Una
antigua controversia se ha vuelto nueva en nuestro tiempo.
En
los primeros siglos siguiendo al ministerio terrenal de Jesús, el mundo religioso
se vio enredado en controversias con respecto a la realidad de la humanidad
de Cristo y la realidad de Su deidad.
Algunos argumentaron que Jesús no había existido antes de que naciera,
que era totalmente humano en cuanto a ser.
Otros argumentaron que era solamente divino y que Su presencia en la
carne fue ilusionaria, en apariencia solamente. (Hay aquellos que aún defienden estos conceptos).
No obstante, la realidad de Su deidad y la realidad de Su carne fueron
generalmente aceptadas y la controversia se apaciguó.
La
controversia se trasladó entonces a la pregunta de como dos naturalezas, deidad
y humanidad, podían estar conjuntamente en una persona.
Algunos tomaron la posición de que la integridad de la naturaleza humana
cedía a la inmutable divinidad de Jesús, y que también la muerte redentora
sería únicamente la muerte de un hombre.
Otros argumentaron que una divinidad mutable cedió a la naturaleza
humana en vista de que solamente
un ser humano podía redimir la mente humana.
Ambas posiciones argumentaron que tener una mezcla de humano y divino
produciría un ser híbrido. Suponiendo que así sea, aún otros buscaron un compromiso y
sugirieron el espíritu inmutable combinado con un alma humana en un cuerpo
de carne, con el humano cediendo en sumisión al espíritu divino.
La
cuestión de la naturaleza de Cristo no está limitada a los dos extremos de
un todo-conjunto, ciento por ciento divinidad o un todo-conjunto, ciento por
ciento humanidad, no al concepto de mezcla de un espíritu humano y el espíritu
divino en un cuerpo. Sin embargo,
esta fue esencialmente la controversia de aquellos primeros siglos,
con diferentes partidos defendiendo variaciones dentro de estos conceptos
básicos. Estas controversias
fueron tan desfiguradas por la filosofía y las políticas que la verdad se
fue perdiendo de vista. Obviamente, no estamos obligados a aceptar cualquiera de las
conclusiones del pasado.
No
obstante, una vez mas, somos confrontados con el concepto
de que cuando el Verbo (el Hijo de Dios) fue manifestado en carne,
estaba desprovisto de Su divinidad y deidad, de cualquiera de las cualidades
y características que habían sido Suyas como Ser divino, y se convirtió en
un hombre ordinario con ningún poder por encima de los otros hombres.
La
Controversia
La
controversia en la presente cuestión envuelve de qué se despojó Jesús (Fil.
2:6) y en qué se convirtió cuando vino en carne, o sea, ¿se convirtió solamente
en un hombre, ciento por ciento humano?
En la definición de la controversia, debemos determinar lo que es el
hombre y qué, o qué, es Dios.
El
Hombre
El
hombre tuvo su origen cuando Dios lo creó y formó. Primero, Dios propuso:
“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza ...”
(Gén. 1:26). “Y creó Dios al
hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó” (Gén.
1:27). Esta imagen de Dios no
es física. “Dios es espíritu”
(Juan 4:24), y “... un espíritu no tiene carne ni huesos ...” (Luc. 24:39). El hombre, varón y hembra, son como seres espirituales.
(Dios no es físicamente varón y hembra).
La
identidad física (y sexual) pertenece a la naturaleza física del hombre cuando
“... Dios formó al hombre ...” de los elementos físicos (Gén. 2:7).
Dos
palabras diferentes describen el origen del hombre: Creó y formó.
En el lenguaje Hebreo las palabras son bara y yatsar.
En el idioma Griego, son poieo y plasso.
Definidas, las palabras significan:
1.
En Hebreo:
Bara:
“Crear, producir”;
Yatsar:
“Formar, moldear, como un alfarero
(Gesenius,
Léxico Hebreo-Inglés, Pág. 138,461).
2.
En Griego:
Poieo:
“Crear, producir; de Dios como el autor de todas las cosas”;
Plasso:
“Formar, moldear ... usado de un alfarero”.
(Thayer,
Léxico Griego-Inglés, Pág. 524,515).
3.
En Español:
Crear:
“Traer a la existencia, hacer que exista — dicho especialmente de la
formación del mundo de la nada”;
Formar:
“Dar
forma o figura; componer, construir; hacer; moldear; producir”.
La
naturaleza creada según la semejanza de Dios
es el espíritu (o alma).
La naturaleza formada peculiar a la semejanza
del hombre es la carne (o cuerpo).
El hombre exterior (o carne) está sujeto al decaimiento,
pero el hombre interior (o espíritu) es renovado día a día (2
Cor. 4:16).
Cuando
el Verbo, que es Dios (Juan 1:1) y por tanto es espíritu, vino
a la tierra, tuvo que vestirse
de carne para ser semejante al hombre (1 Tim. 3:16).
La carne es peculiar al hombre.
No obstante, en su espíritu, es semejante a Dios.
El hombre es de una doble naturaleza.
Note,
sin embargo, que cuando el hombre fue creado espíritu siendo
en la semejanza de Dios, no se convirtió en Dios.
Hay más en el espíritu de Dios que lo hace Dios.
Hay características divinas que identifican a la Deidad de los otros
seres espirituales, tanto celestiales como terrenales.
(Los ángeles son espíritus ministradores, Heb. 1:14).
El hombre es un espíritu como lo es Dios, pero un espíritu despojado
de las características divinas de Dios.
Dios
La
palabra “Dios” (Theos) es un apelativo o nombre de un Ser de
la deidad. “Deidad” (theotes)
es una palabra que significa “el estado de ser Dios”, Divinidad.
Por consiguiente, Dios el Padre es una personalidad de la Deidad, eso
es, El es una Persona de la Divinidad.
Así lo es el Verbo y el Espíritu Santo (Juan 1:1; Hechos 5:3-4).
Cuando uno habla de la cualidades que pertenecen a Dios, la palabra
correcta es “divinidad” (theiotes), o “naturaleza divina”.
“Theiotes es la propiedad de theotes:
theotes es la morada de theiotes”.1
Para
expresarlo en otra forma, “(theotes) la deidad se distingue
de la (theiotes) divinidad,
como la esencia difiere de la cualidad o atributo”.2
Las
Personalidades de la Deidad son identificadas como el Padre, el Hijo (el Verbo)
y el Espíritu Santo. Cada uno
es referido como Dios. Hay una
Deidad, o Divinidad, en contraste a las muchas deidades (con muchos dioses)
del paganismo idólatra. Los paganos
observaban muchos estados de ser dios; sus dioses diferían en carácter, atributos,
poder, etc. Podían ser despojados
de sus cualidades y dejar de ser dioses.
El verdadero Dios, no obstante, es perfecto:
Omnisciente, omnipotente, eterno, etc.; cada Personalidad de estas
es perfecta, y no puede dejar de ser en algo sino perfecta.
Pensar de alguna de las Personas de la Deidad como despojada de Sus
características es pensar en términos paganos.
¿Dios
Se Convirtió en Hombre?
La
presente controversia es, ¿el Verbo (Dios) se despojó de la características
de Deidad para convertirse ciento por ciento en un hombre en la carne?
Si se convirtió en un ser espiritual (en la carne) desprovisto de todas
las características divinas de Dios, entonces no era ya mas una Persona en
“el estado de ser Dios”, por consiguiente no sigue siendo deidad.
Aún si El pudiera ser el mismo ser espiritual, no sería deidad.
Dios, si pudiera ser despojado de Su Divinidad, sería entonces simplemente
un hombre, ciento por ciento hombre y Dios en absoluto.
Aquí
está ocupada la controversia. Algunos
hoy día han declarado que Jesús verdaderamente “se despojó a sí mismo de la
gloria, honor, divinidad, y se volvió sujeto al Padre como hombre.
Que cualquiera de las cualidades y características que hubieran sido
suyas como divino fueron renunciadas.
Que cualquier privilegio y poder que hubiera sido suyo fue quitado
de El. Era un hombre”.
Otros, incluyendo este escritor, rechaza esta premisa y afirma que
la plenitud de la Deidad residía en ese cuerpo de carne de Jesús.
Aquí la controversia es incorporada.
Procedimiento
Si
debe haber algún provecho, alguna unanimidad, es evidente que nuestros términos
deben ser uniformes. Para uno
que abandona las definiciones legitimas, así expuestas en léxicos respetables,
y asigna sus propios significados a varios términos solamente puede añadir
confusión. Hacerlo así a sabiendas
disfraza un espíritu más interesado con mantener una posición que con determinar
la verdad. Ya en los cortos intercambios,
hemos encontrado definiciones ilegítimas siendo usadas, las cuales han resultado
en confusión innecesaria.
Por
ejemplo, ¿cómo podría Dios el Hijo ser desprovisto o despojado de Su divinidad,
de todas las características que lo identificaban como Dios, para convertirse
en un hombre en todo sentido, ciento por ciento hombre, y aún ser Deidad en
la tierra? Los términos son contradictorios.
La única forma en que algún sentido puede ser sacado de tal lenguaje
es redefinir los términos. Y por tanto “Deidad” es redefinida para significar la “Persona”
de Dios; “Divinidad” es hecha que signifique “preeminencia”; “características”
es usada, no de lo que constituye el carácter distintivo de Dios o Su identificación
y rasgos intrínsecos,3
sino simplemente de las cualidades no inherentes en ser Dios.
Estas son definiciones arbitrarias, adoptadas aparentemente para apoyar
una conclusión ya alcanzada. Si
cada persona define sus términos para que se ajusten así mismo, es obvio
que no puede haber acuerdo de mentes.
Dios
En La Carne
¿Qué
quieren significar los pasajes por las referencias a Dios siendo manifestado
en la carne?
“E
indiscutiblemente, grande es este misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne ...”
(1 Tim. 3:16).
“En
el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios...Y
aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros ...”
(Juan 1:1,14).
¿Dicen
los pasajes que El que había sido Dios fue manifestado en la carne,
o El que es Dios fue manifestado en carne?
¿El espíritu de Jesús sabía que El es Dios porque recordaba lo que
había visto y escuchado en el cielo (Juan 3:31-32), o solamente sabía “quien
había sido”, a medida que el Espíritu Santo le informaba, sin alguna recordación
personal?
La
respuesta es: Es Dios
quien estaba en la carne y no un espíritu despojado hasta la humanidad, un
espíritu humano manifestado en carne.
La plenitud de ser Dios estaba en esa carne:
“Porque
en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”
(Col. 2:9).
¡Cualquier
dificultad que encontremos en el entendimiento de la humanidad de Jesús, ninguna
explicación que niegue Su deidad puede ser válida!
En
un contexto refutando muy probablemente la filosofía gnóstica, que representaba
a la deidad como dispersa entre varias agencias espirituales, Pablo muestra
que Cristo no es un dios menor o una emanación espiritual.
Los gnósticos estaban deseando incorporar a Jesús a su sistema filosófico
como un ser espiritual inferior. Sea
lo que fuere el contraste, si es gnosticismo, o Judaísmo, o alguna otra filosofía,
Pablo anota que Cristo es plena deidad.
Dios es totalmente Dios o no lo es en absoluto.
Es necio pensar de un ser de la deidad como parcialmente en el estado
de ser Dios. Y por tanto afirma
que no era simplemente una “porción” de lo que significa ser Dios que fue
manifestado en Jesús en la carne, sino que la plenitud de la Divinidad estaba
en el cuerpo de Jesús.
“Habita”
(katoikeo), de oikeo, “estar en casa”, y kata, “abajo”,
indica una permanencia, como la palabra fue usada de la residencia permanente
de una comunidad como comparada a aquellos que eran transeúntes.
Allí mora en Cristo (en casa) no uno o mas aspectos de la Divinidad,
sino la plenitud. El verbo es
oración presente, mostrando acción duradera.
Lo que el Verbo era antes de la encarnación, lo era en la carne.
Algunos
tendrán a Cristo menos que completamente Dios cuando estaba en la carne, y
por tanto relacionan esta plenitud a Su cuerpo glorificado en el cielo.
Pero el texto no dice cuando, solamente donde.
El Verbo era completamente Dios antes de venir a la tierra, y la plenitud
de Su ser entró a cuerpo físico de Jesús.
La plenitud de la deidad estaba en ese cuerpo en la tierra y está en
ese cuerpo glorificado en el cielo.
Jesús
era Dios manifestado en carne. No
era una versión despojada de Dios, sino completamente en el estado de ser
Dios. Cualquiera de los problemas
que tengamos en el entendimiento de la naturaleza de Jesús en la carne, todo
debe armonizar con la clara afirmación de que en El mora corporalmente la
plenitud de la Deidad.
Filipenses
2:5-7
Si
esto no era Su divinidad, entonces ¿de qué se despojó Jesús?
“Haya,
pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo
en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a
los hombres”
(Fil. 2:5-7).
El
énfasis de este pasaje está sobre la humanidad del Verbo. Como Dios, igual con el Padre, aceptó un papel subordinado
en la redención del hombre (Heb. 10:7,9).
Cuando Jesús tomó Su decisión, no pensó en agarrarse de la igualdad
con Dios y traerla al mundo para aparecer como Dios en tal forma como para
obligar a los hombres a que lo honraran y adoraran como Dios. Por aparecer ante los hombres con la gloria divina, podría
haber gozado de dominio, riquezas, placeres y honor.
En lugar de eso, asumió un papel de servicio humilde y asumió la apariencia
de siervo.4
En
el cielo, Jesús estaba en forma (morphe) de Dios.
“Forma” es la “apariencia, parecer o semejanza de alguien, eso por
lo que aquellos que lo contemplan lo juzgarán”.5
La forma no es idéntica con la esencia divina, sino que
es dependiente de ella, una reflexión de ella; la apariencia puede ser desechada,
pero no la esencia del ser de uno.6
Jesús no dijo que desechó y dejó de ser lo que El es, es decir, Dios.
El desechó la gloria a medida que representaba a Dios en el cielo.7
Morphe,
es entonces, “la forma por la
cual una persona o cosa se da la visión; la apariencia externa ... (Fil. 2:6)
quien aunque (en tiempos pasados cuando el era logos asarkos)
asumió la forma (en la cual apareció a los habitantes del cielo) de Dios (el
soberano, lo opuesto para morphe doulou), sin embargo, no pensó
que esta igualdad con Dios debía ser algo de lo cual colgarse ansiosamente
o retenido ... sino que se despojó así mismo de esto ... por tanto para asumir
la forma de siervo, en lo que se volvió semejante a los hombres (porque los
ángeles son también douloi o Theou, Ap. 21:10;
22:8) y fue hallado en forma de hombre”.8
Jesús
se despojó a Sí mismo, no de Su naturaleza divina; eso sería imposible.9
"Despojarse” (kenoo)
significa “remover completamente o
eliminar elementos de alta posición o rango por medio de eliminar todos privilegios
o prerrogativas asociadas con tal posición o rango — `desocuparse uno mismo,
despojarse uno mismo de la posición’.
Heaton exenosen’ se despojo a sí mismo, Fil. 2:7".10
"La palabra no significa que se despojó a sí mismo de Su deidad,
sino más bien que se despojó a Sí mismo del despliegue o exhibición de Su
deidad para ganancia personal”.11
Se despojó a Sí mismo de la gloria.12
(Juan 17:5). En lugar de aparecer entre los hombres en la morphe
divina y de esta manera llevarlos a la aceptación de la verdad que El es Dios,
se despojó a Sí mismo de esta morphe divina y tomó la morphe
de un siervo.13
“Se despojó a sí mismo de la insignia de majestad”.14
Y
por tanto el Hijo de Dios renunció a Su medio ambiente y forma de gloria para
tomar sobre Sí mismo las limitaciones
de lugar (espacio) y de conocimiento y de poder.
El
Verbo tomó la morphe (forma) de siervo. Nótese que el pasaje no dice que tomó la forma de hombre, sino
de siervo. En contraste a Su
gloriosa apariencia como Dios, un soberano debe ser servido, tomó la apariencia
de siervo. Cambió los papeles,
de ser servido y adorado como deidad para convertirse en siervo.
En su nueva morphe, se vistió a sí mismo de carne
y se convirtió en forma como de hombre.
Jesús
no era un simple hombre. Era
Dios en la semblanza exterior como hombre.16
"Forma” se
relaciona a eso que es puramente externo y apela a los sentidos.17
Lo que los hombres
vieron en Cristo fue “una forma humana, sobrellevando, lenguaje, acción, modo
de vida, quereres y sus satisfacciones, etc., en general el estado y
relaciones de un ser humano, de manera que en el modo entero de Su
apariencia se hizo a Sí mismo conocido y reconocido (heureth) como
hombre”.18
Jesús no era un simple hombre.
Lo que el hombre vio fue la forma de un hombre; lo que
ellos no vieron fue la Persona de Dios (el Verbo) en ese cuerpo.
En
Su papel de siervo, Jesús no usaría ni usó Sus poderes innatos para darse
a Sí mismo la gloria a la que renunció.
Vivió en la carne, experimentó en toda forma lo que el espíritu humano
experimenta en el cuerpo. Impuso
sobre Sí mismo todas las limitaciones necesarias proporcionadamente con Su
papel como siervo. No obstante,
cuando tal invocación de Sus poderes divinos no comprometió Su papel de siervo
o asumió la gloria a la que había renunciado, evocó esa habilidad innata.
Saber en Su mente lo que los otros pensaban, por ejemplo, no era observable
exteriormente, no manifestó la gloria que era Suya como Dios.
Jesús
vivió en forma (morphe) de siervo. Para mantener esa apariencia externa, no alardeó ni ostentó
los poderes que eran Suyos, sino que miró al Padre y al Espíritu Santo, atribuyéndoles
el papel dominante. Esta limitación
impuesta a sí mismo explica las muchas referencias donde Jesús da la honra
(gloria) al Padre, antes que demostrar Su propia deidad por el ejercicio de
Su propio poder. Jesús y Sus
apóstoles enfocaron y centraron la atención en el Padre, a quien servían.
Aún en sus escritos, los apóstoles no proclamaron y elevaron a Jesús
con todos los superlativos que son propios al Dios Todopoderoso, aunque ellos
reconocían que El es Deidad. Es
el Padre quien es honrado, con Jesús retratado en el papel que asumió, ese
de siervo, el humilde cordero de Dios quien se ofreció a Sí mismo por nuestra
redención.
Jesús
Es Jehová
Aunque
Jesús asumió el papel de siervo y se vistió a Sí mismo de carne, era Dios
a pesar de eso ... Dios en carne (1 Tim. 3:16).
Juan
el Bautista fue enviado delante de El a preparar el pueblo para Su venida.
El era la “Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas” (Mateo 3:3).
La profecía que Juan cumplió estaba declarada en Isaías 40:3, donde
la palabra para “Señor” es la palabra “Jehová”.
Si, Jesús es Jehová. Jehová
es el “Yo Soy” (Exodo 3:14), o el divino auto-existente.
Cuando
Jesús declaró en Juan 8:24 - “... si no creéis que yo soy, en vuestros pecados
moriréis”, declaró ser el existente, YO SOY.
Nuevamente, en el versículo 58; Jesús les dijo:
“De cierto, de cierto os digo:
Antes que Abraham fuese, yo soy”.
Los Judíos reconocieron que la existencia eterna pertenece solamente
a Dios (Isaías 43:10-11). La declaración de Jesús, siendo (en apariencia) un simple hombre,
la consideraron blasfema, y por tanto:
“Tomaron entonces piedras para arrojárselas ...” (v.59).
Los
Judíos entendieron la afirmación de Jesús de deidad. En Su proceso judicial, El Concilio trató desesperadamente
por descubrir alguna base sobre la cual pudieran condenarlo.
Con falsos testimonios miserablemente fallaron, el sumo sacerdote dijo
finalmente: “Te conjuro por el
Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios”.
Jesús respondió: “Tú lo
has dicho”, una forma educada de decir “si”, en otras palabras, “así es como
lo has declarado”. Y añadió:
“Y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado
a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.
Ellos entendieron Su declaración de deidad, y lo acusaron de blasfemia,
digno de muerte. (Mateo 26:62-66;
Comp. Lev. 24:16).
En
varias ocasiones, los Judíos estuvieron listos para apedrear a Jesús, no porque
era un hombre ordinario, sino porque se hizo a Sí mismo igual a Dios, declarando
ser el Hijo de Dios. Ni una sola
vez los refrenó, diciendo: “No,
¡yo soy simplemente un hombre ordinario!”.
Igualdad
Con El Padre
Jesús
dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja,
y yo trabajo. Por esto los judíos
aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino
que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.
Respondió entonces Jesús, y les dijo:
De cierto, de cierto os digo:
No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre;
porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace;
y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.
Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también
el Hijo a los que quiere da vida. Porque
el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos
honren al Hijo como honran al Padre.
El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
De cierto, de cierto os digo:
El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y
no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:17-24).
Nuevamente,
en Juan 10:30-33, Jesús declaró: “Yo
y el Padre uno somos”. La palabra
“uno” (hen) se refiere aquí no a un uno numérico, sino a una
unidad: Uno “no en persona ...,
sino uno en esencia o naturaleza”.19
Esto los Judíos lo consideración blasfemia.
“Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.
Jesús les respondió: Muchas
buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?
Le respondieron los judíos, diciendo:
Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tu,
siendo hombre, te haces Dios”. ¿Estaban ellos en lo correcto?
¿Era Jesús simplemente un hombre?
O, ¿era Dios (en carne)?
Jesús
Tenía Los Poderes De La Deidad
Aunque
Jesús tenía todos los poderes de la deidad, no los usó todos; haberlo hecho
así habría negado o contradicho Su papel como siervo. No obstante, en donde vino a servir, vino con el poder servidor
de la deidad.
Jesús
vino a salvar al perdido. El
simplemente no extendió un perdón que el Padre le permitió o le autorizó ofrecer.
El tenía el poder para perdonar pecados, y El mismo sería el medio
absoluto de perdón por el sacrificio de Sí mismo.
“Al
ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico:
Hijo, tus pecados te son perdonados.
Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban
en sus corazones: ¿Por qué habla
éste así? Blasfemias dice.
¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
Y conociendo luego Jesús
en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo:
¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle:
Levántate, toma tu lecho y anda?
Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra
para perdonar pecados (dijo al paralítico):
A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante
de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo:
Nunca hemos visto tal cosa” (Marcos 2:5-12).
Solamente
Dios puede perdonar pecados. Lo
que las personas pensaron era blasfemia — lo cual habría sido una reacción
correcta si Jesús era un simple hombre ordinario — no era así en el caso de
Jesús. El, como Dios, perdona
pecados.
Vemos
también que Jesús empleó Sus poderes de deidad, sin agarrarse de la apariencia
de la gloria, cuando dentro de Su propio “espíritu” divino percibió los pensamientos
internos de ellos (Marcos 2:8).
La
inmutabilidad de Su deidad es afirmada por el escritor de Hebreos:
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8).
Esta es una cita de Malaquías 3:6, y es una afirmación de Dios. Esto es atribuido a Jesús.
El es el mismo. El ES
deidad antes de la encarnación, en la carne en la tierra, y en el cuerpo glorificado
siguiendo a Su resurrección.
Como
deidad, El es vida: “Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
Nótese que Jesús no dijo que El conocía el Camino, ni
que enseñaba el Camino. El es el Camino. Ningún simple humano, ningún hombre ordinario, podía hacer
esta declaración.
Jesús
es Deidad
Jesús
es Deidad; nunca renunció a esta. Aunque
no vino en gloria digno de su naturaleza y estado - se despojó a Sí mismo
de la forma (morphe) de Dios - El era no obstante quien siempre
había sido, desde los días de la eternidad (Mal. 5:2). Demostró Su deidad, no por apelar a la apariencia gloriosa
que había tenido antes (Juan 17:5), sino por sus obras, vida y enseñanzas.
A medida que los hombres reconocieron quien es El, lo reconocieron
como el “Hijo de Dios” (lo cual expresa una igualdad con el Padre; Comp. Juan
10:36,33). Y lo adoraron.
Dios, y no el hombre, es el objeto de la adoración.
“Oyó
Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo:
¿Crees tú en el Hijo de Dios?
Respondió él y dijo: ¿Quién
es, Señor, para que crea en él? Le
dijo Jesús: Pues le has visto,
y el que habla contigo, él es. Y
el dijo: Creo Señor; y le adoró”
(Juan 9:35-38).
“Entonces
los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo:
Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mateo 14:33).
“Respondiendo
Simón Pedro, dijo: Tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces
le respondió Jesús: Bienaventurado
eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi
Padre que está en los cielos” (Mateo 16:16-17).
“Le
respondió Simón Pedro: Señor,
¿a quién iremos? Tú tienes palabras
de vida eterna. Y nosotros hemos
creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan
6:68-69).
“Le
dijo: Sí, Señor; yo he creído
que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11:27).
Y
luego la clara confesión de Tomás: “Señor
mío, y Dios mío” (Juan 20:28).
En
ningún momento Jesús corrigió a aquellos que lo confesaron ser Dios, o el
Hijo de Dios: “No, yo soy un
simple hombre, un tipo ordinario, como el resto de ustedes”.
La misma sugerencia de que El perdería o podría perder Su divinidad
es repugnante en vista de todo lo que Dios nos ha revelado de Jesús.
“Todo
aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él
en Dios” (1 Juan 4:15).
_______________
1
- Charles Worsdworth, Greek
Testament With Notes, Vol. 2, Pág. 324.
2
- Henry Thayer, Léxico
Griego-Inglés, Pág. 228.
3
- American Heritage Dictionary,
Pág. 226.
4
- W. Roberston Nicoll, The
Expositor’s Greek Testament, Vol. 3, Pág. 437; H.A.W. Meyer, Critical
and Exegetical Handbook, Vol. 8, Pág. 69.
5
- Nicoll, op cit.,
Vol. 3, Pág. 435.
6
- M.R. Vincent, Word Studies,
Pág. 878.
7
- Meyer, op cit.,
Vol. 8, Pág. 67.
8
- Thayer, op cit.,
Pág. 418.
9
- A.T. Roberston, Word
Pictures in the New Testament, Vol. 4, Pág. 444.
10
- Johannes P. Louw and Eugene, A. Nida, Greek-English Lexicon,
Vol. 1, Pág, 740.
11
- Fritz Rienecker, Linguistic Key to The Greek New Testament,
Pág. 550.
12
- Herman Cremer, Biblico-Theological Lexicon of New Testament Greek,
Pág. 423; Gerhard Kittel, Theological Dictionary of the New Testament,
Vol. 4, Pág. 751.
13
- Nicoll, op cit., Vol. 3, Pág. 437.
14
- Lightfoot, citado por Robertson, op cit., Vol. 4, Pág. 444.
15
- Ibíd.
16
- Henry Alford, Alford’s Greek Testament, Vol. 3, Pág.
168.
17
- Vincent, op cit., Pág. 879.
18
- Meyer, op cit., Pág. 76-77.
19
- Robertson, op cit., Vol. 5, Pág. 186.
[Gospel
Anchor, Vol. 17, Pág. 41, Gene Frost].
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