JESUCRISTO
POSEE LA AUTORIDAD DE DIOS1
La
autoridad de Dios en Jesús es vista en Cristo tomando para Sí mismo el derecho
de ser adorado. También declaró
autoridad para resucitarse a Sí mismo, y habló con una aterradora autoridad,
como Dios mismo.
Recibió
Adoración
De
pocos temas se habla en la Biblia con más claridad que el tema de la adoración.
Ambos, el Antiguo y Nuevo Testamento enfatizan que sólo Dios debe recibir
adoración. Jesús dijo a Satanás:
“... Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10;
Lucas 4:8). Ningún hombre o ángel
debe recibir adoración (Mateo 4:10; Ap. 19:20; 22:8-9). Dios no dará su “gloria” a otro (Isaías 42:8).
El
Nuevo Testamento usa una palabra principal para adoración, la palabra Griega
proskuneo. Es la palabra
que Jesús usó para decirle a Satanás que adorara solo a Dios; es usada mas
que cualquier otra palabra en la descripción de la adoración a Dios (Juan
4:24; Ap. 5:13-14; 7:11; 11:16; etc.).
Después
que Jesús sanó al hombre, la persona exclamó:
“... Creo, Señor, y le adoró” (Juan 9:38). La misma palabra Griega es usada en Mateo 14:33, cuando los
discípulos adoraron a Jesús después de verlo andando sobre el agua.
En otra ocasión, los discípulos, viendo a Jesús después de la resurrección,
“... acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron” (Mateo 28:9).
De esta manera, antes y después de la resurrección, Jesús recibió adoración.
En todos estos casos, el mismo Jesús que había reprendido a Satanás
por tentarlo a adorar incorrectamente no retrocedió con horror porque “Solamente
Dios debe ser adorado”. En lugar de eso, recibió la adoración que merece.
En
Hebreos 1:6 a los ángeles de Dios es dicho que adoren (proskuneo)
a Jesús. En Ap. 5:8-14, toda
una sección de alabanza y adoración es dedicada a Jesús como el “Cordero”
de Dios. En un pasaje poderoso,
Pablo declara que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla (implicando
adoración) en el cielo y en la tierra y confiese que Jesús es el Señor” (Fil.
2:10-11). El Hijo de Dios fue
adorado a través de numerosos actos en el Nuevo Testamento a medida que se
convertía en el objeto de la fe, esperanza y adoración.
El
testimonio unido de la iglesia del Nuevo Testamento y, ciertamente, de la
iglesia a través de todos los siglos, es que la adoración es debida al Trino
Dios: Padre, Hijo y Espíritu
Santo.
Tenía
Autoridad Para Resucitarse a Sí Mismo
Aún
cuando Jesús estuvo sujeto a la muerte como hombre, declaró el poder y autoridad
para resucitarse a Sí mismo, un poder que solamente Dios podía tener.
Algunas personas podrían preguntar:
“Si Jesucristo es Dios, ¿cómo podía resucitarse a Sí mismo?
En Juan 2:19 Jesús dijo: “Destruid
este templo [refiriéndose a su cuerpo - v.21), y en tres días lo levantaré”.
Con respecto a Su vida, dijo:
“Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar...”
(Juan 10:18).
Con
respecto a la parte final de este versículo 18 - “... este mandamiento recibí
de mi Padre...” podemos decir que Jesucristo, sometiéndose de grado a la “necesidad”
y al “mandato” de morir y aceptando con plena libertad su pasión, también
“se entregó” (Gál. 2:20; Efe. 5:2,25), “se dio a sí mismo” (Gál. 1:4; 1 Tim.
2:6; Tito 2:14) o “dio su vida” (Mat. 20:28; Marcos 10:45; Juan 10:11,15,17-18;
1 Juan 3:16; Comp. Juan 15:13). El es también, en cierto sentido, causa de su propia muerte:
causa que podemos llamar subordinada y de obediencia (Comp. Juan 6:38;
14:31; 15:10); porque se sujeta voluntariamente a la acción de las causas
históricas y obedece al designio de la causa providencial.2
Jesús
puso su vida en obediencia al mandamiento del Padre (Juan 10:18).
El v.18 enfatiza la naturaleza voluntaria de su sacrificio.
“Nadie” podía quitarle la vida.
No fue forzado a dejar el cielo (Tito 2:13-14).
Vino a la tierra para sufrir a mano de los hombres impíos; todo esto
lo hizo voluntariamente para que la voluntad del Padre en hacer posible la
salvación del hombre pudiera ser llevada a cabo.
Las palabras “este mandamiento recibí de mi Padre”
deben ser entendidas a la luz de las premisas anteriores.
Aunque nuestro Señor se ofreció libremente a Sí mismo, lo hizo en armonía
con la expresa voluntad del Padre, y en este sentido era un mandamiento.
El significado es, la voluntad del Padre envolviendo a Cristo, era
que si la salvación de los hombres iba a ser llevada a cabo debía ser hecha
por medio de una expiación; Jesús decidió libremente someterse de un modo
u otro; a causa de su gran amor por Su
Padre, y del amor del Padre por El, gustosamente lo hizo así.3
Nos
permitimos, ante todo, recalcar la libertad humana de Jesús en la aceptación
de su muerte; porque precisamente respecto de su pasión se corre el peligro
de recaer en un docetismo disimulado, acogiéndose a su divinidad con menoscabo
de la realidad plena de su existencia humana.
Por
lo que atañe directamente a la libertad humana de Cristo en la aceptación
de la pasión, leemos en Hebreos el siguiente texto:
“... el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando
el oprobio ...” (Heb. 12:2). Se
pone de manifiesto la libertad de Jesús en la aceptación de la pasión.
______________
Anotaciones
al Pie
1
Jesús, Una Defensa Bíblica de Su Deidad, Josh McDowell & Bart Larson,
Págs. 59-60.
2
Cristo, El Misterio de Dios, Manuel M. Gonzales Gil, Págs. 45-46.
3
Comentario de Juan, Guy N. Woods, Pág. 214.
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