CAPITULO 7  

DIOS ES SUS ATRIBUTOS

 

Es imposible hacer una distinción entre Dios, Su esencia y Sus atributos.  “YO SOY EL QUE SOY” o “El que es” (Exodo 3:14) existe como un auto-existente (Rom. 1:23; 1 Tim. 6:16; Juan 5:26), eterno (Deut. 33:27), infinito (Salmo 139:7-10; Isa. 46:9-10; Jer. 32:27), inmutable (Sal. 102:25-27; Mal. 3:6; Stg. 1:17), Espíritu (Juan 4:24).  Si dejara de ser alguna de estas cosas, no podría ser Dios.  En otras palabras, la esencia de Dios (eso es, eso que lo hace ser lo que El es) no podría ser alguna otra cosa que lo que es; y eso que hace a Dios lo que es, por supuesto, son Sus atributos.  Por tanto, nunca es correcto pensar de Dios aparte de Su esencia o atributos.  En efecto, Dios no tiene una esencia; El es Su esencia, y no tiene atributos; El es Sus atributos.

 

Por ejemplo, la Biblia nos dice que Dios es amor (1 Juan 4:8,16).  Nos informa que el amor de Dios es grande (Efe. 2:4), eterno (Jer. 31:3; Efe. 1:4-5), infinito (Efe. 3:18-19) y confiable (Rom. 8:35-39).  Si el tema de la Biblia es la redención del hombre, entonces la palabra central de la Biblia es el amor.  En efecto, la Biblia nos dice que la motivación para el esquema de redención es el amor de Dios por Su creación.  ¿Cuánto amó Dios a Su creación?  La amó tanto que estaba deseando dar a Su Hijo unigénito de manera que pudiera ser redimida (Juan 3:16; 1 Juan 4:9).  Pero, ¿qué clase de amor haría tal cosa?  Para entender esto, debemos comprender que el amor de Dios por la humanidad es una clase de amor distintivo llamado ágape (pronunciado ah-gah-pay).  ¿Y qué es ágape?  Primariamente, ágape es bien hacia los demás.  Es un interés profundo, tierno y cálido por la felicidad y bienestar de los demás; es caridad hacia aquellos en necesidad.

 

Cuando la Biblia dice:  “Dios nos ama”, quiere decir que El realmente se preocupa por nosotros y siempre hace lo que es mejor para nosotros.  El amor de Dios es diferente de las otras clases de amor en que este busca dar y no recibir; busca no satisfacer alguna necesidad del amante, sino mas bien la necesidad del que es amado.  Esto es lo que Dios es, eso es, ¡esta es Su naturaleza!  Despoje a Dios de Su amor y no continuaremos teniendo al Dios que se ha revelado a Sí mismo a Sus criaturas.  Despójelo de Su amor y lo que queda es algo similar a los dioses de los paganos, que son ídolos para su propia destrucción (Oseas 8:4).

 

No obstante, lo que la Biblia no dice acerca de la esencia y naturaleza de Dios es exactamente tan importante como lo que dice.  Por ejemplo, aunque la Biblia enseña que Dios es Sus atributos y características, no enseña que algún atributo en particular de Dios es Dios.  En otras palabras, la Biblia no está diciendo, y nunca ha dicho que el “Amor es Dios”.  Al contrario, lo que la Biblia enseña es que “Dios es amor” (1 Juan 4:8,16).  Claramente, entonces, la Biblia nos instruye que Dios es Sus atributos y características.  Cualquiera que crea la Biblia, cree esto.  Consecuentemente, Dios es, ha sido, y siempre será quien y lo que El es en este preciso momento.

 

Dios es Trino

 

En el estado de ser Dios (Deut. 6:4; Rom. 3:30; 1 Cor. 8:4), hay tres personalidades claramente diferentes:  El Padre, el Hijo o Verbo y el Espíritu Santo.  Cada una de las personalidades comparte plenamente la una esencia, naturaleza o estado de ser Dios.  Todo lo envuelto en ser Deidad es poseído por cada una de estas personalidades.  En otras palabras, la Biblia enseña que hay uno, y solamente un Dios; pero esta al tiempo enseña claramente que el Padre es Dios (Juan 6:27; Gál. 1:1; Fil. 2:11), el Hijo es Dios (Juan 10:30; 20:28) y que el Espíritu Santo es Dios (Hch. 5:3-4).  Aún así, debe ser entendido que aunque la Biblia dice que Dios es tres personas en una esencia (Comp. Mat. 28:19; 2 Cor. 13:14), ella no enseña el “Triteísmo” (eso es, tres Dioses).  Como Roy Lanier, Sr. escribió en su libro, La Trinidad Eterna:  “No afirmamos que el un  Dios es tres Dioses; afirmamos que hay sino un Ser Espíritu infinito, pero dentro de esa una esencia Espíritu hay tres personas distintas, cada una de las cuales podría ser, y es, llamada Dios; cada una capaz de amar y ser amada por las otras; cada una teniendo una parte distinta a jugar, pero no separada, en la creación y salvación del hombre” (Pág. 46).

 

Pienso que es prudente advertir que, cuando se piensa de Dios, es posible usar “persona” o “personalidad” en un sentido incorrecto.  Si no somos precisos en nuestro pensamiento, podríamos concluir que las tres personas o personalidades que son Dios son simplemente como las personas o personalidades humanas, excepto que son mas complejas.  Esto sería un serio error.  Las personalidades humanas son completamente diferentes la una de la otra, y sus relaciones son a menudo discordantes y completamente externas (eso es, no participan de la misma esencia).  Por otro lado, las tres personalidades que son Dios participan de la una esencia y son siempre armoniosas.  En otras palabras, no debemos tratar de pensar de la personalidad divina dentro de los limites de la personalidad humana, como si Dios fuera sino una imagen mas compleja de la persona humana.  Hacerlo así sería idolatría, pura y simple (Comp. Rom. 1:23).  Consecuentemente, uno no debe presionar demasiado el concepto de personalidad cuando se aplica a Dios.

 

Dios En Tres Personas

 

¿Qué, entonces, estamos diciendo cuando hablamos de Dios en tres personas?  Como ya hemos indicado, la personalidad divina es el arquetipo de la personalidad humana; no es lo otro al contrario.  Si, por supuesto, esto es verdad, entonces debe haber algunas similitudes entre la personalidad divina y la personalidad humana.  En efecto, ¡las hay!  Como Pablo enseñó a los Atenienses:  “Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres” (Hch. 17:29).  En otras palabras, no somos sin vida, materia impersonal, y tampoco lo es Dios.  La Biblia enseña que Dios es Espíritu, y nosotros que somos Su linaje, tenemos una naturaleza espiritual.  La Biblia enseña que Dios es personal, y nosotros, que somos Su linaje, participamos de la personalidad.  En su excelente libro, Qué Dice la Biblia Acerca del Creador, Jack Cottrell señala cuatro elementos que son característicos de la personalidad:  (1) Conciencia racional, (2) conciencia de sí mismo, (3) libre albedrío, y (4) la capacidad de tener relaciones con las demás personas (Pág. 237).  Estas características son, en efecto, una parte muy intrincada del retrato que Dios pinta de Sí mismo en la Biblia, desde el principio hasta el fin.  Basado sólo en la Escritura, nadie dudará jamás de la personalidad de Dios.

 

Además, si el Espíritu autoexistente, eterno, infinito e inmutable tiene tres personalidades, y esto es lo que la Biblia enseña, entonces el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo participan de la personalidad.  Como tal, cada uno disfruta de conciencia racional, conciencia de sí mismo, libre albedrío, y la capacidad de tener relaciones con otras personas.  Esto significa que el Padre está consciente de Sí mismo como una persona individual aparte del Hijo y el Espíritu Santo y viceversa.  Significa que el Padre, de Su propia libre voluntad, decidió enviar a Su Hijo a este mundo para la redención de la humanidad.  Significa que el Hijo, de Su propia libre voluntad, respondió positivamente a la decisión de Su Padre cuando vino a esta tierra y experimentó la muerte de la humanidad caída.  Finalmente, significa que el Espíritu Santo, de Su propia voluntad, vino a esta tierra para hacer el mandato del Padre y el Hijo.  Y aunque debe ser entendido que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estuvieron y están todos comprometidos en la redención del hombre, no obstante, cada persona de la Deidad tuvo que obrar para hacer eso que era único solamente para El (Comp. 1 Pedro 1:1-2).  Cuando uno lee la Biblia, estas verdades son claras.  (Por claro, no quiero decir que pienso que es fácil para las criaturas finitas entender cómo esta triunidad está basada en la esencia divina.  Al contrario, por claro, simplemente quiero decir que la doctrina de la naturaleza trina de Dios está enseñada explícitamente en la Biblia).

La Trinidad  Económica y Ontológica

 

Los teólogos hablan de la “Trinidad económica” y la “Trinidad ontológica”.  Estas son construcciones que intentan definir a Dios.  La así llamada Trinidad económica se refiere a la “división de labor” que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y concierne en sí mismo principalmente con las diferentes obras hechas por las tres personas de la Deidad en relación al esquema de redención.  Por ejemplo, la Biblia describe a Dios el Padre como previendo y escogiendo el plan por medio del cual el hombre podría ser redimido (Comp. Rom. 8:29).  En Su papel o trabajo, el Padre nunca es pintado como siendo el enviado.  Al contrario, el Padre envía al Hijo y al Espíritu Santo (Juan 5:37; 14:26; 20:21).  A su vez, el Espíritu Santo está comprometido en la obra de santificación (1 Ped. 1:1-2) y también es el agente de la inspiración (Juan 16:13; 2 Ped. 1:21).  En esta conexión, es interesante notar que es solamente la blasfemia contra el Espíritu Santo, y no contra el Padre y el Hijo, la que es imperdonable (Mat. 12:31-32).  (Ciertamente, uno puede ver de esto que las tres personas de la Deidad son verdaderamente distintas).  Por supuesto, es la obra de Jesús, el Hijo de Dios, la que recibe mayor atención en el Nuevo Testamento.  Esto es porque es El quien “fue hecho carne, y habitó entre nosotros ...” (Juan 1:14).  Fue solamente el Hijo quien experimentó la muerte por nosotros.  Fue solamente el Hijo quien fue resucitado de los muertos, tomado físicamente al cielo, y sentado a la diestra de Dios.  Es solamente el Hijo quien es el Sumo Sacerdote y Mediador entre Dios y el hombre (1 Tim. 2:5; Heb. 4:14).

 

Por tanto, la Biblia enseña que, cuando se llega al esquema de redención, hay obras hechas por el Padre que no son hechas por el Hijo o el Espíritu; hay obras hechas por el Hijo que no son hechas por el Padre o el Espíritu; y hay obras hechas por el Espíritu que no son hechas por el Padre o el Hijo.  Esta es la división basada en la Biblia de la labor o Trinidad Económica que derrama alguna luz sobre la así llamada Trinidad ontológica (eso es, cómo las tres personas de la Deidad están relacionadas dentro de su propio ser, totalmente aparte de cualquiera de las manifestaciones u obras dirigidas afuera por sí mismos).  Discernir una triunidad en la manifestación y obras externas de Dios no es demasiado andar, pero cuando uno gira su atención a la Trinidad ontológica, las cosas empiezan a volverse mucho mas difíciles.  Por ejemplo, ¿las apelaciones del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son distinciones eternas dentro de la Trinidad o son derivadas de las varias obras de Dios en el esquema de redención?  Alexander Campbell, por ejemplo, enseñó que Jesucristo pre-existió como el Logos Divino o Verbo de Dios (Comp. Juan 1:1)., pero que Su condición de Hijo empezó con la encarnación.  Acorde a Campbell, la entera “relación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo empezó a ser” durante los días de Augusto César (The  Christian Sistem, Pág. 9-10).  Personalmente, no estoy seguro que la eterna condición de Hijo de Cristo sea Bíblica, y además, realmente no veo cuál es la diferencia.  Hay varias referencias explícitas a la Deidad de Cristo en la Biblia; consecuentemente, Su Deidad o igualdad con Dios no depende en una relación eterna de la condición de Hijo.

 

Entonces, ¿cómo explicar la Trinidad ontológica?  Personalmente, no pienso que podamos con algún grado de especificación.  Cuando tratamos, parecemos fallar, y fallamos miserablemente.  Además, muchos intentos por explicar o describir la Trinidad ontológica (eso es, tres en Uno) ciertamente se inclina hacia la idolatría (Comp. Rom. 1:22-23).  Debemos recordar siempre que Dios no es hombre; por tanto, El finalmente no puede ser explicado o entendido por medio de tratar compararlo con las criaturas finitas.  Y aunque es absolutamente imposible para tres criaturas finitas consistir de la misma esencia, no obstante, Dios, quien es tres personas Divinas, y Quien es identificado en la economía de la redención como el Padre, el Hijo y el Espíritu, es también, y al mismo tiempo, un Ser Espíritu autoexistente, eterno, infinito, inmutable.  No puede haber duda de que la doctrina Bíblica de la Trinidad trasciende los límites de nuestro conocimiento finito.  Por la razón sola, sin ayuda de la revelación divina, no podemos resolver la Trinidad ontológica.  Pero, por concentrarse en la Trinidad económica revelada a nosotros en la Biblia, podemos saber lo que el Dios Trino quiere que sepamos  acerca de Sí mismo.  Consecuentemente, estoy de acuerdo con el profesor B.B. Warfield, quien concluyó:  “Cuando hemos dicho estas tres cosas, entonces — que hay sino un Dios, que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo es cada uno Dios, que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo es cada uno una persona distinta — hemos enunciado la doctrina de la Trinidad en su entereza” (“La Doctrina Bíblica de la Trinidad”, en B.B. Warfield, ed., Estudios Bíblicos y Teológicos, Pág. 22-59).

 

La mitología está llena de numerosas tríadas, pero hay sino un sólo Dios Triuno.  Y si no hubiera sido por el esquema de redención sabríamos muy poco de Su triunidad.  En efecto, aunque hay alusiones en el Antiguo Testamento de que la Deidad consiste de mas de una persona  (véase el artículo de Maurice Barnett, “Diversidad de Funciones En la Deidad”, en Gospel Anchor, January 1991), si la Escritura no hubiera descrito a Jesús de Nazaret como Dios encarnado y al Espíritu Santo como Deidad, la cuestión de la Trinidad nunca habría surgido.  Esto significa que Jesucristo y el Espíritu Santo son prueba fundamental de la doctrina de la Trinidad.  Esto quiere decir que si el Jesús preexistente (eso es, el Verbo o Logos Divino de Juan 1:1) ciertamente se despojó a Sí mismo de Su Deidad o Divinidad, de manera que la “plenitud de la Deidad” no moraba en Su cuerpo terrenal, como algunos corrientemente están enseñando, entonces el Dios Trino, quien se ha identificado a Sí mismo como un Espíritu autoexistente, eterno, infinito, inmutable, dejó de existir como había existido, al menos por un período de tiempo.  Por tanto, uno puede ver fácilmente que la popular controversia sobre la Deidad de Cristo no es una cuestión de una “tempestad en un vaso de agua”; sino que es, en lugar de eso, una cuestión que golpea el mismo corazón del evangelio.  En el espacio que queda planeo señalar la verdad Bíblica de que nunca hubo un tiempo cuando el Logos Divino no era Dios con “D” mayúscula.

 

“Jesucristo Es El Mismo Ayer, y Hoy, y Por Los Siglos”

 

Jesús es Dios.  Este es el significado básico de la encarnación.  En Juan 1:1, el Espíritu Santo enseña que el Verbo (eso es, el Logos) no solamente estaba en el principio con Dios, sino que el Verbo era Dios.  En los versículos 14-34, aprendemos que el Logos se hizo carne en la persona de Jesús de Nazaret.  Y en un libro escrito de manera que los hombres creyeran que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo pudieran tener vida en Su nombre, Tomás, hablando de Jesús, exclamó, después de verlo en Su cuerpo resucitado, “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).  Por supuesto, hay otros pasajes que hablan directamente de Jesús como Dios, pero en vista de que todos ellos son refutados por algunos, no los he mencionado.  No obstante, los pasajes citados sirven para demostrar a aquellos que están deseando creer la Biblia, que Jesús, en efecto, es Dios.

 

Además, el escritor de Hebreos, diciéndonos que Dios había profetizado acerca de Jesús, escribe:  “Mas del Hijo dice:  Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Heb. 1:8).  También, El claramente identifica a Jesús como el Jehová y Elohim del Salmo 102:25-27, quien existía eternamente antes de que creara los cielos y la tierra (Heb. 1:10) y quien permanece eternamente él mismo (Heb. 1:11-12), y por tanto, en la persona de Jesucristo es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8).  Ver en Hebreos 13:8 solamente una referencia a la fidelidad de Jesús, y no una referencia a Su inmutabilidad, es, pienso, un serio error.  En efecto, la fidelidad de Jesucristo está basada en Su inmutabilidad.  En otras palabras, porque El no cambia ontológicamente (eso es, porque siempre ha sido la plenitud de Dios que es en este mismo momento), ha sido, es, y siempre será, completa y totalmente confiable.  Es solamente en este sentido que Jesús pudo identificarse a Sí mismo como el “YO SOY EL QUE SOY” o “El que es” de Exodo 3:14 (Comp. Juan 8:58).  Cuando Jesús dijo:  “De cierto, de cierto os digo:  Antes que Abraham fuese, YO SOY”, usó el tiempo aorista para describir la existencia de Abraham y el eterno tiempo presente para describir Su propia existencia, y con eso identificarse a Sí mismo como el Dios autoexistente, eterno, infinito, inmutable con una “D” mayúscula.  Bien ha sido dicho:  “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.  Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmo 90:1-2).

 

Tan difícil como pudiera ser para las criaturas finitas aún empezar a comprender, cuando el Logos Divino, o Hijo de Dios, se hizo carne (Juan 1:14), o, como la  Biblia dice en otra parte, vino en condición de hombre (Fil. 2:8), o fue manifestado en carne (1 Tim. 3:15), El no se despojó o renunció  a Su Deidad.  Dentro del hombre Jesús de Nazaret moraba  y continúa morando (porque tal es el significado del tiempo presente), toda la plenitud de la Deidad corporalmente (Colosenses 2:9).  En efecto, desde un punto de vista Bíblico, el Jesús histórico nunca es entendido separado de Su encarnación como el Dios autoexistente, eterno, infinito, inmutable en tiempo y espacio.  Y si fuera verdad que Dios se despojó de Su Deidad aún continuaría existiendo, pero no continuaría siendo lo que había sido y, por tanto, no podría llamarse a Sí mismo “YO SOY EL QUE SOY”.

 

[Gospel Anchor, Vol. 18, Pág. 103, Allan Turner].

 

Inicio