CAPITULO 9

 

JESUCRISTO POSEE LA AUTORIDAD DE DIOS1

 

La autoridad de Dios en Jesús es vista en Cristo tomando para Sí mismo el derecho de ser adorado.  También declaró autoridad para resucitarse a Sí mismo, y habló con una aterradora autoridad, como Dios mismo.

Recibió Adoración

 

De pocos temas se habla en la Biblia con más claridad que el tema de la adoración.  Ambos, el Antiguo y Nuevo Testamento enfatizan que sólo Dios debe recibir adoración.  Jesús dijo a Satanás:  “... Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10; Lucas 4:8).  Ningún hombre o ángel debe recibir adoración (Mateo 4:10; Ap. 19:20; 22:8-9).  Dios no dará su “gloria” a otro (Isaías 42:8).

 

El Nuevo Testamento usa una palabra principal para adoración, la palabra Griega proskuneo.  Es la palabra que Jesús usó para decirle a Satanás que adorara solo a Dios; es usada mas que cualquier otra palabra en la descripción de la adoración a Dios (Juan 4:24; Ap. 5:13-14; 7:11; 11:16; etc.).

 

Después que Jesús sanó al hombre, la persona exclamó:  “... Creo, Señor, y le adoró” (Juan 9:38).  La misma palabra Griega es usada en Mateo 14:33, cuando los discípulos adoraron a Jesús después de verlo andando sobre el agua.  En otra ocasión, los discípulos, viendo a Jesús después de la resurrección, “... acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron” (Mateo 28:9).  De esta manera, antes y después de la resurrección, Jesús recibió adoración.  En todos estos casos, el mismo Jesús que había reprendido a Satanás por tentarlo a adorar incorrectamente no retrocedió con horror porque “Solamente Dios debe ser adorado”.  En lugar de eso, recibió la adoración  que merece.

 

En Hebreos 1:6 a los ángeles de Dios es dicho que adoren (proskuneo) a Jesús.  En Ap. 5:8-14, toda una sección de alabanza y adoración es dedicada a Jesús como el “Cordero” de Dios.  En un pasaje poderoso, Pablo declara que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla (implicando adoración) en el cielo y en la tierra y confiese que Jesús es el Señor” (Fil. 2:10-11).  El Hijo de Dios fue adorado a través de numerosos actos en el Nuevo Testamento a medida que se convertía en el objeto de la fe, esperanza y adoración.

 

El testimonio unido de la iglesia del Nuevo Testamento y, ciertamente, de la iglesia a través de todos los siglos, es que la adoración es debida al Trino Dios:  Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

Tenía Autoridad Para Resucitarse a Sí Mismo

 

Aún cuando Jesús estuvo sujeto a la muerte como hombre, declaró el poder y autoridad para resucitarse a Sí mismo, un poder que solamente Dios podía tener.  Algunas personas podrían preguntar:  “Si Jesucristo es Dios, ¿cómo podía resucitarse a Sí mismo?  En Juan 2:19 Jesús dijo:  “Destruid este templo [refiriéndose a su cuerpo - v.21), y en tres días lo levantaré.  Con respecto a Su vida, dijo:  “Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar...” (Juan 10:18).

 

Con respecto a la parte final de este versículo 18 - “... este mandamiento recibí de mi Padre...” podemos decir que Jesucristo, sometiéndose de grado a la “necesidad” y al “mandato” de morir y aceptando con plena libertad su pasión, también “se entregó” (Gál. 2:20; Efe. 5:2,25), “se dio a sí mismo” (Gál. 1:4; 1 Tim. 2:6; Tito 2:14) o “dio su vida” (Mat. 20:28; Marcos 10:45; Juan 10:11,15,17-18; 1 Juan 3:16; Comp. Juan 15:13).  El es también, en cierto sentido, causa de su propia muerte:  causa que podemos llamar subordinada y de obediencia (Comp. Juan 6:38; 14:31; 15:10); porque se sujeta voluntariamente a la acción de las causas históricas y obedece al designio de la causa providencial.2

 

Jesús puso su vida en obediencia al mandamiento del Padre (Juan 10:18).  El v.18 enfatiza la naturaleza voluntaria de su sacrificio.  “Nadie” podía quitarle la vida.  No fue forzado a dejar el cielo (Tito 2:13-14).  Vino a la tierra para sufrir a mano de los hombres impíos; todo esto lo hizo voluntariamente para que la voluntad del Padre en hacer posible la salvación del hombre pudiera ser llevada a cabo.  Las palabras “este mandamiento recibí de mi Padre” deben ser entendidas a la luz de las premisas anteriores.  Aunque nuestro Señor se ofreció libremente a Sí mismo, lo hizo en armonía con la expresa voluntad del Padre, y en este sentido era un mandamiento.  El significado es, la voluntad del Padre envolviendo a Cristo, era que si la salvación de los hombres iba a ser llevada a cabo debía ser hecha por medio de una expiación; Jesús decidió libremente someterse de un modo u otro; a causa de su gran amor por Su  Padre, y del amor del Padre por El, gustosamente lo hizo así.3

 

Nos permitimos, ante todo, recalcar la libertad humana de Jesús en la aceptación de su muerte; porque precisamente respecto de su pasión se corre el peligro de recaer en un docetismo disimulado, acogiéndose a su divinidad con menoscabo de la realidad plena de su existencia humana.

 

Por lo que atañe directamente a la libertad humana de Cristo en la aceptación de la pasión, leemos en Hebreos el siguiente texto:  “... el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio ...” (Heb. 12:2).  Se pone de manifiesto la libertad de Jesús en la aceptación de la pasión.

 

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Anotaciones al Pie

1 Jesús, Una Defensa Bíblica de Su Deidad, Josh McDowell & Bart Larson, Págs. 59-60.

2 Cristo, El Misterio de Dios, Manuel M. Gonzales Gil, Págs. 45-46.

3 Comentario de Juan, Guy N. Woods, Pág. 214.

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