decir que las tentaciones no eran reales. El otro extremo, es tratar de reconciliar cómo Jesús pudo ser
tentado con el hecho de que era Dios, dice que, aunque Jesús era la misma
persona desde la eternidad, ciertamente se despojó de todas las cualidades,
características y atributos de la Deidad para convertirse nada mas que en
un hombre mientras estaba en la tierra.
Ya hemos demostrado que esto es falso.
Su naturaleza espiritual era divina, y no podía despojarse de las características
que lo hace lo que El es y aún ser la misma persona.
La
Biblia nos dice que “Dios no puede ser tentado” (Sant. 1:13), pero también
nos dice que Jesús fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin
pecado” (Heb. 4:15). En cualquier forma que entendamos esto, no podemos hacer que
contradiga el hecho de que “en él habita corporalmente toda la plenitud de
la Deidad” (Col. 2:9). Primero
que todo, Santiago no está hablando con respecto a Cristo en la carne.
Está hablando de Dios en el estado normal
en que Dios existe. Habla
de Dios como el que “habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres
ha visto ni puede ver” (1 Tim. 6:16).
En tal estado Dios es inaccesible.
El escritor Hebreo habla de Jesús en la carne.
Su estado carnal era anormal y accesible.
Este no era el estado en que normalmente existía, y fue en este estado
que pudo ser tentado. El argumento
de que “si Jesús era Dios mientras estaba en la tierra, entonces no podía
ser tentado” es tan antibíblico como argumentos similares tales como: “Jesús no podía ser Dios porque Dios es Espíritu, y un espíritu
no tiene carne ni huesos ...”, o “Jesús no podía ser Dios porque nadie a visto
a Dios en algún momento (Juan 1:18)”.
Reconocemos estos argumentos como falaces porque ignoran la situación
única en que Cristo estaba. Hablan
de Dios en su estado normal e inaccesible.
Sin embargo, Cristo tomó un cuerpo físico de carne y sangre (Heb. 2:14),
y en este estado fue capaz de ser tentado.
El no vino en la plenitud de la gloria de la Deidad.
Lo tal simplemente habría abrumado a la humanidad.
Considere
lo que se quiere decir con la frase “Dios no puede ser tentado por el mal”.
Hay varios pasajes que enseñan que Dios fue tentado (véase Exodo 17:7;
Mal. 3:15; 1 Cor. 10:9; etc.). Cuando
Jesús estaba enfrentando a Satanás, contestó a una tentación: “No tentarás al Señor tu Dios” (Luc. 4:12), lo cual era una
cita de Deuteronomio 6:16. Es
obvio entonces que Santiago no está diciendo que es imposible colocar una
tentación enfrente del Señor. El
versículo 14 dice: “Sino que
cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”.
Santiago habla aquí de ser tentado, de como esta sale de adentro de
los deseos no controlados de una persona (tal como en Marcos 7:20-23).
Podemos soportar la tentación a medida que es puesta ante nosotros
(v.12; 1 Cor. 10:13), pero cuando permitimos que el deseo no controlado tome
posesión y seduzca, pecamos y morimos.
Dios no puede ser atraído por Sus propios deseos y seducido a hacer
lo malo. Tal cosa sería completamente
inconsistente con Su naturaleza. Algunos
han sugerido que Jesús deseó hacer lo malo.
Evidentemente, piensan que la tentación no es real hasta que verdaderamente
deseemos hacer lo malo. Esto
es engañoso. La tentación fue real para Jesús porque se apeló a un deseo
lícito; pero Jesús no deseó cumplir Su deseo en una forma ilícita.
No fue atraído por los deseos ilícitos.
Tampoco deberíamos “codiciar cosas malas” (1 Cor. 10:6).
Para
que una tentación sea real, uno no tiene que desear hacer lo malo.
Con respecto a convertir las piedras en pan, el deseo lícito de Cristo
era por la comida, pero no tuvo el deseo de obtener esa comida a través de
un medio que anulara Su razón para venir en la carne.
Con respecto al esfuerzo de Satanás por recibir adoración de Cristo,
Cristo tuvo un deseo lícito de recibir la gloria que correctamente era Suya,
pero no deseó tomar esa gloria
a través de un medio ilícito y malo, eso es, por medio de adorar a Satanás.
Pero si Jesús deseó hacer lo malo, entonces habría deseado adorar a
Satanás. ¿Quién puede creer eso?
Además, Cristo tuvo un deseo lícito de demostrar el hecho de que era
el Hijo de Dios, pero no hubo deseo de probar eso por medio de obedecer a
la prueba retorcida de Satanás. Toda
tentación fue real porque apeló a un deseo lícito que Jesús tenía.
Somos tentados cuando somos atraídos a cumplir un deseo lícito en una
forma ilícita. No obstante, esto
no quiere decir que debemos desear hacer lo malo antes de que la tentación
sea real. Hay dos aspectos para
la tentación. La primera parte
es Satanás. El es el tentador
y sostendrá la tentación en frente de una persona.
El podría hacer esto por medio de apelar a un deseo que en sí mismo
es lícito, pero proponiendo que el deseo lícito sea llevado a cabo en una
forma ilícita. Entonces hemos
sido tentados. El segundo aspecto
es el que trata Santiago. Esto
es donde el hombre toma posesión de la tentación y luego es atraído por el
deseo malo y peca. Santiago habla
de un proceso cumplido, comenzando con la tentación y terminando con la muerte.
Santiago en ninguna forma contradice el hecho de que Jesús era Dios
en la carne y que pudiera ser tentado.
Mateo
4:1-11 y Lucas 4:1-13 describen la narración de las tentaciones de Cristo.
Estas tentaciones son importantes para nosotros.
Nos dan confianza en el que es capaz de venir en nuestra ayuda en la
tentación y nos da fortaleza para vencer nuestras pruebas (Heb. 2:18; 4:15-16).
Nos deja un ejemplo que podamos seguir.
Si, estas tentaciones fueron reales para El.
Al mismo tiempo, el hecho de que Jesús fue tentado no significa que
Su naturaleza era en algo menos
divina. Era aún Deidad en la
carne.
Considere
la naturaleza de la primera tentación registrada:
“Si eres Hijo de Dios,
dí a esta piedra que se convierta en pan” (Luc. 4:3).
Algunos colocan todo el énfasis en la palabra “Si”.
Nos dicen que Satanás estaba tratando de hacer que Jesús dudara quien
era realmente. Esto es altamente
improbable dado el hecho de que el Padre, no mucho antes, había enviado el
Espíritu y declarado: “Este es
mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17). La palabra “si” puede ser entendida como queriendo decir “puesto
que” y esto es más probable dada la situación.
“Si” no debería ser entendida aquí en el sentido de tratar de surgir
duda. La palabra Griega ei
es usada para “expresar una condición tenida como real o para indicar suposiciones
con respecto a lo que ya ha sucedido” (Arndt & Gingrich, Pág. 219).
(Esta es la misma forma de la palabra en uso en Fil. 2:1, eso es, “puesto
que estas cosas son verdad ...”) Jesús
y Satanás sabían con certeza que Jesús era el Hijo de Dios.
Jesús poseía la Deidad, y en cualquier momento que lo deseara podría
haber invocado el poder que poseía para vencer la debilidad del cuerpo físico.
Aquí dentro estaban las tentaciones.
¿Emprendería Cristo Su misión en tal forma como para anular Sus razones
para venir en la carne? No es que Satanás este intentando arrojar duda en la mente
de Jesús, sino que está asumiendo lo que es verdad y tentándole a actuar en
Su capacidad como Dios. ¿Haría
Cristo esto? ¡No! Estaba determinado a ser un siervo, a vivir aquí como hombre
entre los hombres, de manera que pudiera salvarlos. Realmente, esto hace a Sus tentaciones aún más profundas porque
rehusó invocar el poder que poseía.
Vino a hacer la voluntad del Padre, no la de Sí mismo (Heb. 10:5-9;
Juan 5:30). Estaba negándose
a Sí mismo y atendiendo a Su misión en la forma que sabía que nos salvaría.
“Dí
a esta piedra que se convierta en pan” (Luc. 4:3) es algo que solamente podía
haber sido una tentación para el Hijo de Dios.
Si Jesús fuera simplemente un hombre mientras era tentado aquí, entonces
esto no podría haber sido una tentación.
De esta manera, esta es una tentación real de Su Deidad.
¿Qué hombre ordinario podría haber convertido la piedra en pan para
su propio beneficio, o aún haber sido tentado a hacerlo así? Algunos están enseñando que Jesús podía hacer milagros solamente
a medida que se le diera poder por el Espíritu Santo. Pero si esto es así, entonces ¿dónde estaba la tentación?
Si Jesús no podía haber hecho esto de Su propio poder, entonces las
ramificaciones se vuelven aún mas serias porque por Jesús haberse entregado
a la tentación tendrían que decirse que el Espíritu Santo habría estado obrando
con El para hacerlo. Esto significa que el Espíritu Santo ciertamente habría sido
el que convertiría las piedras en pan.
De esta manera, la tentación solamente podría haber sido real si Jesús
pudiera haber hecho esto por Su propio poder.
¿O debemos pensar que un “hombre ordinario” podía mandar al poder del
Espíritu Santo a hacer eso que es pecaminoso y contra la voluntad de Dios?
Conclusión
Necesitamos
andar por fe y aceptar lo que la Biblia dice.
Simplemente porque no seamos capaces de explicar la encarnación de
Dios en términos humanos no neguemos su verdad.
Jesús era Dios; Jesús era hombre.
Fue tentado, pero sin pecado.
Sabía quien era, de dónde vino, y a dónde iba (Juan 13:3).
Realmente era “Dios manifestado en carne” (1 Tim. 3:16).
Sin embargo, venció la tentación en la carne como hombre.
No usó el poder de la Deidad que poseía, sabiendo que tal cosa habría
anulado Su razón para venir en la carne.
Al mismo tiempo, no era un simple hombre, ni era ordinario.
Su cuerpo físico puede haber parecido como el de otro, pero adentro
de ese tabernáculo físico estaba la majestad de Dios, a través de quien todas
las cosas subsisten (Col. 1:17). Este
es al que servimos: No a una
versión despojada de Dios en la carne, ¡sino al Dios Todopoderoso!
______________
Anotaciones
al Pie
1
Gospel Anchor, Vol. 17, Pág. 58, T. Doy Moyer.
2
Véase el Capítulo 12 - “¿De Qué Se Despojó?” - La Tentación de Cristo, Pág.
59.
Véase
el Capítulo 16, - “Jesucristo, Dios y Hombre” (2), Págs. 68-73.
Véase
el Capítulo 17, - “La Impecabilidad de Jesús”, Pág. 75.
Véase
el Capítulo 18, - Jesús y Santiago 1:13-15, Pág. 81.
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