JESUCRISTO
POSEE LOS ATRIBUTOS DE DIOS1
Dios
es único. El es el único que
no es creado. El es el creador
y sustentador de todo el universo - la fuente de la creación antes que una
parte de la creación. Vemos
la maniobra o impresión de Dios en las cosas creadas, pero su maniobra no
es una parte de Dios o lo mismo como Dios mismo.
Por ejemplo, los seres humanos son personas — podemos pensar, decidir,
imaginar, amar. Somos a la imagen
de Dios, quien es persona, pero no somos Dios.
Si
Jesucristo es verdaderamente Dios, entonces debe poseer los atributos de Dios,
no simplemente reflejarlos. En
este capítulo examinaremos cinco
atributos exclusivos de Dios y veremos que Jesucristo posee esos atributos.
Omnipresencia
Dios
está “en” todo; todo lo de Dios está presente en todas partes en cada punto
del universo. Eso es lo que significa
ser omnipresente.
Pero creer que Dios está “en” todo no significa que El “es” todo.
Por decir que Dios está en todas partes al mismo tiempo, no estamos
diciendo que Dios está en todo en el sentido Hindú de que toda la creación
es en alguna forma una parte de Dios.
Por ejemplo, aunque Dios hizo los árboles, un árbol no es una parte
de Dios.
Exactamente
como Dios es omnipresente en un sentido personal (Salmo
139:7; Prov. 15:3), y de esta manera es capaz de ayudar, librar, amar,
defender, y suplir los más profundos deseos y necesidades, así el Nuevo Testamento
describe también a Cristo como omnipresente.
Pablo dijo que “El que descendió, es el mismo que
también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo”
(Efesios 4:10). Cristo dijo a
Sus discípulos: “Porque donde
están dos o tres congregados
en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo
18:20). De Cristo es dicho
que mora en los corazones de todos los que colocan su fe en El (Romanos 8:9;
Gálatas 2:20; Efesios 3:17; Colosenses 1:27; Ap. 3:20).
“... ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está
en vosotros ...” (2 Cor. 13:5).
¿Cómo podría un simple mortal, glorificado o no, declarar morar en
los corazones de los creyentes alrededor del mundo?
Omnisciencia
Cuando
decimos que Dios es omnisciente, queremos decir que Dios conoce
todo lo que puede ser conocido, actual y potencial, a través de la eternidad.
El
Nuevo Testamento describe a Cristo como poseyendo omnisciencia:
Conocimiento de todo - pasado, presente, y futuro.
En Juan 2:24-25 es declarado que Jesús “conocía a todos” y “sabía lo
que había en el hombre”. Los
discípulos dieron testimonio, “Ahora entendemos que sabes todas las cosas
...” (Juan 16:30). Pedro declaró: “... Señor, tú lo sabes todo ...” (Juan 21:17).
En concordancia con Su omnisciencia, Cristo dijo que tenía conocimiento
de quien lo traicionaría (Juan 6:64).
Hablando
de la omnisciencia de Cristo, el Dr. John Walvoord declara:
En
forma similar la presciencia de Cristo es afirmada en otros pasajes (Juan
13:1,11; 18:4; 19:28). En concordancia
con Su omnisciencia, es declarado que El tiene la sabiduría de Dios (1 Cor.
1:30). Tales cualidades no pueden
ser adscritas aún al más sabio de los profetas, y ello constituye otra prueba
de que El poseía todos los atributos de la divinidad.
Thomas
Schultz observa que:
El
conocimiento de Cristo está más allá de cualquier conocimiento mortal.
No es simplemente un genio, ni simplemente el más sabio de todos los
humanos. Su sabiduría excede
grandemente a todas las limitaciones humanas y solamente podría ser clasificado
como conocimiento perfecto. Primero,
El conoce los pensamientos y memorias internas del hombre, una habilidad peculiar
a Dios (1 Reyes 8:39; Jeremías 17:9-16).
Vio el mal en los corazones
de los escribas (Mateo 9:4); vio de antemano a aquellos que lo rechazarían
y a aquellos que lo seguirían (Juan 10:14).
Podía leer los corazones de todo hombre y mujer (Marcos 2:8; Juan 1:48;
2:24-25; 4:16-19; Hechos 1:24; 1 Cor. 4:5; Ap. 2:18-23).
Un simple humano no podía mas que hacer una suposición inteligente
en cuanto a lo que hay en los corazones y mentes de los demás.
Segundo, Cristo tiene un conocimiento de otros hechos
más allá de la posible comprensión de cualquier hombre.
Sabía exactamente donde estaba el pez en el agua (Lucas 5:4-6; Juan
21:6-11), y sabía cual pescado contenía la moneda (Mateo 17:27).
Conocía los eventos futuros (Juan 11:11; 18:4),
detalles que serían encontrados (Mateo 21:2-4), y sabía que Lázaro
había muerto (Juan 11:14). Tercero,
poseía un conocimiento interior de la Divinidad mostrando la más estrecha
comunión posible con Dios también como el conocimiento perfecto.
Conoce al Padre como el Padre le conoce a El (Mateo 11:27; Juan 7:29;
8:55; 10:15; 17:25). La cuarta
y enseñanza consumante de la
Escritura junto a esta línea es que Cristo sabe todas las cosas (Juan 16:30;
21:17), y que en El están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento
(Colosenses 2:3).
Omnipotencia
Las
palabras Hebreas El Shaddai puede ser traducida “Dios Todopoderoso”.
Dios es omnipotente o todo-poderoso.
Los milagros de Cristo evidenciaron Su poder sobre el mundo físico.
Pero Sus palabras y Su resurrección
proclaman una autoridad y poder sobre toda la creación.
El
Dr. John Walvoord ha escrito:
La
evidencia para la omnipotencia de Cristo es tan decisiva como prueba para
los otros atributos. Algunas
veces toma la forma de poder físico, pero más a menudo se refiere a la autoridad
sobre la creación. Cristo tiene
el poder para perdonar pecados (Mateo 9:6), todo poder en el cielo y en la
tierra (Mateo 28:18), poder sobre la naturaleza (Lucas 8:25), poder sobre
Su propia vida (Juan 10:18), poder para dar vida eterna a otros (Juan 17:2),
poder para sanar físicamente, así testificado por Sus muchos milagros, también
como el poder para arrojar demonios (Marcos 1:29-34), y poder para transformar
el cuerpo (Fil. 3:21). Por virtud
de Su resurrección “Puede también salvar perpetuamente a los que por él se
acercan a Dios ...” (Hebreos 7:25). Es “... poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2
Tim. 1:12). Es “... poderoso
para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con
gran alegría” (Judas 24; Comp. Efe. 5:27).
Pre-existencia
Otro
atributo que Jesús y Dios comparten es la pre-existencia.
Muchos pasajes en la Biblia apoyan la existencia de Jesús antes de
Su nacimiento, no como una simple idea en la presciencia de Dios, sino en
realidad.
Jesús
dijo: “Salí del
Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo al mundo,
y voy al Padre” (Juan 16:28). Muchas
veces Jesús dijo que había sido “enviado” al mundo, indicando que Su origen
había sido fuera de este mundo (Juan 3:32-34; 4:34; 5:23-24,36-38; 6:29,33,38;
7:16,18,28-29,33; 8:18,29,38,42; 13:20; 16:30; 17:8, etc.).
Le dijo a Nicodemo, “Nadie subió al cielo, sino el que descendió
del cielo; el Hijo del Hombre ...” (Juan 3:13). Dijo: “Yo soy
[ego eimí] el pan vivo que descendió del cielo
...” (Juan 6:51; véase también v.58).
Jesús dijo: “¿Pues qué,
si viereis al Hijo del Hombre subir adonde esta primero? (Juan
6:62). Juan el Bautista dijo
con respecto a Cristo, “El que de arriba viene [Jesús], es sobre
todos ... Y lo que vio y oyó, esto testifica ...”
(Juan 3:31-32).
En
otra ocasión Jesús oró: “...
Padre, glorifícame ... con aquella gloria que tuve contigo antes que
el mundo fuese” (Juan 17:5).
El escritor de Hebreos dio por sentado la pre-existencia de Cristo
cuando escribió que Moisés tuvo “por mayores riquezas el vituperio de Cristo
que los tesoros de los egipcios ...” (Hebreos 11:26).
De Jesús es dicho que ha poseído el “libro de la vida” desde el “principio
del mundo” (Ap. 13:8).
Juan
el Bautista, quien era humanamente seis meses mayor que Jesús, dijo:
“... El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero
que yo” (Juan 1:15,30). Los
versículos 29-30 muestran claramente que Juan se estaba refiriendo a Jesús,
no a “Dios”. Juan el Bautista no podía haberse estado refiriendo
a la existencia de Jesús en la presciencia de Dios tampoco, como algunos
creen, en vista de que Dios, quien lo sabe todo, habría tenido presciencia
de Juan también.
De
esta manera, las Escrituras hablan con una voz unificada. Jesús es un ser pre-existente.
Esto está en concordancia con las teofanías del Antiguo Testamento
(eso es, las veces que apareció en forma física).
Por ejemplo, Génesis 18:1 - 19:1; 16:7-13; 22:15-16; 31:11-13; 32:30;
48:15-16; Exodo 4:2-4 (Comp. 3:2); 1 Cr. 21:15-19; Salmo 34:6-7; Zac. 12:10
(Comp. Juan 19:37); y 14:3-4 (Comp. Hechos 1:9-12) son un poco de los principales
pasajes mostrando que Dios se ha aparecido físicamente.
Eternidad
El
Dios de la Biblia es eterno.
Está más allá del tiempo y del origen del tiempo.
Nunca hubo un tiempo cuando no era; y nunca habrá un tiempo cuando
no es (Exodo 3:14; Habacuc 3:6; Deut. 33:26-27).
Solamente Dios es eterno.
Jesucristo
también es eterno. No ha tenido
“principio” como los Testigos de Jehová y miembros del Camino Internacional
afirman (y aún, en un sentido, también los Mormones).
En
la profecía del nacimiento de Jesús el Mesías, el profeta Miqueas dijo:
“... sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”
(Miqueas 5:2). Isaías, también
habló del nacimiento de Cristo, dijo que entre otras designaciones, el niño
sería llamado “Padre Eterno” (Isaías 9:6).
Jesús dijo: “... Antes
que Abraham fuese, YO SOY” (Juan 8:58).
El texto Griego claramente usa la oración presente, “Yo soy”, no “Yo
era”.
Inmutabilidad
El
diccionario de Webster define inmutabilidad como “no siendo competente de
o susceptible a cambio”. Dios
es inmutable en Su persona.
Aunque actúa en el tiempo, y establece y cambia las relaciones en el
tiempo, Su esencia, la cual incluye sus atributos, nunca cambia (Mal. 3:6;
Stg. 1:17; Salmo 33:11; Isaías 46:9-10).
Podemos confiar en El porque nos ama eternamente y guarda Sus promesas.
Jesús obviamente pasó por en medio de los hombres desarrollando cambios.
Sin embargo, con respecto a Su naturaleza divina, la Escritura afirma
osadamente que “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por siglos” (Hebreos
13:8). Jesús y el Padre permanecen
como inmutablemente uno en esencia.
De
esta manera vemos como muchos versículos en la Biblia revelan que Jesucristo
posee todos los atributos del Dios eterno.
______________
Anotaciones
al Pie
1
Jesús, Una Defensa Bíblica de Su Deidad, Josh McDowell & Bart Larson,
Págs. 51-58.
| Inicio |